Los Obama hablan en una entrevista de los altibajos vividos en 17 años de matrimonio

  • Nunca había pasado tanto tiempo juntos desde 1996.
  • Ahora procuran desayunar con sus hijas y hacer ejercicio juntos.
  • Michelle Obama dice que su marido le hace sentirse "completa".
La familia Obama, según el objetivo de Leibovitz.
La familia Obama, según el objetivo de Leibovitz.
Annie Leibovitz

La primera dama de EEUU, Michelle Obama, reconoce que todo el mundo "sufre altibajos" en su matrimonio, al pasar revista a su vida en común con su marido, el presidente Barack Obama.

En una entrevista conjunta que publica el diario The New York Times en su suplemento dominical y que ha comenzado a divulgarse hoy, Michelle reconoce que "ésta es la primera vez en mucho tiempo en nuestro matrimonio que hemos vivido siete días a la semana bajo el mismo techo con el mismo horario y los mismos ritos".

Eso, indica, le ha representado "más alivio de lo que me hubiera podido imaginar nunca". La pareja presidencial no había vivido bajo el mismo techo de manera continua desde 1996, cuando Obama ganó las elecciones a senador estatal en Illinois dos años antes de que naciera su hija mayor, Malia.

"Temí que Michelle fuera infeliz"

Después de esas elecciones, Obama, como senador de Illinois, tuvo que trasladarse a vivir a Springfield, la capital del estado, luego vinieron más campañas electorales que le obligaron a recorrer el país y, por fín, en el 2004, una mudanza parcial, también en solitario, para ocupar su escaño en el Senado en Washington.

Según reconocen abiertamente, aquellos fueron "tiempos duros" en su vida en común y aunque el presidente indica que "en ningún momento temí por nuestro matrimonio", sí "hubo momentos en los que temí que Michelle fuera infeliz".

"Los altibajos le pasan a todo el mundo" en un matrimonio, afirma por su parte la primera dama, que en esa época debió compaginar su trabajo como responsable de administración de un hospital universitario en Chicago con la crianza de dos niñas pequeñas mientras su marido pasaba la mayor parte del tiempo lejos. Ahora la pareja pasa más tiempo junta que casi en cualquier otro momento de sus 17 años de matrimonio.

Pasan mucho tiempo juntos

La mayor parte de los días desayunan con sus hijas, Malia y Sasha, antes de que éstas se marchen a la escuela, hacen ejercicio juntos y no comienzan sus programas públicos hasta las nueve o las diez de la mañana, una hora tardía en un país madrugador. Hace poco concluyeron la decoración del área residencial de la Casa Blanca, una tarea en la que ambos colaboraron.

Funcionan como un equipo y se esfuerzan en que su matrimonio funcione. Antes de llegar a la Casa Blanca, el presidente prometió a Michelle que continuaría su tradición de salir a cenar en pareja y ha intentado cumplirla.

De hecho, una de estas salidas causó una cierta polémica en los medios cuando el presidente y su esposa volaron a Nueva York para asistir a un musical e ir de cena, y se les criticó que usaran el avión oficial para ello.

Más entrevistas íntimas

"Si no fuera presidente, me encantaría tomar un vuelo comercial con mi esposa para llevarla a una representación en Broadway, como le prometí durante la campaña, y no habría jaleo, ni murmuraciones, ni fotógrafos. Eso me encantaría", explica Obama.

El presidente asegura que "lo que más valoro de mi matrimonio es que está separado y aparte de todas las tonterías de Washington, y Michelle no forma parte de esas tonterías". En una entrevista concedida a la revista de moda Glamour, Michelle Obama asegura que la relación con su esposo le hace sentirse "completa".

"Está bien ser guapo, pero la belleza sólo dura un tiempo y lo que importa entonces es ¿quién eres como persona? No hay que mirar a la cuenta bancaria, o el título que uno tenga". A la hora de elegir pareja, "hay que mirar al corazón. Hay que mirar al alma", sostiene la primera dama.

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