Nati Abascal
Nati Abascal posa en un acto promocional de una cadena textil. 20 minutos

De todas las invitadas, es la que lleva la pamela más fastuosa - un ala ancha sobre la que se desbocan flores y plumas-, los peep toes más luminosos y guantes a pesar del calor. Acentúa los pómulos y camina muy erguida mientras se abre paso a través de un mar de volantes y complementos de Carolina Herrera, bellos tocados de Philippe Tracy o vestidos de Ladrón de Guevara. Ella, tras de sí, va dejando una firme estela escarlata que huele a alta costura, a Dior.

<p>Nati Abascal en ¡Hola!</p>Luego, a las puertas de la iglesia madrileña donde está previsto que se celebre ese día la boda de Myriam G. Yébenes -hija de la prestigiosa esteticista Maribel Yébenes-, Abascal adelantará una de sus piernas, alzará la barbilla, cimbreará la espalda, abrirá mucho los ojos y los fijará en algún punto a su derecha, en el infinito. Será una de las imágenes que se publiquen el miércoles siguiente en las revistas del corazón. A su lado habrán posado otras asistentes al evento, la mayoría de carrillos turgentes, bisturí por medio. Todas quedarán eclipsadas, de un flashazo, por la belleza casi de cera, pulida y un tanto forzada de Abascal. Es la única que contará después en el ¡Hola! con una foto individual. En el pie se aludirá a su extremada sofisticación.

Top model… y chica Woody Allen

El mundo de la moda siempre ha rodeado a esta sevillana, que presume de ponerse todavía, a los 66 años de edad, el vestido que Óscar de la Renta le regaló hace cuatro décadas y con el que entonces levantaba pasiones en la sala Studio 54 de Nueva York.

Su primer contacto serio con el modelaje fue cuando tenía 18 años: el modisto Elio Berhanyer la escogió, junto a su hermana gemela, Ana María, para presentar una de sus colecciones en la Gran Manzana. Aquello no fue más que el punto de partida de una carrera que la llevaría a convertirse poco después en musa de Valentino, portada de la revista Harper's Bazaar, imagen de Cartier y Bulgari, maniquí de Revillon y Maximilliam, modelo de Salvador Dalí, cotizado topless de Playboy, actriz secundaria en un filme de Woody Allen (Bananas) y reina indiscutible de la haute couture.

<p>Nati Abascal en Bazaar</p>En 1970, y en pleno auge laboral, se casó con el escocés Murray Livingston Smith, del que se divorciaría cinco años mas tarde. No fue su única conquista: en 1977 pasó por la vicaría del brazo de Rafael Medina y Fernández de Córdoba, duque de Feria, y antes de que este matrimonio se disolviera y de que Medina fuera encarcelado por pederastia, se la relacionó con Ramón Mendoza, entonces presidente del Real Madrid.

Nunca ha vuelto a casarse, aunque las revistas no han dejado de atribuirle los más variopintos romances, bien con un joven mulato que acompañó sus baños playeros en el verano de 2006, bien con un árabe multimillonario. Incluso se comentó la estrecha amistad que le unía a Jaime de Marichalar.

En cuanto a lo profesional, hace ya mucho tiempo que Abascal abandonó las pasarelas para especializarse en estilismo y hoy todavía colabora en reportajes selectos de revistas escogidas.

<p>Nati Abascal y Victoria Beckham</p>

"Me he quedado con ganas de tener una hija y de que mi amigo Andy Warhol me pintase. El resto de mi vida la volvería a vivir exactamente igual", ha asegurado esta mujer de pocas palabras, de voz ligeramente áspera y de verbo atropellado, que parece sentirse más cómoda cuando está en silencio.

Ella sabe que así, callada, con la cabeza alta y la mirada en el vacío, es como fascina. Misteriosa, en plenitud, erigida en paradigma de la elegancia.

Rafael y Luis: su fina herencia

Los dos hijos de Abascal y el duque de Feria, educados en exclusivas escuelas de EE UU, son hoy dos guapos galanes y exitosos hombres de negocios que se mueven como pez en el agua en el sector de la moda. Su encanto fashion dandy (clásico con un toque de modernidad) ha enamorado a las publicaciones cuché, que les incluyen en sus listas de hombres más elegantes y les retrata en sus páginas con sus inseparables Scalpers, unas curiosas zapatillas con calaveras que comercializan y que, al parecer, "son lo más".

Los dos tienen el corazón ocupado: Rafael, de 30 años, mantiene una relación con la arquitecta de interiores Laura Vecino. A Luis, de 28, se le relaciona con la modelo Chloé Bello.