El reparto de 'El pez gordo'
Los tres comerciales de 'El pez gordo', preparados para lo que venga. Jorge París

A sus más de 50 años, Phil se replantea sus objetivos vitales. No como Larry, un comercial agresivo. Ni como Bob, un novato que antepone la religión a todo. Helio Pedregal, Toni Cantó y Bernabé Rico, como sus personajes, comparten curro en El pez gordo.

Es la primera vez que trabajan a las órdenes de Juan Carlos Rubio...

Helio Pedregal (P.): ... A las sugerencias de Rubio.

Bernabé Rico (R.): Te las pinta tan bonitas que las tomas como si fueran idea tuya.

Toni Cantó (C.): Tiene un sentido común apabullante. Y ése es uno de los valores más grandes en el teatro. Es autor también y ha respetado al autor, que es lo que se debe hacer.

R.: Y actor, que a la hora de tratarnos a nosotros se nota muchísimo. [Con los directores] No suele haber punto medio: o es el que denosta al actor o es el estilo Juan Carlos, que se pone en tu piel.

María Barranco nos dijo el otro día que a algunos directores les encantaría trabajar con dibujos animados.

P.: ¡A casi todos! (risas). Yo he oído a muchos, algunos muy populares, decir que el día que haya replicantes que funcionen sólo con órdenes...

C.: [Quieren] conseguir que lo que salga en el escenario sea cien por cien lo que ellos hagan. Y suele ocurrir que ese cien por cien está muerto. El excesivo control en el arte lleva a la muerte.

<p>Los actores de El Pez Gordo</p>¿Qué referencias tenían los unos de los otros antes de coincidir en El pez gordo?

P.: Malísimas (risas).

C.: Con Helio había trabajado en La gata sobre el tejado de zinc caliente y fue un gustazo, tenía ganas de repetir. Con Bernabé, desde que nos pusimos en contacto hubo muy buena comunicación.

P.: Los actores elegidos son los tres tipos perfectos de actor para hacer ese personaje. Eso pasa muy pocas veces en el teatro.

R.: Yo les había visto en teatro a los dos y me encantó su forma de trabajar.

Y desde que trabajan juntos, ¿qué se han aportado?

C.: A mí, Bernabé, como productor, me ha aportado dinero...

R.: ¡Ha dicho como actor! (risas).

C.: Su capacidad de pelea para conseguir algo, lo que ha puesto para que este proyecto siga adelante. Helio me ha aportado sabiduría y paz, quietud, que también es muy importante.

P.: Una función como esta requiere un compromiso total, una hora y media de concentración absoluta. Cuando tienes enfrente dos actores que participan de esa idea, es un lujo. A lo largo de los muchos años que llevo haciendo teatro, con cierta frecuencia me han dejado tirado por ahí, “arréglate como puedas, yo voy a lo mío”.

R.: Las tablas de Helio y de Toni se transmiten como la gripe A. Simplemente no tienes que ser un tarugo para, como una esponja, chupar un poquito de todo eso.

¿A cuál de los tres personajes de El pez gordo se parecen ustedes más?

R.: A Larry. Por lo pragmático e íntegro que es. Prefiero que no haga falta decirle a una persona que la quiero, porque lo note por mis hechos, a estar toda la vida diciéndole “te quiero” y que sea como el refrán, que te quiero perrito pero pan poquito.

C.: Yo también me acerco más a Larry, por la fuerza que tiene, la capacidad de venta, la manera de ver determinadas cosas. Pero los años de profesión y en la vida que llevo ya hacen que de vez en cuando me asome al Phil (risas).

P.: Yo disfruto mucho con el personaje que me toca, porque le pasan cosas que estoy empezando a oler en la vida real. Me produce una enorme curiosidad. También algún susto. Hay algo de las personas cuando llegan a una determinada edad que han visto que las cosas cada vez son más difíciles. Yo como actor tengo esa sensación. También disfruto enormemente viendo la discusión entre ellos dos, siempre he sido muy polemista; lo disfruto mucho más que el personaje.

“Estamos aquí para vender lubricantes industriales, no para salvar almas”, dice Larry. ¿Se puede pasar por encima de todo para triunfar laboralmente?

C.: Es uno de los temas interesantes que se plantea la función. Yo me he visto en muchas ocasiones en esa diatriba, en decir “acabo de hacerle la pelota a un tío que me caía como el culo porque está en disposición de darme trabajo” o “me he dejado hacer una entrevista” –no es el caso- “por un medio o en un lugar en el que no hubiese querido estar”. Lo importante es que te des cuenta de ello. Luego está la pelea de cada uno de ver dónde está ese límite. Una cosa es ser un poco dúctil y otra caer en talibanizarte y convertirte en un monje.

R.: Se plantea en la obra. Cuándo uno deja de ser fiel a uno mismo. Hay una línea muy fina a partir de la cual uno se empieza a sentir mal. La clave está en darse cuenta.

Asegura también Rubio que el espectador podrá encontrar respuesta ante algunos planteamientos existenciales.

P.: El teatro se inventó para eso. Lo que nosotros no ofrecemos son soluciones, sería un error muy serio por nuestra parte dar lección. Proponemos una reflexión bastante jugosa sobre algunos temas que nos importan a todos.

C.: El teatro ante todo ofrece preguntas. Hay alguna gente que se pone a la altura de Bob y cree que el teatro va a dar soluciones, a salvar el mundo, a crear una catarsis inmediata entre el público. Caen en un punto de ingenuidad, de supervalorarse.

P.: Y es muy irritante, cuando vas al teatro como espectador, que te expliquen la vida. Yo no puedo con ello.

C.: Te están tratando como a un imbécil y se están poniendo por encima de ti.

P.: Y es muy frecuente, ¿eh?

Mucha gente conoce la historia de El pez gordo por la versión cinematográfica. ¿Han tomado ustedes algo de los trabajos de Spacey, De Vitto y Facinelli?

P.: A mí Spacey y De Vitto me fascinan, me parecen dos actores impresionantes. Por eso preferí no ver la película, estaba convencido de que De Vitto me iba a obligar. Sin embargo, después de terminar el trabajo intenté verla. La interpretación que hacen del texto me ha sorprendido malamente (sonríe). A los diez minutos tuve que dejarla porque no entendía la propuesta.

*La obra se representa en el Teatro Arenal de Madrid, Mayor, 6.  De M a V, 21 h; S, 20 y 22 h; D, 20 h. De 11 a 22 euros. www.entradas.com