La batalla personal de un padre para conseguir una ley antibullying: "Hay que proteger a los niños como lo más valioso"

Kira, víctima de acoso escolar, junto a sus padres.
Kira junto a sus padres, José Manuel y María José.
Cedida por José Manuel López Viñuela

Hace apenas unos días, Saray, de 10 años, intentaba quitarse la vida arrojándose desde la ventana de su vivienda en un cuarto piso, en  Zaragoza. La menor había dejado una carta de despedida, donde describía haber sufrido bullying en el colegio al recibir insultos racistas y agresiones por parte de sus compañeros. Por suerte, la joven sobrevivió a la caída, aunque le produjo lesiones graves.

Como Saray, miles de estudiantes sufren los dolorosos envites del acoso, quitándose la vida en el peor de los casos presos del dolor, el miedo y la soledad. José Manuel López Viñuela, que perdió a su única hija, Kira, de 15 años, por culpa del bullying, lo sabe bien. Por eso, está realizando una petición al Gobierno para la creación de una Ley de Acoso Escolar.

"Cuando dejas a los niños en la escuela, la patria potestad pasa, de alguna manera, a ser de los profesores", cuenta en conversación telefónica con 20minutos. "Esperas que les enseñen y los protejan. Yo pensaba que dejaba a Kira en buenas manos".

Su pesadilla empezó el 19 de mayo de 2021, cuando Kira se disponía a ir al colegio, como cada mañana, en el barrio de Sant Andreu, Barcelona. O eso era lo que esperaban sus padres. Sin embargo, minutos después de que saliera por la puerta, se la encontraron en el suelo tras haberse lanzado desde la azotea del edificio: se había suicidado como consecuencia del acoso escolar. "Ha pasado más de un año y la pena sigue dentro, yo siempre digo que me cambiaría por ella", confiesa antes de agregar el motivo por el que su hija se suicidó: estaba "hasta arriba" y nadie hacía nada.

Los niños son el bien más preciado de cualquier país, hay que protegerlos como lo más valioso

Fue tal la impotencia, que José Manuel encontró en el activismo una manera de desahogo, de sentirse útil, de ayudar a los miles de jóvenes que están en la misma situación en la que un día estuvo su hija. Así, inició una recogida de firmas en Change.org, donde ya acumula más de 200.000, para pedir al Ministerio de Educación una ley antibullying que suponga un punto de inflexión. "La noche anterior me abrazó y me dijo que me quería mucho y que era el mejor papi del mundo. Esa fue su forma de despedirse… Ahora lo sé", escribe en la web.

"Los niños son el bien más preciado de cualquier país, por eso hay que protegerlos como lo más valioso", destaca al exponer la importancia de que existan leyes de acoso escolar, problemática que causa más de 200.000 suicidios al año en todo el mundo entre jóvenes de 14 a 28 años, según la OMS. "El bullying no es cosa de críos, es algo muy serio y tiene muchas secuelas que pueden afectar hasta de adulto", agrega.

Por ello, exige una ley que garantice la reparación de la víctima y evitar que sigan sucediendo casos de acoso escolar, ya que considera las actuales medidas "insuficientes" y "muy generalistas". Para que sean eficientes, López señala que tiene que haber un "interés real por parte de los legisladores" y "no solo cuando salga una noticia exponiendo un caso grave".

"Ni el acoso escolar ni la inacción de los centros tiene, actualmente, consecuencias legales reales", destaca José Manuel, haciendo énfasis en que eso provoca una frustración en las víctimas que les "impide avanzar y convertirse en supervivientes". "Las violencias contra menores no pueden salir gratis a costa de su frustración, su salud mental y en muchos casos su propia vida. Por eso se necesitan leyes que les amparen y garanticen que tendrán justicia", recalca.

En este sentido, subraya que las charlas, colgar pósteres o hacer campañas está bien, pero que "hace falta más", puesto que esas cosas llevan años haciéndose y los resultados no mejoran. "Mi hija se suicidó por culpa del bullying y ella misma, junto con otros compañeros, había hecho una campaña contra el acoso escolar en el colegio", reconoce al ejemplificar la escasa efectividad de ese tipo de actividades.

"La ley que estoy pidiendo no es para mí, mi hija ya está muerta, lo hago en honor a ella y para beneficiar a los niños y adolescentes que siguen aquí", explica José Manuel, añadiendo que, con las acciones que realiza, también pretende poner en guardia y ayudar a otros padres, puesto que, según comenta, muchos no se dan cuenta o solo suelen ver "la punta del iceberg".

Por otro lado, indica que muchos progenitores prefieren solucionar el problema y callar para que el hijo no sea señalado. De este modo, cuenta que, cuando empezó a denunciar en el centro de Kira que la estaban acosando, le hicieron creer que solo le ocurría a ella, a ninguna niña más. "Yo me enteré de otros casos de acoso que existían ahí después de que mi hija muriera, y eso pasa porque no se rompe el silencio", insiste.

Así, apunta que la sociedad no se toma el bullying en serio. "A mí me han llegado a decir que mi hija se suicidó porque tenía problemas mentales, y Kira no tenía ninguna patología", explica, apelando que a los niños acosados les hacen creer que su vida no vale nada: "Piensan que la culpa es suya y de su personalidad, ya que si la mayoría le dice una cosa y los demás callan, al final se lo creen".

Protocolos contra el acoso escolar

José Manuel expone que, actualmente, para poder intervenir en un caso de bullying, se tiene que dar que haya un acoso continuado en el tiempo. Sin embargo, sugiere que habría que intervenir desde el primer conflicto con el fin de garantizar que los niños estén siempre seguros en la escuela.

"El acoso laboral es delito, el acoso a las mujeres también, ¿por qué si pasa en la escuela deja de serlo? A los niños no se les va a aplicar una sentencia, pero se les puede reconducir", manifiesta López, argumentando que esta circunstancia tiene que tener "algún tipo de consecuencia" y que, por ello, es vital la aplicación de protocolos y medidas adecuadas

Con el planteamiento de esta ley, López pretende que se cambien las inspecciones educativas, pues, según comenta, los protocolos adoptados por las 17 consejerías de educación que hay por cada comunidad no resultan eficientes. "Las inspecciones las realizan teniendo en cuenta solo al colegio, y todo queda ahí, llegando incluso a que el centro no informe a los padres sobre la evolución del caso acogiéndose a la Ley Orgánica de Protección de Datos", puntualiza.

Además, también menciona la importancia de los padres y los maestros que presencian actitudes de acoso no permitan estas situaciones: "Mirar hacia otro lado es un delito que se llama comisión por omisión, y la sociedad debería ser consciente de ello cuando observa actos de este tipo". Así, por ejemplo, la Fiscalía de Huelva ya ha tomado medidas para imputar a los docentes que no cumplan con su obligación de investigar los posibles casos de bullying.

El bullying más peligroso es el silencioso o psicológico porque es difícil de detectar y, encima, está más abandonado

Para la elaboración de la ley, José Manuel pide que se dé formación a los profesores para que sepan detectar el acoso escolar y no "pongan la excusa de que no saben identificarlo o gestionarlo". "El bullying más peligroso es el silencioso o psicológico porque es difícil de detectar y, encima, está más abandonado", afirma al comentar que la mayoría solo actúa ante casos de violencia física.

En este sentido, también considera fundamental que se invierta en prevención poniendo al mismo nivel tanto la educación emocional como la intelectual, dado que, según apunta, se necesitan seres humanos que sepan "manejar sus emociones y las de los demás, así como desarrollarse y relacionarse con otras personas".

"¿Creen que puedo vivir pensando que mi hija se quitó la vida porque no la trataron bien? Si sus compañeros hubieran tenido una buena educación emocional y la hubiesen tratado un poco mejor, estaría viva", indica José Manuel, agregando que, aunque la enseñanza en valores en casa también es importante, en la escuela lo es aún más porque es donde los niños pasan gran parte del día.

Coordinador de bienestar

José Manuel López señala que otro aspecto primordial es que los centros educativos no pueden ser "juez y parte", por lo que la nueva figura del coordinador de bienestar debería ser externa: "Tiene que ser un funcionario, preferiblemente un educador social, que tenga conocimiento en cómo detectar violencia entre los niños, pero, sobre todo, que no esté en nómina del director". 

En este sentido, Pedro Sánchez le mandó el año pasado una carta comentándole que crearía el coordinador de bienestar contra el bullying, pero, para López, ha establecido una figura que sigue dependiendo de "los intereses de los centros". 

De la misma forma, esta medida también cuenta con un problema: casi nadie quiere ofrecerse para este nuevo rol. En Madrid, el 99,9% de los docentes no quiere asumir voluntariamente ese papel, según informa El País. "Los centros ponen a un maestro, que tal vez no esté especializado, y lo sobrecargan de trabajo sin una subida de sueldo o muy escasa", sugiere José Manuel como motivo de la poca iniciativa de los profesores.

"Con la ley pido que se coloque a un profesional externo que se dedique a cuidar la salud mental y física de los niños sin que los directivos le puedan decir cómo lo tiene que hacer" enfatiza López al puntualizar que es indispensable que el coordinador actúe y decida bajo su propio criterio.

Te hacen creer que el problema lo tiene tu hijo, que no se sabe defender, y ese no puede ser el punto de vista

Asimismo, exige una ley que no dé opción a interpretar las medidas o actuaciones que se deben llevar a cabo en cualquier acción de acoso. "Así como los delitos que puede cometer un adulto están recogidos en el Código Penal, todo lo que le pueda ocurrir a un niño y las consecuencias de esos actos deben estar también escritos", declara José Manuel.

Respecto a esto comenta que en las situaciones en las que el acoso es físico es más fácil denunciarlo. Sin embargo, expresa que el problema es cuando el acoso se trata de actos como aislamiento social, miradas de desprecio, burlas, etc., los cuales, en la actualidad, no están constituidos como delitos que se pueden denunciar en un juzgado.

"Hoy es fácil mirar atrás y pensar en todo lo que debía haber hecho, pero entonces no disponía de la información que tengo ahora", expone José Manuel, asegurando que no descansará hasta que se apliquen normas efectivas y se empiece a tomar en serio cuando un niño o adolescente insinúa que está siendo acosado. "Es que te hacen creer que el problema lo tiene tu hijo, que no se sabe defender, y ese no puede ser el punto de vista", defiende. 

Por último, el padre de Kira concluye que el 3 de noviembre, coincidiendo con el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, tiene pensado entregar en persona todas las firmas recogidas a la ministra de Educación, Pilar Alegría, para trasladarle la importancia que supone la creación de la ley para miles de personas.

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