J. V. nunca hubiera imaginado el uso que iba a dar a su piso la señorita a quien se lo alquiló: «Pronto me llegaron noticias de los vecinos sobre ruidos de tacones, fiestas nocturnas y llamadas a timbres a altas horas. Se trataba de prostitución. Luego me enteré de que realquilaba las habitaciones a otras chicas. En julio dejé de cobrar. La semana pasada dictaron la orden de desahucio, pero aún pasarán dos meses hasta que recupere el piso».

Éste es sólo un ejemplo del quebradero de cabeza que puede suponer alquilar un piso. Y es que la crisis se ha convertido en el peor enemigo tanto de los propietarios que alquilan sus inmuebles como de los inquilinos. No en vano, cada vez son más los que dejan de pagar sus mensualidades por falta de ingresos. Esto supone el inicio de un costoso proceso para el propietario que arranca con la demanda de desahucio.

En este sentido, fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat (TSJCV) han informado a 20 minutos que, hasta octubre de este año, se han presentado 1.707 peticiones de desalojos y que prevén cerrar 2009 con 2.048, es decir, 5,6 al día. Del total, en 569 de las denuncias el propietario exige el desahucio y el pago de las mensualidades que se le adeudan. El resto se conforma con el desalojo. Estas cifras suponen un incremento del 3,09% con respecto al año pasado y del 21% con respecto a 2007.

Aunque el TSJCV asegura que desde que se pone la demanda hasta que se produce la sentencia pueden pasar de uno a cuatro meses, este plazo puede alargarse si el inquilino no coopera.

Así, según varios abogados consultados, algunos suelen usar triquiñuelas como no contestar las notificaciones, no abrir la puerta o, si lo hacen, decir que el requerido ya no vive en el piso. Otros, por venganza, se fugan con las llaves y hasta que se les encuentra, el propietario no puede entrar.

En estos caso, pueden llegar a estar más de un año de gorra hasta que se ejecuta el desahucio.

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