Joaquim Coll  Historiador y articulista
OPINIÓN

España en el espejo del Reino Unido

La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon.
La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon.
EFE / EPA / Andrew

Durante los años de la matraca del procés, los independentistas catalanes afirmaban que solo pedían que España se pareciera al Reino Unido, una democracia, subrayaban, que permitía a los escoceses votar si querían la secesión. En España, en cambio, no solo el Gobierno se oponía, sino que el Tribunal Constitucional (TC) lo prohibía reiteradamente. Pues bien, el Tribunal Supremo británico, que sería el equivalente a nuestro TC, rechazó la semana pasada que Escocia tenga de derecho a convocar unilateralmente una votación, ni que sea consultiva, para decidir sobre la independencia. 

Por tanto, sin el permiso del Parlamento del Reino Unido, ese referéndum, que ya se celebró una vez, no se puede volver a convocar. En 2012, el primer ministro conservador David Cameron cedió a las peticiones de los independentistas del SNP, que entonces lideraba Alex Salmond, y el parlamento de Westminster aprobó las condiciones del referéndum que tuvo lugar en septiembre de 2014. Ganó la permanencia en el Reino Unido, aunque con un margen de votos más estrecho del que inicialmente se creía y durante algunas semanas la secesión de Escocia fue más que una posibilidad. Unos años después, Cameron volvió a jugar a la ruleta rusa y, aunque él no era partidario de la salida de la Unión Europea, convocó el referéndum del Brexit, cuya victoria ha hundido al Reino Unido en un desastre económico mayúsculo que está volviendo a tensar las costuras territoriales del país.

Lo interesante del dictamen del Tribunal Supremo británico es que, respondiendo a una petición de la líder escocesa Nicola Sturgeon, que quería convocar un segundo referéndum para octubre de 2023, niega que Escocia tenga ese derecho, ni tan siquiera que el parlamento escocés puede convocar una votación con carácter consultivo porque, como muy bien razonan los jueces, el resultado tendría inevitablemente consecuencias. 

Por tanto, cuando los separatistas reclaman que España se parezca al Reino Unido, lo cierto es que legalmente ya lo es. Ni aquí ni allí existe el derecho a la secesión, y nada se puede hacer de forma unilateral. Sturgeon, que se esperaba este veredicto, ha dicho en respuesta que las próximas elecciones escocesas, que han de celebrarse en 2024, tendrán un carácter plebiscitario sobre la independencia. También en Cataluña las elecciones autonómicas de 2012 y 2015 tuvieron para el separatismo esa vocación plebiscitaria, y la independencia no está ni se la espera. 

Sería deseable que los independentistas escoceses se miraran en el espejo del procés y evitaran a su tierra perder el tiempo en un asunto imposible. Y ese mismo espejo sirve para que España mire ahora al Reino Unido y reitere desacomplejadamente que la secesión no es un derecho en democracia, en ninguna democracia del mundo.

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