Un hombre acusado de maltratar a su esposa durante los 50 años de matrimonio ha aceptado ocho años y siete meses de cárcel por delitos de homicidio frustrado, malos tratos y amenazas, por lo que el juicio no ha llegado a celebrarse.

La víctima nunca lo denunció "por vergüenza, por miedo a represalias y por la dependencia psicológica que le unía a é

El acusado C.B.C., ahora de 82 años, ha reconocido haber sometido a su esposa a vejaciones, amenazas, puñetazos, guantazos y patadas en el vientre en sus 50 años de matrimonio, en el que tuvieron seis hijos.

El procesado ha aceptado en la Sección Cuarta de la Audiencia de Sevilla seis años de cárcel por homicidio frustrado, un año y diez meses por maltrato habitual y nueve meses por un delito de amenazas, lo que hace ocho años y siete meses de cárcel, pena inferior a los 12 años y cinco meses que solicitó inicialmente el fiscal.

Siempre le "suplicaba" volver

La mujer nunca pidió asistencia médica y en las ocasiones en que era amenazada de muerte se refugiaba en casa de sus hijas, pero siempre reanudaba la convivencia con el acusado "debido a sus súplicas", según el fiscal.

En 2008, el acusado intentó matarla con un cuchillo de 22 centímetros

En un escrito de acusación, el fiscal sostuvo que la víctima D.R.R. nunca denunció su situación "por vergüenza, por miedo a represalias, por la dependencia psicológica que le unía a él y por querer cuidarle de las enfermedades que padecía".

Esta situación culminó sobre las 21.30 h del 13 de enero de 2008 en el domicilio del matrimonio en Sevilla, cuando el acusado tomó un cuchillo de 22 centímetros y se dirigió al dormitorio donde se encontraba su esposa.

Allí "con la manifiesta intención de acabar con su vida" intentó clavarle el cuchillo con una mano, mientras con la otra trataba de asfixiarla.

La mujer intentó arrebatarle el arma agarrando la hoja con sus propias manos, pero el procesado, lejos de desistir, continuó golpeándole y ambos llegaron a caer al suelo.

La víctima fue rescatada por unos vecinos, alertados por los gritos de auxilio, que derribaron la puerta de entrada a la vivienda y se encontraron al procesado sentado sobre su mujer, que estaba tirada en el suelo, e intentando acuchillarla.

La mujer sufrió numerosas contusiones y requirió una intervención quirúrgica para reconstrucción de los tendones, heridas de las que tardó en curar 45 días.

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