Miguel Ángel Aguilar  Cronista parlamentario

En ningún caso, ser leídos

Pedro Sánchez responde a Alberto Núñez Feijóo en el Senado.
Pedro Sánchez responde a Alberto Núñez Feijóo en el Senado.
EFE / JUANJO MARTÍN

Estamos en el Palacio del Senado. Suena en todo el edificio la sintonía que indica la inminencia del Pleno de la Cámara. Ocupa su lugar el presidente de la Cámara, a quien se le oye decir: "Señorías, vayan ocupando sus escaños. Se abre la sesión". 

Consume un turno de repulsa a los últimos asesinatos por violencia machista citando el nombre de las víctimas -María Trinidad, Abigail, María del Carmen y Eva María-, haciendo referencia a sus edades, lugares y fechas y dando cuenta de que conforme a lo acordado en la Junta de Portavoces se solicita a sus señorías que guarden un minuto de silencio. 

Sigue el acatamiento a la Constitución de diez senadores que han sido designados por la Asamblea legislativa de Andalucía después de las elecciones celebradas el 19 de junio pasado, según preceptúa el artículo 69 de la Carta Magna a tenor del censo de población de la mencionada Comunidad Autónoma y respetando la adecuada proporcionalidad

El señor presidente del Senado señala que comparece el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para informar sobre el plan de ahorro y gestión energética y su perspectiva territorial, así como del contexto económico y social del mismo. Se levanta de su escaño Sánchez y accede a la tribuna de oradores con un fajo de folios que lee durante casi una hora, habida cuenta de que su intervención carece de límite temporal. 

Momento en el que su antagonista esa tarde, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, hubiera debido invocar el artículo 90.1 del reglamento de la Cámara, a tenor del cual "en cualquier estado de la discusión podrá pedir un senador la observancia del Reglamento, citando los artículos cuya aplicación reclama". 

¿Y cuáles son esos artículos? Los que figuran en el Capítulo Sexto, "Del uso de la palabra", perteneciente al Título Tercero, "De la organización y funcionamiento del Senado". Empecemos por el artículo 84.1, que dice así:

"Todo Senador podrá intervenir una vez que haya pedido y obtenido la palabra. Los discursos se pronunciarán sin interrupción, se dirigirán únicamente a la Cámara y no podrán, en ningún caso, ser leídos, aunque será admisible la utilización de notas auxiliares".

Repetimos, los discursos no podrán, en ningún caso, ser leídos. ¿Imaginan los lectores cómo hubiera cambiado la dinámica del Pleno del Senado que estamos comentando si se hubiera cumplido el Reglamento de modo que se hubiera impedido a los senadores leer sus intervenciones, cómo se habrían acortado sus discursos, de qué manera habrían mantenido la conexión con el auditorio y qué catarata de datos numéricos imposibles de retener de manera inteligible nos habrían ahorrado? ¿Y para cuándo una reforma del reglamento del Congreso de los Diputados que impida también la lectura de los discursos? Continuará.

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