El poder de las redes y una población que "ya no puede más": las restricciones de la covid en China avivan las protestas contra Xi Jinping

Un manifestante grita durante una protesta en Pekín, China.
Un manifestante grita durante una protesta en Pekín, China.
EFE/EPA/MARK R. CRISTINO
Un manifestante grita durante una protesta en Pekín, China.
EFE - ATLAS

Si se lee este martes un periódico en China podría parecer que todo marcha según lo previsto por el Gobierno de Xi Jinping. Las restricciones y la política de Covid Cero avanzan sin problemas y el brote de covid que vive el país se controla. Esto es lo que se podría pensar si se acude a la prensa oficialista china. Si se bucea por las redes sociales el panorama es muy diferente. Este fin de semana varias ciudades, incluida la capital, Pekín, han vivido manifestaciones no solo contra los confinamientos, sino contra el propio presidente chino y la falta de libertad de expresión. 

Los acontecimientos de la semana pasada cuando murieron diez personas en el incendio de una zona confinada, donde algunos aseguran que los efectivos de emergencias no pudieron acceder a tiempo por las restricciones sanitarias, han sido la gota del descontento. Todo nace, eso sí, de la política de Covid Cero, consistente en reducir a la nada los casos del virus y combatirlo con durísimos confinamientos que impiden, en los casos más extremos, salir del edificio en el que se reside. No se combate el virus, sino que directamente se le quieren matar. Y esa mezcla de razones ha derivado en las protestas ya conocidas como las movilizaciones del folio en blanco, puesto que los manifestantes expresan su descontento levantando al aire papeles vacíos.

En China se han unido varios factores para que la gente haya decidido salir a la calle: la tecnología está ayudando a una mejor organización de las protestas, con una población más joven, que ha recorrido más mundo y ha visto otras realidades. Hay un hartazgo porque casi tres años después del inicio de la pandemia el país no ve salida. Al mismo tiempo, Xi refuerza su poder: pero a mayor liderazgo, mayor responsabilidad.

China, al fin y al cabo, se suma al grupo de países donde las nuevas generaciones han decidido echarle un pulso a líderes y gobiernos autoritarios. Pasó con las Primaveras Árabes en 2011, después en Turquía, las protestas en Latinoamérica  y más recientemente en Irán. El descontento ya no se vive en silencio. Rafael Bueno, director del departamento de Política, Sociedad y Educación de Casa Asia, explica a 20minutos que se trata cuanto menos de un contrato incumplido por parte de Pekín. "Se han dado cuenta también del precio que han tenido que pagar y que están pagando por un desarrollo económico desenfrenado y al mismo tiempo ven una pérdida de libertad cuando pensaban que podían disfrutar de ella. Se han dado cuenta que ha sido toda una ficción".

Y la Covid ha sido la gota que colmado el vaso. "Llevan tres años de medidas draconianas sufriendo unas restricciones durísimas y la gente ya no puede más", añade Bueno. Además, la clave está en que ahora esas protestas se unifican bajo un mismo tema: el rechazo a la política de Covid Cero. "El hecho de que haya manifestaciones y protestas no es nuevo. En China llevan décadas teniendo muchas protestas. De hecho, las estadísticas oficiales se pararon a en contabilizarlas cuando llegaron a las 100.000 protestas al año", comenta el experto. 

Las críticas todavía son minoritarias. El régimen no va a caer por esto, pero sí es significativo

"La diferencia es que cada una era dependiendo de la provincia por temas diferentes: medio ambiente, temas laborales, corrupción, etc. Lo novedoso de estas protestas es que están homogeneizadas en las restricciones por el Covid", continúa. Que las movilizaciones no tengan precedentes abre la puerta a otra pregunta: ¿harán que caiga el régimen? La respuesta parece clara: "No va a caer por esto, pero sí es significativo", esgrime Bueno, que sí matiza que "las críticas todavía son minoritarias" pese la repercusión que están teniendo.

No cabe, de momento, una comparación con lo sucedido en Tiananmen a finales de los ochenta, que supusieron las revueltas más relevantes en China hasta la fecha, acompañadas además de una histórica masacre. "Las comparaciones siempre son odiosas. En el año 89 el contexto era diferente. Ahora la gente lo que quiere es acabar con una situación de restricciones personales que están llegando a unos límites", sentencia Bueno. Otra conclusión puede ser precisamente esa: hay un porqué principal, pero otros muchos secundarios que pueden hacer que las protestas se prorroguen en el tiempo y se conviertan en un problema mayor para un Gobierno poco habituado a vivir en estos contextos nacionales.

En este sentido, Javier Gil, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas coincide con que las manifestaciones "todavía están en una fase primigenia", pero aclara que "el contexto sí que es parecido" a lo que pasó hace tres décadas. "Hay un descontento económico al que se le suma un descontento a nivel sanitario y el país no tira y eso sí que puede provocar lo que estamos viendo", expresa. "Ya veremos si al final no arde y se acaba produciendo no una gran masa que demande cambios políticos para solucionar los problemas que son sanitarios y económicos".

La mirada hacia fuera aumenta el enfado

El germen se encuentra, sobre todo en una política de Covid Cero que parece un ensoñación. Un imposible para Xi que se convierte en una mecha para los ciudadanos. "En China están viendo que ellos tienen unas restricciones enormes y a través de redes ven que fuera asisten a partidos de fútbol, la gente no lleva mascarilla por la calle y no están ante una situación tan dramática", asegura sobre esto Bueno, a lo que Gil añade que ese cansancio "se ve acentuado por la parálisis económica que está produciendo y al mismo tiempo, porque son conscientes de que la Covid ha dejado de ser un problema en la gran mayoría del mundo y ellos a nivel local siguen sufriendo las consecuencias". Para el profesor "es un cóctel explosivo" porque además "hay menos miedo a protestar".

El Gobierno, además, parece manejar la información a su antojo y, como apuntan los expertos, los ciudadanos también pueden estar descubriendo eso. "La eficacia de la vacuna China dista mucho de lo que nos hicieron creer. Muchos países se han dado cuenta de que la eficacia de dicha vacuna no es tan buena como se pensaba y no protege tanto", comenta Bueno, que además incluye "una falta de transparencia y de información" respecto a las cifras actuales de infectados.

En China están viendo que ellos tienen unas restricciones enormes y a través de redes ven que fuera asisten a partidos de fútbol

Gil hila precisamente el mosqueo sanitario con un progreso económico que no llega. "Digamos que había un contrato social por el cual el partido daba progreso económico, protegía al país y en ese intercambio el ciudadano aceptaba obtener limitados ciertos derechos políticos. Eso es posible que se esté resquebrajando". ¿Por qué? "Porque China parecía como el país ganador frente a una Europa que iba más a rebufo y ahora mismo las tornas han cambiado totalmente".

"Si no se restablece ese crecimiento económico y no se supera la pandemia, sí que el Gobierno va a tener problemas internos porque la gente va a protestar más", advierte el profesor, porque precisamente ahora el foco sobre el propio Xi Jinping es mayor, porque también lo es "su precio a pagar" tras haber sido reelegido para un tercer mandato. "Tiene ahora el poder absoluto y él es el único responsable de lo bueno y lo malo que ocurra", esgrime Bueno.

Eso sí, en palabras de Gil, el Ejecutivo aún tiene margen de maniobra frente a las protestas. "Van a imponer los cortafuegos mediáticos y cortarán internet si lo tienen que hacer", pero eso no impedirá seguramente la propagación de lo que sucede. "Todo el mundo sabe perfectamente a nivel local lo que está pasando, tanto en Pekín, Shanghái o en Shenzhen", termina. Así, las redes, dice, "sí que pueden ser un acicate" y el Gobierno puede quedarse "sin mecanismos". Por lo tanto, a Xi no le queda otra que reactivar el país. "Lo que tiene que hacer si quiere solucionar la crisis es básicamente que la economía vuelva a crecer y a nivel de la pandemia dejar de imponer restricciones a la movilidad tan salvajes como las que todavía está poniendo". Pero, de momento, el Gobierno ha optado por reforzar la seguridad en ciudades como Shanghai o Pekín precisamente para aplacar a quienes alzan la voz.

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