Falsos remedios

Tortitas de arroz.
Tortitas de arroz.
GTRES

Lo acaba de advertir la OCU: ni las tortitas de arroz ni las de maíz sirven para adelgazar; en realidad, engordan. Dejas de lado el pan blanco, tan denostado como necesario para el desayuno, y resulta que el aire comprimido promueve los michelines más que la propia miga.

Desde que Sócrates, tan sabio, dijera “solo sé que no sé nada”, uno tiene la sospecha conspiranoica de que los remedios profundizan el problema. Cuanto más lees, menos sabes. Cuanto más corres, menos avanzas. Cuanto más duermes, más te cansas. Y los champús anticaída provocan alopecia.

El dictamen de la OCU parece confirmar el complejo mecanismo social que uno sospechaba: los remedios del mercado podrían ser fraudes benéficos que sirven para que el consumidor permanezca en la pelea, pero sin atacar los fundamentos de su problema. Se le mantiene en una lucha constante, en un empate eterno, porque lo importante es el camino y no la meta, como difunden los gurús de la autoayuda. El remedio real no es rentable ni económica ni anímicamente: supone cumplir el objetivo, o sea, dejar de tener alicientes, expectativas, esperanza. Conozco altos funcionarios que, después de obtener la plaza con mucho esfuerzo personal y familiar, volvieron a opositar. Y se han pasado la vida así, hincando codos. Si el multimillonario Donald Trump dejó el golf en Miami para presentarse a las elecciones de Washington no fue para jodernos la vida, sino porque sin problemas no se puede vivir; sin un punto del horizonte hacia el que dirigirse, el horizonte, tan vasto, nos abruma.

Dijo Francisco Umbral, cuando por fin logró que se hablara mucho de sus libros, que el éxito está vacío, y algo parecido expresa la película/documental A través del tiempo sobre el escritor Kurt Vonnegut (en Filmin). Cuando alcanzó el soñado éxito, cuando le puso remedio a su enorme ambición de gloria, el bueno, el genial Kurt cambió de casa y de mujer, pero se quedó tan vacío como una burbuja de jabón.

Cuidado con remediar tu problema, querido amigo, querida amiga, que puedes descubrir que solo eras eso, un problema con patas. Como todos, vaya. Disfrutemos de nuestros problemas, pues. Y también del pan blanco; ahora que, para bien o para mal, la OCU nos ha quitado la venda.  

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