Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Ana Orantes: cuando la comunicación de una tragedia impulsa leyes de transformación social

La televisión de los noventa repetía mantras peligrosos desde un machismo interiorizado
Ana Orantes denunció su caso de violencia machista en Canal Sur TV
Ana Orantes denunciando su caso de violencia machista en Canal Sur TV
RTVA

La televisión de los noventa repetía mantras peligrosos desde un machismo interiorizado. Espectáculos de reencuentros sorpresa como Lo que necesitas es amor intentaban que víctimas hicieran "las paces" con sus maltratadores, programas del corazón repetían que "los trapos sucios se deben lavar en casa", los informativos denominaban "crimen pasional" cuando se referían a la que entonces llamaban "violencia doméstica" y los programas de testimonios se preguntaban "¿su marido es machista?".

Y fue en uno de esos sensibleros espacios de testimonios donde Ana Orantes acudió, y removió. Ir a un plató era la única salida, el sistema había abandonado a Ana. Allí, en el magacín de tarde más visto en Andalucía, dio la vuelta a la condescendencia de este tipo de formatos televisivos con una transparente y carismática capacidad para comunicar. Dos semanas después, su maltratador la mataba quemándola viva en su casa. Las instituciones fallaron por completo.

El país se conmocionó. Había empatizado con Ana Orantes cuando narraba a Irma Soriano, con una descriptiva expresividad, los malos tratos que sufrió durante cuarenta años. A través de la pantalla, la sociedad generó un vínculo con Orantes que provocó un antes y un después.  

Ana Orantes, su testimonio y su muerte, puso la violencia machista en primera línea informativa. Lo hizo en una sociedad que todavía buscaba intentar justificar al asesino. También los medios de comunicación, que se lanzaban al debate donde nunca puede haber debate: en los derechos humanos.

Esta noche, El Objetivo de Ana Pastor ha afrontado los contextos y la figura de Ana Orantes con un programa especial desde el Ateneo de Madrid. Enfocar la violencia machista en un prime time es difícil y es fácil acabar sobrepasando líneas rojas del show del sentimentalismo, la complacencia y el melodramatismo de la frase heroica que no va a ninguna parte. Sin embargo, Pastor y su equipo han logrado un programa pedagógico con valor documental a través de una entrevista a dos de los hijos de Orantes, Raquel y Rafael, y, también, incorporando el contexto que otorga la experiencia de la primera ministra de igualdad Leire Pajín, la abogada Cristina Almedia, la presentadora Irma Soriano y la periodista Noemí Trujillo, cada una de ellas complementándose con un prisma de conocimiento que, al final, representa una pluralidad social amplia.

En la importancia de los contextos, además el programa no se ha dejado en el tintero la autocrítica de cómo las propias televisiones enjuiciaban a las víctimas. Crucial, pues a menudo desde los medios de comunicación se caía en una frivolización que delata la manera en la que estaba tan asimilada y justificada la mujer como 'cosa' propiedad privada del hombre. Frivolización que, de otra forma, sigue presente en el universo mediático. No es el caso de El Objetivo, que ha acertado en sacar de su plató habitual este programa especial para llevarlo a un templo del conocimiento como es el Ateneo de Madrid y arropar la figura de Orantes con público comprometido con su tiempo. Allí, en el patio de butacas, estaban personalidades como Carla Antonelli, Pablo Simón, Fundación Mujeres o trabajadoras del centro de acogida de mujeres maltratadas de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas (FAMSD).

En un momento del programa, en grande, en la pantalla que presidía el auditorio, se proyectó la letra de Orantes: "Creo que para ser oída hubiera tenido que retrasar mi nacimiento al menos dos o tres décadas porque nunca me han respetado", precisas palabras apuntadas en un cuaderno, definitorias de la soledad de tantas mujeres que, encima, eran puestas en duda por unas instituciones en las que el hombre siempre llevaba la razón. Ana Orantes rompió los esquemas. Pero, ojo, si no hubiera ido a la televisión, si no hubiéramos empatizado con su comunicación verbal y su comunicación no verbal su asesinato hubiera causado más indiferencia. 

La sociedad ha cambiado mucho desde aquel diciembre de 1997, España cuenta con una ley integral contra la violencia de género, pero a los medios de comunicación todavía nos cuesta colocar en primera plana la historia con nombre propio de las mujeres asesinadas. Se sigue relegando, en muchos casos, al peligroso ámbito privado que excusa al maltratador y cosifica en un frío número a la mujer. Y, entre tanto, la sociedad se va quedando inmunizada como que no va con ella, cuando la única solución pasa por el aprendizaje de que es un problema que atraviesa en diagonal a todos. 

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