Radares de tramo
Uno de los 'radares de tramo' que se instalarán a partir del próximo año 2010. AUTOSCOUT24

La Dirección General de Tráfico (DGT) tiene previsto comenzar a sancionar a primeros del año próximo a los conductores que sean detectados a más velocidad de la permitida en los denominados 'radares de tramo', unos sistemas que permiten medir la velocidad media de un vehículo en un determinado tramo de la vía.

Con el nuevo sistema de nada servirá cambiarse de carril o frenar antes de la cámara Tráfico ha asegurado que hará públicas en su momento la fecha y la ubicación de los tramos afectados por los nuevos controles de velocidad, que estarán situados en primer lugar en los túneles más peligrosos.

Estos dispositivos, homologados por el Centro Español de Metrología y que ya funcionan en pruebas, constan de dos cámaras instaladas al comienzo y al final del tramo a vigilar -de entre tres a cinco kilómetros de longitud- y son capaces de registrar con gran precisión tanto la matrícula como la hora exacta de paso del vehículo.

Por una sencilla regla de tres, el sistema calcula la velocidad media mantenida por el vehículo en cuestión y, si es superior a la fijada en el tramo, realiza una fotografía del infractor y la remite por fibra óptica al centro de gestión de multas de tráfico.

No podrán ser neutralizados

De nada servirá cambiarse de carril, ya que todas los sensores estarán interconectados y funcionarán de día y de noche gracias a una iluminación por láser invisible al ojo humano. Tampoco valdrá para nada frenar justo antes de la cámara instalada al final del tramo controlado, ya que el dispositivo calcula la velocidad media y si somos sancionados significará que en algunos momentos hemos superado con creces la velocidad máxima permitida.

Los nuevos radares de tramo estarán indicados con la misma señalización que los radares fijos, contarán con sistema de vigilancia para evitar actos vandálicos y no podrán ser neutralizados por los aparatos ilegales antirradar.

Los primeros dispositivos de este tipo comenzaron a funcionar de forma experimental y sin efectos sancionadores en las autovías A-2 y A-3 en las inmediaciones de Madrid, y en esta segunda fase se instalarán en los túneles más peligrosos, empezando por uno de los túneles de Guadarrama en la AP-6, entre Madrid y Segovia.