A pesar de que continuaba la misión de rescate en la ciudad portuaria de 900.000 habitantes y en los cerros cercanos arrasados por corrimientos de terreno para ayudar a miles de desplazados, la escala del desastre, fuertes lluvias y daños en los caminos obstaculizaba la llegada de asistencia hasta los supervivientes.

La cifra oficial de muertos por el seísmo en Indonesia es de 704 personas, y además hay 295 desaparecidos, pero el ministro de Salud precisó que el número podría llegar a 3.000.

Hubo un breve momento de esperanza cuando unos trabajadores indicaron haber oído a una mujer que lloraba pidiendo ayuda bajo los escombros del hotel colonial holandés Ambacang, ubicado en el centro de la ciudad y que se hundió.

Más tarde un mando indonesio en el lugar dijo que un equipo de rescate australiano había revisado el sitio sin obtener resultados y que se reanudaron los trabajos para demoler lo que quedó del conocido edificio.

'He visto noticias en la televisión de cajas apilándose en el aeropuerto que no estarían llegando a las víctimas', dijo Gamawan Fauzi, gobernador de Sumatra Occidental. 'Eso no es justo. Esos son los elementos secundarios, no los prioritarios como agua y comida'.

Desde el terremoto, residentes han indicado a corresponsales de Reuters que en varias áreas ha llegado muy poca asistencia o nada.

'Es difícil conseguir agua porque está contaminada', dijo Agus, residente en el área de Padang Alai en los cerros de las afueras de la ciudad. 'No hay electricidad y es difícil para nosotros conseguir comida y medicina'.

El canal de televisión Metro TV mostró a supervivientes que registraban cajas de asistencia lanzadas por helicópteros en busca de comida. Helicópteros de la Cruz Roja también estaban trasladando personal médico a algunas áreas remotas.