Jaume Barberà  Periodista
OPINIÓN

Crisis

Yolanda Díaz, María Jesús Montero e Irene Montero, en rueda de prensa.
Yolanda Díaz, María Jesús Montero e Irene Montero, en rueda de prensa.
EFE

Hierve el espacio a la izquierda del PSOE. Y no es un espacio cualquiera. El PSOE le debe poder gobernar, ya que forman coalición con él.

Podemos y el mundo de Izquierda Unida, que algunos pensaron que ya le había llegado su funeral, se detestan más que aman. Y eso es así, sobre todo, desde que Yolanda Díaz, militante del Partido Comunista de España, exmilitante de Izquierda Unida, y vicepresidenta del Gobierno presidido por Pedro Sánchez, empezó a querer volar sola sin el permiso de los que habían llegado para mostrar al mundo mundial que otra manera de hacer política era posible: honesta, sin protagonismos, sin egos y, siempre, siempre, al servicio de esto tan maravilloso que se llama "pueblo". Es decir, poesía pura y dura. 

A su derecha había otro joven muy ambicioso que también quería acabar con no se sabe qué, pero que, al final, como ya se advertía en Cataluña, el personaje fue un fraude: Albert Rivera.

Yolanda Díaz es la esperanza blanca de los viejos roqueros comunistas que un día se vieron superados por el ardor guerrero de los de Iglesias, Errejón y Monedero

Yolanda Díaz no es de Podemos, por si alguien todavía no lo sabe. Yolanda Díaz es la esperanza blanca de los viejos roqueros comunistas que un día se vieron superados por el ardor guerrero de los de Iglesias, Errejón y Monedero. 

Gente joven, muy bien formada al asalto del cielo: gente joven que querían acabar con la casta, es decir, con los poderosos y los partidos clásicos, que también formaban parte del establishment y que debían ser enviados a la papelera de la historia, como un presidente catalán, vaya.

Pero los viejos roqueros han resucitado. Se saben mucho mejor la lección, la vida les ha dado muchos palos, y se les ha enterrado un millón de veces.

Ahora, Díaz vende más que el locuaz y nervioso Pablo Iglesias y si la comparamos con la ministra de Igualdad y compañera de Iglesia, Irene Montero, es que la diferencia es abismal. Díaz y los suyos "suman". Iglesias y los suyos restan. El PSOE lo sabe e intenta no salpicarse, de momento.

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