Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Pablo Motos y cómo sufrir el efecto Streisand

Pablo Motos en 'El Hormiguero'
Pablo Motos en 'El Hormiguero'
Atresmedia
Pablo Motos responde a la campaña de Igualdad
Wochit

El impulso es peligroso. En la vida, y en la televisión. Porque la tele no deja de ser un retrato de la vida. La vida con sus emociones, con sus frustraciones y hasta con sus soberbias. Pero, a veces, los arrebatos nos empujan a enfocar mal las fuerzas e incluso desvirtuar los equilibrios conseguidos. Quizá es lo que ha pasado en el último El Hormiguero a Pablo Motos, justo en el instante en el que se puso a contestar desde el exitoso prime time de Antena 3 a una campaña del Ministerio de Igualdad.

Pablo Motos se estaba dando por aludido y, al final, estaba ejerciendo su propia versión del efecto Streisand, un fenómeno que surge cuando la pretensión por censurar un asunto logra el resultado contrario al deseado. Barbra Streisand intentó que se retirara una foto aérea en la que se mostraba -sin decirlo- su mansión y propició que la imagen se multiplicara sin tregua por todo Internet. Una información intrascendente se puso en el centro de la curiosidad norteamericana. 

En el caso de Motos, su denuncia pública acaba promocionando en horario de máxima audiencia un spot que iba a pasar más desapercibido. Muchas menos personas hubieran asociado a Pablo Motos con el anuncio del Ministerio de Igualdad que resume diferentes clichés machistas habituales en la cotidianidad. Sin embargo, ha sido el propio creador de El Hormiguero el que se ha puesto como cabeza de cartel de una campaña que intenta hacer reflexionar sobre comportamientos que tenemos tan naturalizados que ni siquiera entendemos como machistas. "Me han hecho un anuncio", resaltaba Motos con cierta ironía.

Pero no, el anuncio nos lo han hecho a todos. Porque todos venimos de una sociedad machista en la que estamos dejando atrás conductas que parecían "normales" y no eran sanas. Y esta publicidad institucional describe varias situaciones que se suelen repetir una y otra vez en la calle y en los medios de comunicación. Da igual la ideología, procedencia social e incluso la persona que las protagonice. Las estamos desaprendiendo en conjunto. Aunque todavía esa misma masculinidad delata ciertas arrogancias que frenan la posibilidad de entender el problema desde la raíz de la sabia autocrítica, de eso va el lema con el que el spot procura la reflexión: "si ni tú ni yo hemos sido, ¿entonces quién?".

No obstante, Pablo Motos ejerce el legítimo derecho a defenderse desde su descriptivo punto de vista y, probablemente, el anuncio podía haber evitado calcar palabras textuales suyas, sacadas de un contexto. Incluso Motos, en directo, insinúa que la campaña es consecuencia de su actitud contra la ley del 'sí es sí', que criticó con crudeza, también en directo, siete días atrás. Aunque el vídeo institucional cuenta con tal calidad de producción que es imposible rodar, montar y estrenar en sólo una semana. Evidentemente, ya estaba diseñado de antes.

Estamos en un tiempo en el que los grandes presentadores de la televisión editorializan. Se sienten respaldados por las grandes cuotas de pantalla. El éxito prolongado, a veces, dota a las estrellas mediáticas de una seguridad escénica que puede terminar deformando programas transversales en púlpitos para fieles. Porque El Hormiguero siempre se ha visto como un oasis familiar, con las risas omnipresentes de las marionetas Trancas y Barrancas. Perfecto para juntar a niños y mayores sin los ruidos del cotilleo del corazón, sin las indignaciones de un debate de actualidad, sin argumentarios de un magacín de política. Desde su primer día, el formato supo conjugar bien el equilibrio de lo que pretendía ser y lo que no quería ser: un show motivado por sorprender con la mejor idea a sus invitados y al espectador. La audiencia generalista se quedaba tranquila, pues sabía que era un espacio seguro. Sensación que el público no tiene con Sálvame o con un Telediario, por ejemplo. Sin embargo, ese equilibrio alcanzado por El Hormiguero de entretenimiento sin barullo y con creatividad se está tambaleando en una época en la que todo se politiza con una perversa intensidad. Por parte de casi todos. 

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