Patio Maravillas
Interior del Patio  Maravillas, durante una de las actividades que organiza. ARCHIVO

Ruidos, suciedad, malos olores, disturbios y mucha tensión... son las razones por la que algunos residentes de Malasaña han declarado la guerra a los 'okupas' del Patio Maravillas, centro social autogestionado que desde hace dos años molesta a los vecinos de la zona.

El conflicto viene de largo, pero la última batalla ocurrió ayer mismo, cuando los representantes de los vecinos del Patio Maravillas (así se hacen llamar) rechazaron reunirse hoy con el colectivo okupa porque, según dicen, han incumplido el pacto de convivencia que ambos bandos firmaron hace unos meses.

Rotura del pacto

Dicho pacto de convivencia comprometía al centro a hacer todo lo posible para erradicar el botellón que se suele formar en sus puertas y limitar, en la medida de lo posible, el ruido que generan sus conciertos y fiestas. "Del resto de las actividades culturales y sociales que realizan no tenemos queja", afirma un portavoz de la asociación vecinal, "pero no se puede negociar cuando de lo que se trata es de seguir unas normas básicas de civismo y educación", apostilla.

Como prueba del incumplimiento por parte de los okupas de este pacto, los vecinos de la zona han colgado un vídeo en YouTube con algunas escenas grabadas por ellos mismos durante este verano en la calle donde se ubica el centro social (calle Acuerdo, 8).

Los representantes de Patio Maravillas afirman, sin embargo, que ellos han cumplido escrupulosamente las normas para evitar el ruido, "pero no podemos hacer nada por el botellón que se hace en la calle. Llegamos, incluso, a pegar carteles, pero la gente los quitó", aseguran.

Referencia de la cultura de Madrid

A finales de julio, okupas y Consistorio se sentaron a negociar sobre el futuro del Patio Maravillas, pendiente de una orden de desalojo. En dicha reunión, el Gobierno local planteó conservar el centro social al tratarse de "una referencia para la cultura madrileña", según los representantes del espacio. Pero, eso sí, en otro inmueble, que sería cedido por el propio Ayuntamiento, ya que la parcela que ocupan actualmente pertenece a otro propietario.