¿Eres ortoréxico o guarrindongo?

Una gran variedad de frutas.
Una gran variedad de frutas.
Ireneusz Skorupa (iStock).

Eso de ortoréxico me lo espetó el otro día un amigo. Nunca lo había escuchado y me lo tuvo que explicar. Viene a señalar a las personas obsesionadas con la comida sana y puede que tenga razón, cada día me preocupa más qué como, cómo y dónde se producen los alimentos.

Yo le devolví el adjetivo con otro mucho más castizo, guarrindongo, que solo comes ultraprocesados. Acabamos en tablas, admitiendo que ambos somos omnívoros, aunque seguramente yo pertenezca a ese sector interesado en alimentarse bien, de forma saludable para nosotros, nuestra conciencia y el planeta. Pero seguimos siendo minoría. Lo de la cesta de Díaz y Garzón no acaba de cuajar.

Es una opción complicada, no lo niego. En lugar de buscar ofertas, que también, nos tiramos nuestros buenos ratos en el supermercado descifrando el mensaje oculto de las etiquetas, tratando de adivinar el origen real de los productos (esas naranjas Valencia que vienen de Sudáfrica, por poner un ejemplo), interpretando la fiabilidad de las certificaciones de ecológico, bienestar animal, vegano, vegetariano, sostenible, reciclable, compostable, sin grasas de palma, transgénicos, colorantes o conservantes artificiales.

Llamadnos exagerados, pero los del otro bando alimenticio, los amigos de los envasados, los blíster, la bollería industrial y las comidas preparadas comprarán más rápido pero están hechos un asquito. Vaya panorama. Los beneficios de su consumo marquetiniano se los lleva la industria agroalimentaria y los gastos médicos los pagamos entre todos con la sanidad pública. Pero resulta que los raritos somos los que pasamos de la publicidad y cocinamos en casa.

Sin caer en la ortorexia, creo que deberíamos repensar nuestros menús. Por el bien de todos.

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