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Rusia cierra el grifo del gas, ¿y ahora qué?: "Europa se ha ido preparando, pero no hay solución mágica para este embrollo"

Estación receptora de gas del gasoducto Nord Stream 1 del Mar Báltico.
Estación receptora de gas del gasoducto Nord Stream 1 del Mar Báltico.
EP
Imagens del Nord Stream 1.
Europa Press

Era la peor de las noticias en un escenario ya de por sí complicado, y ha llegado: Rusia cierra el grifo del gas hacia Europa. El Nord Stream 1, que conecta con Alemania, dejará de funcionar hasta nuevo aviso mientras Moscú culpa a la Unión Europea de este extremo por imponerle sanciones tras la invasión de Ucrania. No habrá una solución a corto plazo para este problema, y la UE mira con cierta prospectiva hacia el futuro. ¿El momento clave? El año 2027, cuando Bruselas tiene previsto reducir a cero las importaciones energéticas desde Rusia. Pero hasta entonces hace falta un cambio importante de rumbo. Europa está en una encrucijada después de años de dependencia.

Enrique Chueca, analista de Future Policy Lab, explica a 20minutos que "con el cierre del Nord Stream lo que ha cambiado de forma muy clara es la confianza en Rusia como socio fiable del que importar gas. Esto ha desaparecido". Tras esta decisión, "la UE tiene remplazar en torno a 30.000 millones de metros cúbicos en el cortísimo plazo". Eso hace que en adelante, esgrime Chueca, "se tenga que considerar reemplazo permanente de sus suministros incluso si es en forma de capacidad de reserva".

La fórmula para esto es clara pero no por ello sencilla. "Desde un punto de vista de seguridad energética los países europeos con dependencia del gas ruso deberán mantener una capacidad de transporte sin ocupar equivalente a cualquier entrada de gas ruso para ser independientes", expresa el analista. Aquí se erige Estados Unidos como una buena alternativa: "EE UU es un buen reemplazo, pero no el único, Noruega y Azerbaiyán pueden incrementar en torno al 10.000 millones de metros cúbicos y Europa dispone de en torno a 200.000 millones de capacidad regasificadora total incluyendo la posibilidad de regasificar desde Reino Unido".

Precisamente la mirada debe ponerla Europa en la diversificación, para que no se repita el error cometido con Rusia. Así lo ve Chueca. "Buscar únicamente en Estados Unidos como origen sería una visión muy limitada ya que el mercado de regasificacion es global y por ende permite una diversificación mucho mayor de los suministradores (aunque a un coste superior al del gas por gaseoducto)", sostiene.

Con respecto a la centralidad de España, gran parte de la capacidad de regasificacion europea esta allí, el problema es la interconexión existente entre la red de gaseoductos europeos

"Con respecto a la centralidad de España, gran parte de la capacidad de regasificacion europea esta allí, el problema es la interconexión existente entre la red de gaseoductos europeos", prosigue el analista de FPL. Actualmente las interconexiones gasísticas funcionan a un 20-30% de su capacidad total, por lo que hay espacio todavía para trabajar en ese sentido y se puede "conectar España a otros nodos de la red europea para evitar potenciales cuellos de botella y ser capaces de proveer a la UE en Europa central y del este". 

Ese escenario, pese a los giros de los últimos días sobre el MidCat, sigue abierto. "La Comisión Europea está precisamente estudiando técnicamente la conveniencia de estas conexiones", recuerda Chueca, antes de añadir que "hasta hace dos días España tenía almacenada 50,5% de todo el gas de la UE, en un 71% de nuestra capacidad declarada", según ALSI GIE. "Esto solo señala lo inmensamente conveniente que es tener capacidad de envío disponible a todos los Estados miembros", concluye.

Otra pregunta dada la situación es si existe a corto plazo una opción viable que pueda reemplazar el suministro del Nord Stream 1. "Es una combinación de estrategias que la UE ya esta realizando como la compra avanzada de gas y los mínimos de almacenamiento", continúa Enrique Chueca. Con el tiempo se puede ir viendo la luz al final del túnel. "A medida que la situación se vaya estabilizando y los contratos de suministro se vayan estableciendo para cubrir las necesidades de esta nueva realidad estratégica, en tándem con la realización de inversiones sobre infraestructura, veremos un retorno paulatino a la nueva normalidad", termina el analista.

En un contexto casi desconocido para Europa, Isabel Valverde, especialista en energía y analista en El Orden Mundial, añade que Europa "lleva mucho tiempo preparándose para esta situación y se han dado una serie de compromisos a lo largo de todos estos meses, como por ejemplo, reducir el consumo. Todos los planes que se han aprobado o los acuerdos de diversificación de suministro iban para prepararse para este escenario". Tras esa reflexión general, la analista reconoce que "no hay una solución mágica para este embrollo, pero Europa está preparada. Se sabía que esto iba a llegar". Y la salida más clara "es precisamente esa diversificación".

Dicho esto, el GNL jugará ahora un papel fundamental. "¿Vamos a tener que aumentar las importaciones de GNL? Por supuesto, y no solo con Estados Unidos, sino también con otros países con los que los Estados miembros han llegado a acuerdos bilaterales". Y también yendo al mercado que, eso sí, "está muy, muy caro". España, vista esta panorámica, "incrementará sus importaciones y las exportaciones al resto de Europa". La situación en este sentido es propicia para el país: España cuenta con el 35% de la capacidad de almacenamiento de gas de la UE (y Reino Unido). Francia tiene un 14%; Bélgica, un 6%; e Italia, un 5%.

Lo vamos a pasar mal este invierno, nos vamos a tener que apretar el cinturón

Valverde comenta además que esa capacidad de regasificación (que en España es muy potente, con un total de siete plantas tras la reapertura de la del Musel) también está aumentando en otros países como Alemania, que contará con una "tercera regasificadora flotante". Las opciones que le quedan a Europa son "más reducción del consumo, apostar más por las renovables e ir poco a poco afianzando el despegue de las importaciones de combustibles rusos. Las previsiones de la UE contaban con este escenario, y no hay una solución mágica". La conclusión es que "lo vamos a pasar mal este invierno, nos vamos a tener que apretar el cinturón, y el invierno que viene también, pero un poco menos", termina la analista.

¿Y la vía noruega?

El cambio de época ha conducido a los países a priorizar el pragmatismo sobre la defensa de los valores, y en esa ecuación tan complicada apenas se da chance al papel de un país: Noruega. Según los últimos datos de Eurostat, el país nórdico exporta a la Unión Europea el 8,7% del petróleo utilizado por los Estados miembros y el 18,6% del gas natural, unas cifras nada desdeñables que podrían alumbrar parte de la solución para el medio y el largo plazo. Pero no es tan sencillo.

De hecho, Noruega no da más de sí. "Noruega ya está ofreciendo el máximo de lo que puede disponer", avisó hace unos días su primer ministro, Jonas Gar Stere. Estas afirmaciones afectan sobre todo a los países que han decidido aumentar las peticiones a los nórdicos. Alemania, Reino Unido, Dinamarca o Países Bajos quieren más, pero Oslo no puede darlo: su potencia en energías renovables y suministros low cost no aseguran nada, porque ya en 2021 el país alcanzó cifras récord de exportaciones; y era un momento en el que Rusia no apretaba las tuercas a Europa.

El país nórdico no es la panacea para el nuevo escenario. En general, no tiene el impulso con el que sí cuenta (o contaba Rusia) pero para casos concretos sí puede ser de ayuda: Alemania, por ejemplo, importa ya el 38% del gas desde Oslo, una cifra muy similar al que exportaba desde Moscú (37%) el pasado mes de mayo, según los datos compartidos por el Ejecutivo germano. A nivel de la UE la voluntad política existe. Tanto es así que el pasado mes de junio la Unión y Noruega firmaron una declaración conjunta para reafirmar su cooperación, también a nivel energético.

Isabel Valverde explica que por ahora "no es viable que Noruega sustituya a Rusia como suministrador, como tampoco puede hacerlo por ejemplo Argelia". Pero "sí que se puede convertir en el principal exportador en el noroeste de Europa, con Alemania o Polonia como países digamos predilectos". En cambio, en el sur hay vías alternativas y "no tiene sentido que bombeemos todo este gas noruego".

Además, Valverde añade que "lo más importante ahora no es la rentabilidad" sino que "prima la seguridad energética" y para ello "es indispensable la diversificación de suministro", reitera. Por eso, "depender de Noruega no sería beneficioso para Europa -aunque salvando las distancias con el caso de Rusia-, porque acabaría de nuevo dependiendo de una arteria gasística, como ahora pasa con Moscú". Otra cosa a tener en cuenta es "la visión a largo plazo" porque "también tenemos otro proceso que es el de la transición energética, con el hidrógeno verde como elemento clave". Noruega "también se quiere posicionar en ese sentido" pero todavía tiene trabajo por hacer y, en cambio, "los corredores de hidrógeno del sur tienen una viabilidad mayor".

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