Borja Terán  Periodista

El truco televisivo de la cocina de Arguiñano

Karlos Arguiñano en su cocina
Karlos Arguiñano en su cocina
Atresmedia

Karlos Arguiñano llegó a TVE en 1992 para cubrir el hueco de programas de recetas de cocina que había dejado libre Elena Santonja. Difícil tarea, ya que Con las manos en la masa era pura creatividad. Una conversación distendida entre fogones, donde referentes de la cultura abrían su vida a fuego lento.  

Sin embargo, Arguiñano se centró en lo suyo: guisar un menú para cada día. Sin nadie alrededor. Él se enfrentaba a solas con el espectador. Ni siquiera la cocina era demasiado grande. Pero ya entonces la escenografía se construyó con elementos vivos. Como una cocina de cualquier casa en la que cada cajón cuenta con su utilidad. Incluso había ventanas en el decorado que podían abrirse y dar juego escénico. Si Arguiñano quería, hablaba con los vecinos. Hasta le traían huevos por la ventana.  No tenía vecinos, claro, sería alguien de producción, pero así enriquecía el show.

Arguiñano llegaba a la pantalla en tiempos de una televisión muy imaginativa. Es fruto de aquella generación en la que los decorados tenían puertas y ventanas para ayudar a que fluyera un guion ávido de que pasaran cosas en cada capítulo. 

Aunque en tele, a menudo, los decorados son tan de mentira que ni se pueden habitar. Las escaleras no tienen fin, las paredes son de tambaleante cartón. Pero el truco de la cocina de Arguiñano está en que está construida a conciencia desde sus orígenes.  Todos los elementos del plató, pequeño plató, están a disposición de la verborrea de Arguiñano.  

Con el paso de los años, su cocina ha ido creciendo. Ahora tiene más profundidad y sus paredes han dejado atrás la madera barnizada para centrarse en un luminoso blanco que da un tono acogedor al ambiente. Aunque su escenografía siempre se ha mantenido una peculiaridad: está llena de la mochila de la televisión creativa con la que Karlos llegó en los noventa. Su decorado no sólo cobija utensilios de cocina listos para que no falte nada durante la receta a realizar, sino que también atesora muñecos, marionetas y hasta atrezo que uno se puede poner encima. Siempre a mano para estar disponibles ante cualquier ocurrencia del comunicador. 

Hace mucho que Arguiñano dejó de ser sólo cocinero, sobre todo es un gran comunicador que transmite verdad. Su triunfo es que se ha convertido en un infalible acompañador. Como ese familiar travieso que sabes que no falla porque confía en ti.

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