Juan Luis Saldaña  Periodista y escritor
OPINIÓN

El "monguer" corporativo

Contabilidad, recursos humanos y comercial en una dinámica empresarial.
Contabilidad, recursos humanos y comercial en una dinámica empresarial.
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Algo se pone de moda y hay que hacerlo para no ser menos. El trabajo al que uno va a ganarse la vida se convierte de pronto en una especie de guardería para adultos en la que parece que la felicidad del empleado es lo más importante. Uno se pregunta si la gente se ha vuelto idiota o si hay algo detrás, cuánto de sincero hay en esto y cuánto de inercia porque hay algunos que lo han hecho siempre y con cierto sentido y otros que se suben al carro porque toca.

Trajeron a varios tipos a repetir una charla que se puede ver entera en Youtube, pero no fue suficiente. El efecto efervescente de la arenga motivacional se pasa rápido, suele durar unas veinticuatro horas, quizá un poco más, pero no llena el depósito. Hacía falta más y lo siguiente es hacer equipo, dedicar un día a conocerse, a, como dicen ellos, “desarrollar dinámicas”, “implementar” lo que sea y si, de paso, cae alguna sinergia, mejor que mejor.

La expresión inglesa “team building” es, en parte, culpable de que uno tenga que hacer el idiota una o dos veces al año con la gente del trabajo.

Así que los empleados de algunas empresas se encuentran de pronto un día disparándose bolitas de pintura o haciendo el "monguer" corporativo en una yincana ridícula en un parque de atracciones. La mayor parte de ellos lo acepta, aprovecha la jornada y hasta se divierte. En cierto modo, puedes pensar que te están pagando por ir en piragua, montar a caballo o hacer un juego de escape en el que lo que más apetece es romper la puerta a patadas.

Algunos empleados, más permeables a la propuesta, creen que si se montan en la peor montaña rusa, si lideran al escuadrón en la batalla de bolas de pintura o inspiran a los demás compañeros de contabilidad para conseguir resolver las pruebas del juego de escape antes que los de personal alguien se va a fijar y va a tenerlo en cuenta para no se sabe qué. Habría que verlo. 

La expresión inglesa “team building” es, en parte, culpable de que uno tenga que hacer el idiota una o dos veces al año con la gente del trabajo. Bonita forma de cambiar la realidad, traer expresiones inglesas que encierran un universo de estupidez gregaria en su semántica sajona. La realidad suele ser otra. Si tanto preocupa la felicidad del trabajador, hay otras soluciones que suelen funcionar: pagarle mejor, generar buen ambiente, no robarle el tiempo, confiar en él y dejarlo en paz. 

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