Una cesta de producción ecológica
Una cesta de producción ecológica. ARCHIVO

Mayte está convencida de que "somos lo que comemos" y por eso esta mujer de 38 años y madre de una niña de 6 se sumó hace unos meses a la iniciativa de varios vecinos de El Boalo, en la sierra madrileña, de fundar una cooperativa de consumo "ecológico y responsable" que le sirve para conocer de donde vienen los alimentos que come. La cooperativa se llama 'Los espigadores' y ya le compra verdura a un agricultor local, carne a una granja con certificación bio y productos de limpieza y cosmética naturales a una artesana.

Las personas consumen ecológico por salud y conciencia ambiental Mayte decidió "pasarse" al consumo ecológico porque cree que al no tener pesticidas  "estos alimentos son más saludables" y porque así pone "su granito de arena en pro del medioambiente".

La agricultura ecológica cumple 30 años de vida en España aumentando la fertilidad de la tierra de forma natural, escogiendo semillas autóctonas y manteniendo la biodiversidad del entorno. En treinta años, la superficie agraria dedicada al cultivo ecológico ha pasado de cero a 1.300.000 hectáreas, sobre todo en Andalucía, Murcia y Extremadura, alcanzando un 4% del total y se ha convertido en la apuesta de 900.000 agricultores. Sin embargo, la cuota del mercado de alimentación del cultivo ecológico es mínima, pues no alcanza el 1%, aunque en los últimos cinco años está ganando adeptos como Mayte de forma exponencial.

De la huerta a casa

La realidad es que comer 'bio' sale más caro que comer productos convencionales. Por ejemplo, el aceite cuesta un euro más el litro si la almazara funciona de forma ecológica. Pero Victor Gonzálvez, presidente de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica, prefiere decir que los alimentos convencionales salen demasiado baratos "ya que el impacto que tienen en el medio ambiente no lo llevan incluido en el precio".

Precisamente para abaratar los costes de los alimentos ecológicos surgen las cooperativas de consumo. Hay decenas de ellas, principalmente, establecidas en las ciudades y un ejemplo sería Germinal, la primera creada en Barcelona. El truco de las cooperativas es que ponen en contacto al consumidor con el productor, eliminan al intermediario y disminuyen el coste de la distribución.

Las cooperativas ponen en contacto directo al consumidor con el productor y consiguen abaratar costesLa vía de distribución principal a nivel estatal son las tiendas minoristas como La Ortiga en Sevilla. En sus estantes asoman productos locales, pero también otros más lejanos "de empresas socialmente responsables" y que como ellos apuestan por los alimentos de temporada. "Nunca compramos tomate de invernadero, por mucho sello ecológico que tenga", defienden.

El comercio minorista de productos ecológicos es un sector en expansión en España, pues la presencia de alimentos ecológicos en supermercados e hipermercados "es aún testimonial". Lo bueno, además, es que la crisis no les está afectando demasiado, aseguran en La Ortiga, porque la fidelidad del consumidor de ecológico es muy alta: "Si alguien valora su alimentación tanto, ahorrará en otros productos".

Exportaciones a Europa

Muchos de los propietarios de tiendas ecológicas visitarán esta semana (5-8 de noviembre) la feria más importante del sector, Biocultura, que celebra en Madrid su 25 aniversario. En el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo se darán cita 1.500 productores y distribuidores, mayoristas en general, especializados en un sector respetuoso con la vida natural y el medioambiente.

En Biocultura estará Calvalls, la empresa catalana de producción hortofrutícola en fresco y en zumos, conservas y mermeladas que posee la primera certificación ecológica emitida en España. Rubén Valls explica que fue su padre en 1979 quien decidió reconvertir la explotación familiar a ecológico, después de sufrir alergias a los pesticidas que usaba, mirando de reojo cómo se estaba haciendo en Francia y cesando paulatinamente de abonar quimicamente.

El producto ecológico está maduro, pero el mercado en España todavía no lo está "El mercado no ha dejado de crecer", dice Rubén Valls, "pero partimos de unos volúmenes demasiado pequeños", lamenta. Calvalls da trabajo a 30 personas y concentran su distribución, mayoritariamente, en Cataluña. "Pensamos que es más ecológico. No vamos a dejar de usar pesticidas para luego contaminar con el transporte", defiende Valls.

Pero, si el consumo es tan minoritario en España ¿qué ocurre con la producción? Victor Gonzálvez responde: "Se exporta, no queda otra". Y es que el 80% de la cosecha ecológica se consume en hogares alemane, ingleses y suizos, porque como dice Gonzálvez "nuestro producto ecológico está maduro, pero el mercado en España todavía no".