¿Tiene aún margen Occidente frente a Putin? "La meta no es un colapso ruso inmediato, sino un enfriamiento lento pero eficaz"

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a su ministro de Defensa, Sergei Shoigu.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a su ministro de Defensa, Sergei Shoigu.
Kremlin/dpa/EP

Hay que ejercer la máxima presión sobre Putin. Esta idea, exteriorizada por el presidente francés Emmanuel Macron, pone sobre la mesa una respuesta de Occidente a la altura de la escalada de Rusia con la movilización parcial para combatir en Ucrania. Los caminos son paralelos: a más tensión bélica, más movimientos de los aliados de Kiev en lo que se refiere a las medidas restrictivas. Pero cuando ya se cumplen siete meses de invasión surge la pregunta de si ese margen para sancionar a Rusia se está acabando.

Por lo pronto, tanto el Alto Representante, Josep Borrell, como la Comisión Europea han puesto sobre la mesa la opción de trabajar ya en un octavo paquete de sanciones. Después de un verano en el que se dio prioridad a "poner en marcha las medidas ya aprobadas" el giro en la guerra ha provocado un cambio de discurso. El último paso dado por los 27 fue la suspensión del acuerdo de Facilitación de Visados, firmado con Moscú en 2007 y que, una vez bloqueado, provoca que el proceso para que un ruso obtenga la documentación para entrar en la Unión sea más largo y más caro. Ahora, la movilización de Putin ha provocado fuga de desertores que podrían ser acogidos por los Estados miembros; esto dejaría la medida con matices importantes.

Con todo, el debate sobre las sanciones está muy abierto. Por ejemplo, Hungría ya ha dicho no solo que no va a apoyar un nuevo paquete sino que someterá la efectividad de las mismas a referéndum ciudadano y prevé presentar un calendario para dejar de aplicar las que ya se han pactado. Viktor Orbán reivindica así su papel de caballo de Troya de Putin dentro de la UE, y no solo le sigue comprando gas sino que además mantiene buenas relaciones diplomáticas con el Kremlin pese a la guerra. Precisamente sobre la energía otra medida que se valora es poner un tope al precio del gas ruso, algo a lo que Moscú ya ha dicho que responderá con represalias, entre ellas un cierre total del suministro.

María Vallés, doctora especializada en medidas restrictivas de la Unión Europea, explica a 20minutos que el hecho de que la UE se pueda quedar sin margen o no "depende de cómo se planteé la cuestión" por la sanción tiene dos vertientes: "Desde el punto de vista del ámbito, sí que podríamos decir que se puede quedar sin margen porque la medida tiene una serie de objetivos y esos se pueden cumplir y ya está", pero además está el punto "más subjetivo", que se puede referir a las personas individuales. "Puedes seguir sancionando a gente siempre y cuando estén implicadas en las maniobras que esté realizando en este caso Rusia".

Vallés, además, añade otro elemento clave: el tiempo. "Si nos vamos a la cuestión temporal ahí el margen es tan amplio como se quiera, hasta que se levanten (si se hace)". La conclusión es que "sí se puede llegar a un punto en el que el margen simplemente sea ampliarlas y ampliarlas temporalmente", pero esto, esgrime, "no tiene por qué ser algo malo: cuando planteas una sanción elaboras la más completa posible para a partir de ahí extenderla en el tiempo".

Esa es la premisa que han venido repitiendo varios líderes europeos en las últimas semanas. "Las sanciones se van a quedar", expresó por ejemplo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ante la Eurocámara. En Bruselas creen que no es el momento del apaciguamiento, incluso pese a encontrarse con los peros que ya empieza a poner de forma muy abierta el Gobierno de Viktor Orbán. Si Putin escala a nivel bélico, Occidente tendrá que hacerlo también con estas medidas. Estados Unidos, que tiene las manos menos atadas que la UE en materia energética, ha decidido también ampliar por ejemplo la lista de personas a la que afectan estas medidas.

Además, a las voces discordantes se unen las italianas: Matteo Salvini y Silvio Berlusconi puede que formen parte del nuevo Gobierno transalpino, y ambos tienen sus remilgos sobre las sanciones y la situación en Ucrania. El primero aseguró que las medidas de la UE "no sirven para nada" y su cercanía al Kremlin es de sobra conocida. El segundo, amigo íntimo de Putin, justificó el movimiento ruso. "Putin fue empujado a inventarse esta operación especial por el pueblo ruso, el partido, los ministros", ha subrayado Berlusconi, que ha afirmado que, según los planes de Moscú, "las tropas deberían haber llegado a Kiev en una semana y reemplazar el gobierno de Zelenski por uno de gente decente, para volver una semana después".

Estamos ante una herramienta de presión y esa presión va a ser efectiva o buena siempre que esté enfocada a unos objetivos

¿Son entonces las sanciones una herramienta limitada? La doctora es clara: "Por supuesto, y así debe ser, porque en Derecho nada debería ser ilimitado". Vallés, por lo tanto, aclara que no se puede pensar "que una sanción es la panacea y va a solucionar un conflicto". En realidad, añade, "estamos ante una herramienta de presión y esa presión va a ser efectiva o buena siempre que esté enfocada a unos objetivos. No porque la UE no haya alcanzado todavía alguno de esos objetivos tenemos que pensar que las sanciones son algo negativo".

"El enfoque de las sanciones ha sido siempre gradual"

Por su parte, Guillermo Íñiguez, máster en Derecho Europeo y doctorando por la Universidad de Oxford sostiene que el riesgo de que la UE se quede sin margen es "escaso" porque la estrategia que se ha seguido "ha sido siempre gradual, nunca se ha usado el arsenal entero para sancionar a Rusia". El analista pone como ejemplo tanto los sectores que se han ido sancionando como la lista de los oligarcas. "El objetivo no es propiciar un colapso inmediato de la economía rusa, sino generar un enfriamiento lento pero eficaz".

En cuanto a los ámbitos, Íñiguez aclara que las sanciones aprobadas hasta ahora "afectan por ejemplo a algunos sectores energéticos, pero no afectan al gas, o no tanto como podrían". Esa es, dice, "la gran oportunidad que tiene la UE para sancionar a Rusia una vez que tenga las suficientes reservas, que parece que las tiene". Asimismo, "se podría profundizar en la desconexión económica de Rusia respecto a la Unión" e incluso "plantear junto a Naciones Unidas la posibilidad de crear un tribunal sobre crímenes de guerra, o reforzar las restricciones de entrada para los oligarcas u ofrecer asilo político a quienes huyan del Ejército. Eso último no es una sanción en sí misma, pero también sirve para la política contra Putin".

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