La queja, presentada por un grupo de senadores conservadores, es un obstáculo clave para la completa ratificación del tratado en la República Checa.

El caso judicial es seguido de cerca en las capitales de la UE porque la República Checa es el único país de los Veintisiete que aún no ha ratificado el documento, destinado a modernizar la toma de decisiones en el bloque y dar un papel mayor en la escena internacional.

El Tratado de Lisboa pretende dar al bloque de casi 500 millones de personas una mayor participación en el escenario mundial al simplificar la toma de decisiones y crear el puesto de un presidente durante un período más largo que hable en nombre de la Unión.

La demanda contra el tratado fue presentada por un grupo de senadores checos leales al euroescéptico presidente, Václav Klaus, que ven el tratado como una violación de la soberanía checa.