El limbo de la prostitución

  • Las más de 300.000 mujeres que ejercen la prostitución en España se encuentran en situación de alegalidad.
  • Las ONG reclaman que se penalice a los consumidores del sexo.
Una prostituta en la calle Montera de Madrid.
Una prostituta en la calle Montera de Madrid.
JORGE PARÍS

Esquizofrenia mediática. Semana de escasez laboral en el mercado de la prostitución callejera y volatilización fulminante de clientes potenciales. La exhibición de fotografías con sexo explícito en el mercado de La Boquería (Barcelona) ha revolucionado el negocio y estimulado el histórico debate sobre su utópica erradicación.

El Gobierno es inflexible: No se regulará una profesión basada en la explotación de mujeres y la violación de los derechos humanos. Sin embargo, en España sobreviven alrededor de 300.000 trabajadoras del sexo –casi el 90% inmigrantes y víctimas del tráfico de mujeres– en el limbo de la alegalidad y supeditadas a reglamentos municipales que se limitan a ocultar el problema con pretextos de "preservación del orden público".

Los organismos implicados en el problema coinciden en tres puntos de acción: el rechazo unánime a la legalización, la lucha contra las mafias de tráfico de mujeres y el desarrollo de políticas que penalicen al cliente.

"El debate no puede centrarse en legalizar la venta de mujeres para la explotación sexual, sino en mejorar los mecanismos de seguridad del Plan Integral Contra la Trata de Seres Humanos –aprobado por el Gobierno el año pasado– para que las víctimas puedan denunciar a los traficantes", apunta Rocío Mato, presidenta de la Asociación para la Reinserción de Mujeres Prostituidas (Apramp). Y alude a un informe del Ministerio de Justicia holandés para afianzar su desprecio a la regulación. El documento revela que sólo 921 de las 30.000 mujeres que ejercían la prostitución en Holanda en 2003 habían legalizado su actividad.

"El dato demuestra que la trata de personas existe porque existe la prostitución. Y no al revés. Reglamentar la profesión sólo incrementaría las tasas de delincuencia", puntualiza Beatriz Sagrado, presidenta de la Plataforma Estatal de Mujeres por la Abolición de la Prostitución.

Código penal 'light'

"Un código penal tan light convierte a España en el paraíso de las mafias", ironiza Orlando Triguero, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos, quien asegura que legalizar la prostitución sería imposible porque el Gobierno identifica prostitución con esclavitud y, desde el punto de vista jurídico, colisionaría con los artículos sobre las libertades de los ciudadanos de la Constitución.

La clave: promover la educación sexual e imponer condenas ejemplarizantes a los clientes. La presidenta de Médicos del Mundo, Teresa González, cree que habría que invertir la razón de ser del debate para estigmatizar a los consumidores de sexo y apoyar a unas víctimas que sufren problemas de "exclusión".

Suecia es el ejemplo. Es el único país de la UE que prohíbe comprar servicios sexuales pero no venderlos desde 1999 y, en los cinco primeros años de legislación, el número de prostitutas en Estocolmo se había reducido en dos tercios, el de clientes en un 80% y el comercio sexual en las calles prácticamente había desaparecido.

Una anécdota reveladora de la eficacia disuasoria es que esta semana las fotografías situaron a los clientes en el punto de mira y se "volatilizaron" de las calles, según los testimonios de varias prostitutas.

Polémica, políticos y prostitutas

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, defendió la semana pasada la regulación de la prostitución y apoyó la propuesta del alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, quien solicitó al Gobierno la elaboración de una ley que prohíba la prostitución en la calle.

La concejala de Ciutat Vella, Itziar González, planteó la semana pasada incluir prostíbulos legales en el barrio del Raval. Ciudades como Valencia y Castellón han aprobado ordenanzas municipales que las multan por estar en la calle y las ONG denuncian "la hipocresía de una política" que sólo quiere "ocultar" el problema.

La nómina de la supervivencia

La calle Desengaño (Madrid) es una combinación explosiva de heroinómanos, nostalgia, policías, melancolía y estilosos burdeles añejos reconvertidos en contemporáneos y modernos locales de moda y confección. Conservan el tapizado pero han perdido glamour y ganado en luz.

A Paola le ocurre lo mismo. Preserva el estilo de madame clásica, pero el asfalto ha ennegrecido su piel y tatuado arrugas imposibles. Es la reina de Desengaño. Y del desengaño. "Ya he luchado demasiado. Ahora me conformo con nada. Soy feliz sin horarios y con clientes fijos".

Hace 25 años que sobrevive entre rascacielos y hormigón. Y ya no usa tacones. "Me encanta la calle y ya no busco. Me encuentran".

Es la excepción que confirma la regla. Las mujeres de Desengaño contestan con onomatopeyas. Porque están cansadas de La Boquería, de las cámaras y de la ausencia de clientes. "Esta semana la calle está desierta. El revuelo ha asustado a los hombres".

Retomarán la normalidad. Ellos volverán porque la prostitución no está penada en España y ellas seguirán porque es su seguro de supervivencia.

"Claro que no nos gusta la calle. Pero no hay trabajo". Y se multiplican las mujeres que hacen horas para ganar un sobresueldo. "Soy enfermera media jornada y vengo dos o tres horas al día para redondear la nómina y mejorar la calidad de vida de mis dos hijos". Todas lo dejarían, pero ninguna lo hace.

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