Helena Resano  Periodista
OPINIÓN

Mucho más que una foto

Salvamento Marítimo ha rescatado a tres polizones subidos a la pala del timón de un petrolero.
Salvamento Marítimo ha rescatado a tres polizones subidos a la pala del timón de un petrolero.
EFE / Salvamento Marítimo

Hay imágenes que nos sacuden y otras que las vemos tan a menudo que ni siquiera nos paramos a pensar en todo lo que tienen detrás, en la tragedia que esconden y en la desesperación que recoge ver ese momento, como el de esos tres hombres sentados sobre la pala del timón de un barco, un enorme carguero, con los pies colgando, llegando a puerto.

Los tres pasaron 11 días en ese minúsculo espacio. Se escondieron en ese hueco antes de zarpar de Lagos, en Nigeria. Creyeron que ahí lograrían llegar a Europa de una forma más segura que si lo hacían atravesando el continente y cruzando después el estrecho en una lancha infame, de plástico, de noche y sin garantías de llegar a tierra firme. Se arriesgaron sin saber si el barco y esa pala llegarían a hundirse en el agua, si las olas les ahogarían, si pasarían frío. Fueron 11 días que me imagino de verdadero miedo, de pánico pensando en si se habían equivocado, si habían puesto su vida en riesgo. No sabían dónde terminaría esa travesía, a dónde llegarían ni qué pasaría. Pero si optaron por eso, si decidieron elegir llegar así a la promesa de una vida mejor es porque todas las otras opciones eran mucho peores, mucho más peligrosas, mucho menos seguras. Cuesta entender desde nuestro primer mundo la desesperación de esos tres hombres para tomar esa decisión y arriesgarse así. Cuesta entender sus razones porque cuesta ponerse en su piel, esa que se llenó de salitre tras 11 días de travesía, que se llenó de llagas, que se resecó por el sol y por el viento, que se empapó de agua en los días de oleaje.

Siguen vivos y todo lo que venga después, supongo, ya lo solucionarán. Vivir es ya una victoria

Nada más llegar al puerto de Las Palmas de Gran Canaria, los tres hombres tuvieron que ser trasladados al hospital: el estado de esos tres hombres era crítico. En la foto no se aprecia si en su cara se dibuja una sonrisa de alivio al ver que se acercan a puerto, al comprobar que la decisión que tomaron fue la acertada, o al menos, la que no les costó la vida, no al menos esta vez. Siguen vivos y todo lo que venga después, supongo, ya lo solucionarán. Vivir es ya una victoria. Y piensas que, si sus prioridades son tan sencillas como esas, su situación tiene que ser mucho más desesperada de lo que nos podamos imaginar.

Esto pasa cada día, pero no siempre hay un fotógrafo para captar esa imagen y para convertirla en noticia. Esto pasa y no siempre tiene un final tan feliz, aunque, sinceramente, este, de momento, tampoco es que sea como para tirar cohetes. Pero quién sabe: quizás uno de esos tres hombres, en unos años, es el próximo cuidador de una residencia, es la persona que le atienda a nuestros mayores o quien enseñe a nuestros hijos su idioma, o el doctor que ocupe una plaza de médico de familia. Porque no sabemos nada de ellos, ni su formación ni cuáles son sus sueños. Quizás uno es médico o ingeniero … Y eso es lo mágico de todo esto: que quizás esta foto sea mucho más que eso.  

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