El euro sigue hundiéndose frente al dólar y agrava aún más las dificultades económicas de Europa

Evolución del tipo de cambio entre el euro y el dólar desde que se creó la divisa europea.
Evolución del tipo de cambio entre el euro y el dólar desde que se creó la divisa europea.
Carlos Gámez

El desplome imparable del euro frente al dólar se ha profundizado tras la subida en los tipos de interés aprobada por la Reserva Federal (Fed) estadounidense el miércoles. Una tendencia que no tiene visos de parar en los próximos meses y que agrava aún más la crisis energética que amenaza con sumir a Europa en una recesión ya en 2022.

Este jueves la divisa estadounidense se cambiaba por 0,988 euros, un nuevo mínimo sin precedentes desde que la moneda europea empezó a circular en enero de 2002. La decisión de la Reserva Federal estadounidense de encarecer el precio oficial del dinero hasta el 3% -es la quinta vez que sube los tipos en 2022- ha reforzado aún más al dólar frente al resto de divisas del mundo, que no están siendo capaces de seguir el ritmo endiablado de subidas de la Fed. Conviene recordar que cuando un banco central eleva los tipos de una divisa tiende a aumentar su valor frente a las que no lo hacen.

En lo que llevamos de año, el euro ha perdido el 15% de su valor frente al dólar y esto tiene consecuencias directas para las economías europeas. La primera y más preocupante es que encarece el coste de las importaciones. Algo especialmente dañino cuando el Viejo Continente afronta una crisis energética sin precedentes, más si se tiene en cuenta que las naciones europeas necesitan comprar buena parte de la energía con la que alimentan sus economías más allá de sus fronteras. 

La inmensa mayoría de las materias primas que se compran y venden en el mundo se comercian en dólares. El petróleo o el gas licuado estadounidense con el que Europa está tratando de suplir los suministros rusos se pagan en la divisa estadounidense. Y si el euro es débil, el sobrecoste que los países europeos pagan por la energía aumenta.

En este sentido, el ejemplo del petróleo es muy ilustrativo. Un barril de Brent (la referencia en Europa) cuesta hoy 90,4 dólares en el mercado, lo que se traduce en 91,5 euros. Sin embargo, si aplicáramos el tipo de cambio que estaba vigente cuando empezó 2022, bastaría con 79,6 euros para comprar ese mismo barril. Una diferencia de casi doce euros por barril. Este fenómeno, que también ocurre con el gas, contribuye a mantener alta la inflación, y provocan que se note menos la caída en los precios de las materias primas registrados en las últimas semanas.

El lado positivo que tiene la debilidad del euro es que los productos que se producen en el Viejo Continente pasan a ser más atractivos para los compradores estadounidenses. Un fenómeno que, en plena crisis energética y con la amenaza de una recesión global a la vuelta de la esquina, no compensa los efectos negativos.

El euro seguirá cayendo

La mayoría de los analistas apuntan a que el euro todavía seguirá devaluándose frente a la divisa estadounidense. Una de las razones es que la Fed no solo ha subido los tipos de interés mucho más rápido que el Banco Central Europeo (BCE), sino que ha comunicado que seguirá haciéndolo en los próximos meses. Los banqueros de la Reserva Federal avisan de que su objetivo es embridar la inflación a toda costa, aunque el precio a pagar sea que la economía se frene y las familias sufran.

Sin embargo, los analistas coinciden en que el BCE no puede permitirse seguirle el ritmo a la Fed. En primer lugar, porque la situación de las economías europeas es mucho más precaria que en Estados Unidos. En la eurozona todavía hay países que no se han recuperado del hundimiento que causó la Covid (entre ellos, España) y en muchos otros la recuperación es todavía débil. Además, con una guerra en su patio trasero y una mayor exposición a la crisis energética, el daño que podría causar a la economía una subida agresiva de tipos en Europa sería mucho mayor.

Asimismo, hay que tener en cuenta que las economías del euro tienen un problema añadido: la fragmentación financiera. Si el BCE se ceba encareciendo el precio del dinero, las primas de riesgo de los países del sur podrían dispararse a niveles peligrosos. Y aunque las primas todavía están en niveles asumibles, Europa tiene muy reciente el recuerdo de la crisis que hace una década a punto estuvo de hacer saltar por los aires el proyecto de moneda única.

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