La jungla más salvaje en medio del asfalto

Escenario de las focas y los animales marinos en el zoo Aquarium de Madrid.
Escenario de las focas y los animales marinos en el zoo Aquarium de Madrid.
JORGE PARÍS

Ada y Nico mueven sus aletas en cuanto suena la música de Miguel Bosé. Sus piruetas en la piscina de leones marinos del zoo hace las delicias de mayores y, sobre todo, de los más pequeños.

El parque, pese a sus 37 años de existencia, sigue entusiasmando a las nuevas generaciones de madrileños al igual que antaño lo hizo con sus padres. Riadas de escolares perfectamente uniformados esperan pacientes para inmortalizar con una foto su visita al único zoo de Europa que cuenta con un delfinario, un acuario y un aviario.

Entre tanto niño sorprende encontrar a adultos, la mayoría con un aire melancólico. Éste es el caso de José Gálvez, de 36 años. "De pequeño me traían y me encantaba; es perfecto para estimular a mi hijo, sobre todo le gusta tocar a las cabras".

Un poco más allá, Emilio de la Fuente, un vigilante de seguridad de 43 años, mira con verdadero interés a la cría recién nacida de rinoceronte. "Me gustan mucho los animales, y de hecho defiendo los zoos; creo que hacen una gran labor".

Protección a los animales

Precisamente para los que critican estos parques por no dejar en su hábitat a los animales, en el zoo aseguran:  "No da pena verlos encerrados, somos una institución moderna que pretende que los animales se reproduzcan para que no desaparezcan", explica su portavoz, Amparo Fernández, que añade: "En un zoo, cuando muere un animal no se sustituye por otro".

La dieta de algunos ejemplares es más propia de un gourmet que de una fiera. "Los koalas almuerzan eucalipto; los leones, entre cinco y siete kilos diarios de carne".

Bambú para los mimados

Pero Fernández no puede disimular que los niños mimados son Hua Zui y Bingxing, los osos pandas, que "son nuestras estrellas". La dieta de los sucesores del carismático Chu-Lin desayunan entre 40 y 50 kilos de bambú.

La mayoría de los animales, pese a su naturaleza agresiva, son pacíficos. "Alguna vez se nos ha escapado algún antílope, pero nunca se han salido del recinto".

Más violentos se muestran "cuando la gente los incordia o les da de comer [algo que está prohibido]". "En una ocasión, un mono le quitó a un señor un billete de mil pesetas", recuerda Fernández.

Más desconocidos por el público son la cocina y el criadero de los reptiles. Aquí preparan papillas con moscas que servirán para alimentar a las crías de boas, iguanas de las Fiyi, camaleones... Pero el reptilario esconde más secretos. Un cuarto "con serpientes venenosas que no se exponen y cuyos antídotos guardamos a buen recaudo", dice uno de los biólogos mientras se coloca, emulando a Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, una boa albina, eso sí "no es venenosa".

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