Moncloa desconfía de Francia al repetir con el MidCAT su estrategia histórica de aislar a España de la UE

  • La presión de España y Alemania tuvo efecto dos días: el martes Francia se abrió a estudiar el gasoducto, el jueves lo volvió a desechar y Macron anuncia "solidaridad".
  • ​El Gobierno no creyó del todo el anuncio de Le Maire y mantiene abierta la vía italiana, más complicada y cara.
Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en París.
Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en París.
EFE

"Francia tiene una situación energética muy complicada. Solo tiene operativo un tercio de su parque nuclear, con dificultades de incumplimiento de los plazos de puesta de funcionamiento de las centrales revisadas (...) Depende prácticamente cada minuto del día de la energía de sus vecinos, incluida España. Cómo es posible  que un país que está pudiendo afrontar una situación complicada por sus vecinos dificulte completar infraestructuras que son buenas". Con esta pregunta, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, manifestaba la incredulidad que en las últimas semanas se ha instalado en el Gobierno con respecto a la negativa francesa de retomar el proyecto del MidCAT, un gasoducto que uniría España y Francia por Cataluña y que serviría para transportar gas natural desde los puertos españoles y portugueses -adonde arriba licuado- al centro y este de Europa.

El análisis de Clara Pinar sobre los vaivenes de Francia con el MidCAt 

A medida que han pasado los días, en el Gobierno crece el desconcierto por declaraciones vagas, en un sentido y en el contrario, de miembros del Gobierno francés, que directamente se han ido tornando en "desconfianza" hacia el vecino transpireinaico.

Interconexiones energéticas entre España y el resto de la UE.
Interconexiones energéticas entre España y el resto de la UE.
Carlos Gámez

"Existe bastante desconfianza", resumen fuentes del Gobierno sobre cómo se afronta este nuevo episodio de las relaciones con Francia, un país vecino y amigo sobre el papel, pero con el que las fricciones se remontan en la Historia. Desde aquella proclama "Ya no hay Pirineos" que se atribuye a Luis XIV cuando en 1700 su nieto, Felipe de Anjou, se convirtió en en rey de España, dando inicio a la dinastía de los Borbones. Sin embargo, los avatares históricos muestran que esta afirmación no ha sido cierta y que Francia ha intentando por todo tipo de vías mantener aislada a España del resto de Europa. 

Para eso no es necesario remontarse cuatro siglos. Estos días, en el Gobierno aparece muy vívida la memoria de los palos en las ruedas a la entrada de España a la UE, que se retrasó hasta 1985. En 1982, ya con el PSOE en el Gobierno, el presidente francés, decía que sería un "desastre" la adhesión de un país que entonces, igual que Francia, era una potencia agrícola y que se llevaría una buena parte de los fondos de la PAC. François Miterrand apostaba por mantener las puertas "entreabiertas" de la UE para España. De una década después, de principios de los 90, son las imágenes de agricultores franceses tirando fruta española para que no atravesara los Pirineos. 

Más recientemente, a la negativa de París de hacer su parte para que la autopista que debería unir ambos países por Somport (Huesca). Este verano, el hoy Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad de la UE, Josep Borrell, recordaba en Santander que siendo ministro de Obras Públicas entre 1993 y 1996 "aprendió muy bien lo difícil que es llegar a acuerdos con Francia para hacer interconexiones transpirenaicas", sean de carreteras, líneas ferroviarias o energéticas. "En el túnel de Somport, por la parte española llega una autopista y por la parte francesa una carretera de montaña. Siempre ha sido un problema", decía Borrell.

El nuevo pulso con el gasoducto

Para esta rentrée, el affaire con Francia tiene que ver con la construcción de un gasoducto que una la Península ibérica con el resto de la UE a través de territorio francés. Es el conocido MidCAT, en referencia al proyecto que Madrid y París abandonaron en 2019. Aquel año, la Comisión Europea lo consideró una infraestructura prioritaria pero eran estos dos países quienes tenían que correr con los elevados gastos de construcción. El recién llegado Gobierno de Pedro Sánchez y el Elíseo concluyeron que no merecía la pena gastar tanto dinero para algo que tampoco era tan necesario.

Tres años después, la situación es muy diferente. El riesgo de que Rusia corte definitivamente el flujo de gas a la UE, del que depende casi totalmente la primera potencia económica, Alemania, y en buena parte también Italia, ha hecho que los ojos de medio continente se vuelvan a España y Portugal, que suman 10 de las 20 regasificadoras de la UE, en las que el gas natural licuado que se importa desde países más lejanos -que no son Rusia- se devuelve a su estado gaseoso, listo en caso necesario para ser transportado por gasoducto. "El gas no fluye de este a oeste" de la UE, sino "de oeste a este", decía hace unos días una alta funcionaria europea.

Recuperar el MidCat -adaptado para que en el futuro pueda llevar hidrógeno verde, renovable- ya llevaba meses en los intentos del Gobierno ante Bruselas y se volvió todavía más real cuando en agosto el canciller alemán, Olaf Scholz, apuntó a esta infraestructura como la manera de evitar la España de Damocles que se cierne sobre su país, que Moscú deje de enviarle gas. 

Para facilitar las cosas, la Comisión está dispuesta ahora sí a pagar el coste de construir el gasoducto. Es algo que exigía España -al considerar que ya no solo beneficiará a España y Francia, sino sobre todo a otros países de la UE- y que eliminaba el motivo por el que en 2019 no se construyó el MidCat. Fuentes del Gobierno dan por supuesto desde hace meses que Bruselas será la que pague. Hace unos días, la número 3 de Energía del Ejecutivo comunitario, Mechthild Wörsdörfer, prácticamente lo confirmaba. "Hemos decidido no financiar gasoductos, sino concentrarnos en la electricidad, pero en la situación actual se han identificado conexiones deficientes y hemos estudiado lo que hace falta para conectarlos", dijo en el Parlamento Europeo. 

Sin embargo, falta el necesario 'sí' de Francia, que se resiste por razones que el Gobierno español es incapaz de vincular con la crisis energética y la necesidad de suministro que también tiene el país vecino. Es aquí donde aparecen sin disimulo las muestras de la desconfianza hacia París que confirman fuentes oficiosas y muestran también otras de modo oficial.

Resistencia francesa

El martes pasado y tras el anuncio del ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, de que estudiarían el proyecto, Ribera hizo declaraciones a los medios para celebrar este cambio de postura y congratularse por una posición en la línea de la solidaridad europea. Este cambio se operó horas después de que Sánchez y Scholz redoblaran cerca de Berlín su presión conjunta a París para que permita las obras por su territorio. Era una acción más en la búsqueda de ambos dirigentes de la celebración de una 'minicrumbre' en la que también participarían la Comisión Europea, Italia y Portugal y en la que es imprescindible Francia. "Desde el momento en que el presidente del Gobierno español y el canciller alemán lo piden, desde que los amigos lo piden, examinamos la demanda de nuestros amigos, de nuestros socios", dijo el ministro francés.

Sin embargo, ya entonces no convenció del todo a Gobierno español. De las palabras del martes de la vicepresidenta se desprendía también un resquemor que confirman en otros departamentos del Ejecutivo. Preguntada sobre si con el compromiso de Francia llevaría a abandonar la vía italiana -la construcción de un gasoducto submarino entre Barcelona y Livorno-, Ribera repitió que sería más caro y más complicado, pero no lo descartó, entre otras cosas en función de los tiempos de construcción que fijara Francia. España se ha comprometido a tener su parte en ocho o nueve meses y todavía es una incógnita qué planes tiene París.

Si es que tiene algunos para construir el MidCat, algo que a medida que avanzaba la semana parecía cada vez más improbable. El jueves, varios medios informaron de que fuentes del Ministerio de Transición Energética daban marcha atrás y afirmaba que el gasoducto "no es una respuesta a la actual crisis energética".

Este viernes, tras una reunión restringida sobre energía que presidió Emmanuel Macron, la ministra del ramo, Agnès Pannier-Runacher, mantuvo la incógnita. Aseguró que Francia mantendrá "la solidaridad recíproca" con países como España y Alemania este invierno para intercambiar gas y electricidad. Pero ni rastro de MidCat por la parte francesa, que el Gobierno español querría ver acabado para el otoño de 2023.

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