María Barranco y Miriam Díaz Aroca.
María Barranco y Miriam Díaz Aroca, listas para la función. Jorge París

Comparten protagonismo en la comedia Adulterios de Woody Allen desde hace un año. Ahora la representan en el Teatro Maravillas de Madrid.

Han llegado a Madrid en un momento en que la cartelera teatral está repletísima.

María Barranco (B.): Bueno, nosotras hemos llegado las primeras. Hemos empezado con muy buen pie. Tocamos madera. El premio es que la sala está llena, y es lo mejor que te puede pasar en la vida.

Miriam Díaz-Aroca (D.): Hemos cogido la avanzadilla. El resto de los compis también tienen una buena producción, ¿eh? La pena es que no nos podemos ir a ver unos a otros.

¿No da miedito pensar en la competencia?

B.: Sí (rotunda). Bueno, a mí sí me da miedo.

D.: Yo no pienso en eso.

¿A qué se debe este boom de producciones teatrales?

D.: ¡Porque hay mucha gente con talento! Y ya es hora de que tengan la oportunidad de manifestarlo en un escenario.

B.: Una obra funciona si está bien (risas), pero es verdad que en este momento en que todo el mundo está tan preocupado con la crisis, hay una necesidad de evadirse, incluso con una tragedia. En épocas de crisis el teatro va mejor. No voy a decir bendita crisis, pero yo estoy encantada.

D.: La gente se siente abrazada por la energía del actor, el teatro tiene esa energía que compartes en carne y hueso con el actor, desde el principio hasta el final, sin interrupciones ni palomitas ni bolsas de patatas. Es otro ritual. Te metes dentro de la historia.

¿Tienen algo en común con sus personajes?

D.: María, que fuma (risas).

B.: Y bebo. Y soy malhablada (risas). Cuando haces un personaje, buscas en tus tripas algún momento en que tú has estado así.

D.: Carol es una enamorada del amor, eso sí lo compartimos; lo que pasa es que la muchacha es muy desdichada y comete torpezas por encontrarlo. Pero yo no tengo nada que ver con el mundo de Carol, con lo cual me apetece mucho porque me enriquece mucho, porque tengo que investigar y profundizar.

B.: Nuestro trabajo es jugar, jugar a ser, y que los demás se lo crean.

¿Cómo reaccionarían en la vida real ante las situaciones que se plantean en 'Adulterios', aunque son excesivamente disparatadas?

D.: Bueno, no creas, a veces la realidad supera a la ficción.

B.: Cuando te abandonan o te enteras de que te la han puesto de todo tipo de tamaño y de colores, no es agradable, para nadie.

D.: A mí una amiga me traiciona y tardo dos segundos en clavarle los dientes, o desaparece de mi vida.

B.: Pero está muy bien lo que hace Phyllis. Cuando la humillan, una se castiga mucho.

¿Podrían tener una relación sentimental con un hombre como alguno de los de 'Adulterios'?

D.: ¿Miriam? Pues no.

B.: Yo creo que todas no hemos… Los canallas como Sam tienen mucho éxito. Y te crees que a ti no te va a hacer lo mismo que a las demás. Y te lo hace (risas).

D.: Yo le voy a enamorar, yo soy especial…

¿Seguían el trabajo de Woody Allen antes de embarcarse en este proyecto?

B.: Yo siempre he sido una gran aficionada a su cine. Le adoro. Me parece un genio. Me encantan los retratos que hace de las mujeres. Me gusta su manera de contar las cosas, esos personajes tan patéticos, neuróticos… Y me encanta su sentido del humor, esa acidez. Mi personaje es como los que ha podido hacer Diane Keaton.

¿Se han inspirado en ellos?

B.: No hace falta, porque sólo con lo que dice el texto…

D.: Con el texto ya lo vistes. Y, luego, la dirección de Verónica.

B.: Cuando un actor no está bien dirigido, se siente como desnudo, como si se estuviera tapando, diciendo “se me va a ver el culo”. Y aquí estamos con un buen traje a medida. Y, no le gusta nada, pero es muy dura (risas).

D.: No le gusta, pero le gusta.

B.: Tampoco le gusta que digamos “es muy buena”. Cuando te llama, te dice “soy tu directora diabólica”.

D.: Con su voz (la imita), “soy tu directora diabólica, no se ocurra hacer esto, sabes que no me gusta…”.

B.: Es la única manera de que un director lleve algo a buen puerto, siendo exigente.

En este caso, la directora es también actriz. ¿Se nota la diferencia?

B.: Sí.

D.: Director que es mujer, que es actriz y que es directora, las tres cosas.

B.: Quiere a los actores. A una gran mayoría de directores les encantaría trabajar con dibujos animados, pero no pueden.

D.: Se nota porque somos actores pero somos personas. Ella se encarga de saber qué persona hay detrás, qué ritmos tiene, qué emociones la mueven, dónde puede llegar… No exige a todos por igual. Eso se agradece muchísimo.

B.: Cada una tiene su vida, y un día tienes la regla, yo qué sé…

D.: … Estás menos inspirada.

¿Con qué aliciente vienen al teatro para representar una obra de la que han hecho muchísimas funciones?

D.: Con el aliciente de la suerte que tenemos de trabajar en lo que nos gusta.

B.: Esto es sagrado. Tengas fiebre, tu niña esté mala… tú tienes que dejarte la piel. A la gente que ha pagado la butaca no le importa tu vida para nada.

D.: La única excusa que tiene un actor para no trabajar es morirse.

¿Qué otros proyectos tienen a corto plazo?

D.: Yo voy a tirarme a la piscina de la dirección, a nivel humilde. Empiezo en noviembre, un texto de una autora novel española. Es una historia de cinco mujeres. Siempre me ha gustado dirigir. Dirigí los 101 dálmatas. El musical hace unos años y me gustó muchísimo la experiencia. Me quedó ahí el seguir con ello. Vuelvo a probar con la dirección, ya para el público adulto, monólogos de cinco mujeres. Estamos ahora con el casting. Queremos que sea para noviembre.

B.: Yo tengo alguna cosa por ahí, pero mi prioridad es Adulterios, estar aquí mucho tiempo. Tengo tres películas pendientes de estreno. Ahora mismo, incluso, cuando me hablan de otro proyecto me marea un poco, me quiero centrar aquí, en esto, y disfrutarlo. Ése es mi plan. Adulterios por un tubo (carcajada).

¿Qué es lo mejor y lo peor de su compañera?

B.: Tenemos la suerte de compartir todo. No solamente nosotras, sino los tres actores que hay aquí, el hecho de estar fuera también, que hemos estado un año, es como convivir con una pequeña familia.

D.: Nos hemos conocido, nos hemos aceptado…

B.: Todo el mundo es muy respetuoso con el trabajo de los demás, que no siempre pasa. Somos una familia bien avenida, que las hay muy malas (risas).

D.: Luego también ayuda mucho que la obra funciona de maravilla.

B.: Hombre, si aquí no viene nadie, Miriam ya me habría dado con el jarrón, yo le hubiera pegado tres ostias. ¡Claro, eso es muy importante!

D.: Tampoco nos hubiéramos llevado mal, pero todo anima.

B.: No habría tanto “ji ji ja ja”.

D.: No hay rivalidades. Es más, la Barranco entre función y función, como no tenemos tiempo, que es una gran cocinera, se trae su salmorejo y sus cosas. Aquí, la mamá Barranco.