Juan Luis Saldaña  Periodista y escritor

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La elegancia y el respeto a la intimidad son grandes virtudes.
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En El asno de oro, Apuleyo, en el siglo II d.C. narra el mito de Cupido y Psique. Cupido debía lanzar una flecha a Psique, pero, al verla, se enamora de ella. Tira la flecha al mar y se lleva a Psique a su palacio. Los dos viven una historia de amor y ella, después de algunos avatares, se esfuerza por recuperar el amor perdido. En otra parte del mundo, el mito egipcio de Isis y Osiris había mostrado también una historia de amor algo truculenta, con engaños y seducciones, y que iba mucho más allá de la muerte.

En Japón, la leyenda de Sakura cuenta una preciosa historia de amor entre un árbol hechizado que toma la forma humana y una chica que prefiere convertirse en árbol por amor antes que seguir viviendo en un mundo de odio y guerra. En El arte de amar, Ovidio explica con detalle el cortejo, cómo conquistar el amor, cómo mantenerlo y, si fuera necesario, cómo recuperarlo. Es interesante conocer el origen de la historia de san Valentín, que casaba a soldados con sus prometidas en las cárceles del imperio en los tiempos en que el cristianismo fue prohibido por Claudio II.

Siglos más tarde, la historia de Romeo y Julieta escrita por Shakespeare ofrece una muestra del amor romántico que prefiere la muerte antes que la separación. La belleza y la delicadeza brillan en mitad del odio y muestran la magia que nace en el amor en pareja. Casi dos siglos más tarde, Goethe en Las penas del joven Werther insiste en la fuerza desmedida del amor, en la elegancia romántica que lleva, a veces, a la desesperación.

El rojo y el negro, Cumbres borrascosas, Madamme Bovary, Anna Karenina, Orgullo y prejuicio, El gran Gatsby, La princesa prometida, Cyrano de Bergerac, La dama de las Camelias, Bodas de Sangre, Rayuela y tantas otras obras que, a lo largo de los años, nos recuerdan la belleza y la magia que puede tener una historia de amor. Todas estas narraciones sirven para explicarnos a nosotros mismos, para comprendernos y para entender quizá una pequeña parte de lo que es el amor y la fuerza y la sensibilidad que puede llegar a tener.

Por eso, amigo mío, no parece buena idea que, después de todos estos siglos, llegues tú -testosterona y tecnología-, te saques una foto de tu miembro viril y se la envíes a esa persona especial. No has entendido nada. 

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