El suicida detonó los explosivos que llevaba atados a su cuerpo cuando los efectivos de seguridad lo detuvieron en un puesto de control en las afueras del Complejo Aeronaútico de Pakistán en Kamra, unos 75 kilómetros al noroeste de la capital, Islamabad.

'Dos de nuestros efectivos de seguridad y cuatro civiles murieron', dijo a Reuters un responsable de la Fuerza Aérea de Pakistán. Cuatro personas resultaron heridas, agregó.

El ataque se produjo un día después de que un general de brigada del Ejército y su chófer murieran en un tiroteo en Islamabad, mientras que al menos seis personas, incluidos dos suicidas, murieron el martes en dos ataques en un edificio de la Universidad Islámica en la capital.

Los talibanes han incrementado sus ataques contra objetivos urbanos después de que el ejército paquistaní comenzara una importante ofensiva contra los insurgentes en sus bastiones de Waziristán del Sur, cerca de la frontera con Afganistán.

Los analistas han alertado sobre la posibilidad de más ataques a medida que los milicianos se vean obligados a abandonar sus posiciones, como una estrategia para que el derramamiento de sangre y la perturbación hagan que el Gobierno y la gente común pierdan el deseo de avanzar con la ofensiva.

El territorio remoto y escarpado de Waziristán del Sur, con sus montañas rocosas y bosques irregulares cortados por cañadas secas y desfiladeros, es un centro de acción para los extremistas que se desplazan entre Pakistán y Afganistán.

Unos 28.000 soldados se enfrentan a alrededor de 10.000 talibanes, entre ellos unos 1.000 curtidos combatientes uzbekos y algunos miembros árabes de Al Qaeda.

Más de 100.000 civiles han huido de la región, según Naciones Unidas.