Los 'game masters' no pueden huir de la precariedad: "En un 'escape room' sabes cuándo entras, pero no a qué hora sales"

'El secuestro', el 'escape room' más tenso que puedas probar.
Imagen promocional de un escape room ambientado en un secuestro.

Es media tarde y, hoy, Miguel -nombre ficticio- ha terminado pronto su jornada. Mañana sabe que tendrá que estar a las 9 a.m. de vuelta en su lugar de trabajo, pero no a qué hora se marchará. Hasta por la noche, no recibirá su horario, cuya finalización puede variar dos, tres o cinco horas en función de las reservas que entren cada día.

Miguel trabaja como game master en un escape room, un espacio cerrado en el que los clientes juegan a escapar de una sala siguiendo una serie de pistas dispuestas en una escenografía temática. Un negocio en auge, pero también un espacio oscuro para sindicatos e Inspección de Trabajo donde, según denuncian los trabajadores, el incumplimiento de las normativas laborales está a la orden del día.

"El trabajo de game master consiste en monitorizar la partida para, sobre todo, controlar que no rompáis nada, que se mantenga el flujo de partida y que salís a tiempo. En casi todas las salas el game master es también personaje, por lo que requiere también de interpretación", explica, al otro lado del teléfono, este trabajador de una de las pocas empresas con varias sucursales que hay a nivel nacional en el sector.

"No tengo un horario fijo, pero si tengo un contrato de 40 horas, aunque hago bastantes más. Ha habido semanas en las que he hecho 50 o 52 horas. En un escape room sabes cuando entras, pero no a qué hora sales", declara Miguel, que asegura también que ni horas extras ni nocturnidades conllevan nunca una compensación económica. “No sé ni cuánto llevo sin ver a mis amigos o a mi familia”.

Desde el cine gore a las calles de España

El sector de los escape rooms en España contaba, en verano 2021, con alrededor de 700 empresas, la inmensa mayoría, pymes con apenas trabajadores en plantilla, según uno de los escasos estudios de mercado existentes, realizado por la web EscapeUp. Apenas hay empresas con varias sucursales, como Fox In a Box -la más conocida y destinada a un público más amplio- o Experiencity.

Esta actividad, cuya esencia muchos rastrean en la saga de películas de género gore Saw, iniciada en 2004, consiste básicamente en intentar escapar de una habitación resolviendo un enigma en un tiempo determinado, normalmente 60 minutos. Se convirtió en negocio por primera vez probablemente en Estados Unidos y a España entró por Barcelona en 2012, cuando aparecen las primeras salas. A partir de 2015, el sector llega a Madrid y, desde entonces, se ha extendido por todo el país.

Diego -que también prefiere ocultar su verdadero nombre- comenzó a trabajar como game master hace unos cinco años, cuando tenía 29.

"Era una de las primeras salas que hubo en España, cuando empezó el boom de las escape rooms. Yo estaba buscando, pero no recuerdo cómo llegué allí, porque nunca he jugado a esto fuera del trabajo", declara, Diego, que ahora trabaja en otra empresa en la que admite tener mejores horarios. "Eché un montón de currículums a un montón de sitios. Venía del mundo del teatro y estaba buscando un sitio donde también pudiera actuar y acabé llegando allí".

Sin implantación sindical

Si bien el citado estudio sí que establece un cliente tipo de los escape rooms -grupos de cuatro o cinco participantes de entre 24 y 32 años y que suelen repetir- resulta bastante más complicado establecer un perfil preciso de los game masters.

Según los propios trabajadores entrevistados para este reportaje, la mayoría de los empleados están relacionados con el mundo de la interpretación, son jóvenes -casi todos menores de 30 años- y los puestos se caracterizan por una alta temporalidad y una gran rotación.

Este ámbito de pequeñas empresas, con alta rotación en sus plantillas y el hecho de ser un sector que apenas acaba de nacer dificultan hasta el extremo la implantación de sindicatos que puedan negociar un convenio sectorial inexistente y vigilar mínimamente el cumplimiento de la legislación laboral.

Así lo admiten fuentes de los dos principales sindicatos del país, CCOO y UGT, que admiten un desconocimiento generalizado sobre lo que ocurre en los escape rooms por su parte y una ausencia total de representantes de los trabajadores en las empresas.

Usar sierras radiales y limpiar los baños

En su segundo empleo como game master, Diego firmó un contrato como recepcionista, una de las diversas categorías en las que las empresas encuadran a estos trabajadores. "El problema de esto es que a nivel de tareas que tenemos que hacer no queda muy claro donde está el límite y donde no", explica Diego.

En su caso, a sus labores habituales de controlar la sala de juego, se suma habitualmente el tener que arreglar pequeños desperfectos o apretar algún tornillo. A veces, las órdenes que recibe de la empresa van mucho más allá de lo esperable. "He tenido que usar una radial para cortar unas tablas sin tener formación o nos han pedido que pintásemos todas las paredes del local o que limpiásemos los baños todos días".

La percepción de temporalidad de este tipo de empleos, desempeñados habitualmente por estudiantes o profesionales de otros sectores que lo ven más como un complemento salarial que como una forma de ganarse la vida a largo plazo, dificulta que exista una respuesta ante abusos como estos.

"El problema de esto es que a nivel de tareas que tenemos que hacer no queda muy claro donde está el límite y donde no"

En el caso de Diego, la empresa llegó a solicitarle a él y a sus compañeros, todos ellos actores de formación, que grabaran un spot publicitario sin recibir una bonificación adicional a su sueldo. En ese caso, sí que se plantaron.

"Es que dices me estás pagando 6 euros la hora y, a mí, como actor, por eso me pagarían 150 la hora más, mínimo, 400 de derechos", declara Diego. "Alegamos un poco que, como somos actores, nuestros representantes nos pedían que no hiciésemos los anuncios porque si no nos bloqueaba para cogernos en otros. Nos lo inventamos un poco, realmente era porque no queríamos hacerlo. Pero uno se pregunta, ¿Qué otras cosas estamos haciendo que no querríamos hacer, pero, porque no somos parte del mundo, las hacemos?".

Jóvenes y precarios

Miguel Gómez no necesita ocultar su nombre. Hace años que tuvo un paso efímero, de apenas unas semanas por el sector de los escape rooms. Lo suficiente, afirma, para ni plantearse volver a trabajar en el sector.

"Encontré la oferta en un buscador de empleo, necesitaba un currito en ese momento para complementar y me salió esto, me llamaron enseguida y me dijeron que fuese a hacer la prueba", declara Gómez, que entonces tenía 25 años.

En su caso, la categoría laboral no fue el problema, porque ni siquiera llegó a firmar un contrato. Estuvo tres semanas trabajando como game master, sin haber recibido ninguna formación ni conocer claramente sus funciones.

"Se aprovechan un poco de la novedad, de que es guay, de que currar en un escape room a priori suena mejor que currar en el McDonald’s"

"Era una empresa chiquitita, y estaban currando también dos chavales muy jóvenes, pero había muchísimas veces que estaba uno solo y tenían que gestionarlo todo, desde 'cuídame al niño que se queda solo' a 'haz la foto' o ‘dirígeme el juego'", recuerda Gómez, que asegura que, tras las tres semanas, la dueña le pagó en metálico en un portal 300 euros y le dijo que ya no le necesitaba.

"Se aprovechan un poco de la novedad, de que es guay, de que currar en un escape room a priori suena mejor que currar en el McDonald’s, de que es muy divertido y por eso te pago una mierda y tengo estas condiciones, y, luego, creo que tiene esto de que cualquier cosa que implique trabajar con jóvenes les da igual", declara Gómez. "Es como: 'Voy a dejarle los niños al pringao de turno de 20 años para que se los coma y ya está'. Y eso siempre ha estado muy precarizado y mal pagado".

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