Juan Luis Saldaña  Periodista y escritor

Hago A. Me acusan de A. Niego A.

El ruido es el mejor argumento cuando no hay argumento.
El ruido es el mejor argumento cuando no hay argumento.
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Es una de las fórmulas más utilizadas en la nueva política. Hemos superado la vergüenza de la hemeroteca. Los políticos desean ser inmunes al pasado de los otros y a su pasado en particular. En algunas ocasiones, según el nivel de cara dura, lo van logrando. Si el pasado no cuenta, ¿Qué nos queda? Llenar el debate de ruido, ensuciar todo lo posible para que el barullo no deje a cada uno sacar sus conclusiones.

Superado eso, lo próximo es negar el pasado inmediato. Negar el ayer, negar el hoy, negar el ahora. El esquema se repite. El dirigente toma una decisión. Está en su derecho de hacerlo y puede equivocarse. Ante la contestación social y el barullo de los medios de comunicación, el político niega haber hecho eso que se puede leer rebuscando en el BOE. El problema es que hay poca gente con capacidad y tiempo para rebuscar. Después de recibir acusaciones de algo que ha sido real, después de haberlo negado ya solo queda atacar al mensajero.

"Negar lo que dice una ley que acabas de publicar es un modo perfeccionado y perverso del cinismo"

Sobre los mensajeros habría mucho que hablar. Unos reciben más ataques que otros.  Siervos, lacayos y vendidos. Pero necesitamos ilustrar esta fórmula con algún ejemplo. Ahí va: la nueva ley de educación dispone que se va a estudiar menos filosofía en el bachillerato. Se puede leer en el texto legal. Cuando se lo hacen notar, cuando se lo echan en cara, la ministra lo niega. Sucede lo mismo con el porcentaje de clases en español en Cataluña. Los políticos y algunos protagonistas de la sociedad se apresuran a negar una realidad que puede leerse en la ley. 

Después llega la acusación al mensajero, la etiqueta, la estrategia del calamar y las opiniones tangenciales basadas en una sociología vaga o en una opinión barata de “yo vivo aquí y no lo veo tan mal”. Las acusaciones sobre la negación de la realidad aumentan entre la clase política. Se puede ver haciendo una búsqueda en la red. Abusamos del término negacionismo para apartar de la sociedad a las ovejas malas, pero esta otra forma de no querer ver es también muy preocupante. Negar lo que dice una ley que acabas de publicar es un modo perfeccionado y perverso del cinismo y es dejar claro que estás absolutamente convencido de que la sociedad es, mayoritariamente, idiota.

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