Sánchez vuelve a quedarse solo defendiendo su giro sobre el Sáhara y un pacto con Rabat para evitar "todo lo que ofende a la otra parte"

  • La oposición, pero también los aliados parlamentarios del Gobierno y Unidas Podemos, critican duramente el viraje.
  • El presidente lanza un dardo a Podemos: "Lo que desmoviliza a la izquierda es que nos afanemos en subrayar las diferencias".
El presidente Pedro Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, este miércoles.
El presidente Pedro Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, este miércoles.
EFE

Nuevo debate sobre el Sáhara, mismo resultado que en el que se celebró a finales de marzo: el PSOE sigue siendo el único de los principales partidos que defiende el viraje del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental e implantar un régimen de autonomía en la región. El Congreso volvió a ser este miércoles el escenario que utilizaron tanto la oposición como los habituales aliados parlamentarios del Ejecutivo para cargar contra este movimiento, y Sánchez se quedó solo defendiendo su cambio de postura y, además, detalló que el nuevo marco de relaciones con Marruecos implica no hablar de "todo aquello que ofende a la otra parte".

El cambio de estrategia diplomática en la relación con Rabat ha sido uno de los asuntos que ha generado más turbulencias en los últimos meses tanto en el seno del Gobierno como en la relación de Sánchez con sus socios nacionalistas e independentistas. También la oposición ha sido muy dura con la decisión del Ejecutivo, y de ahí que la comparecencia del presidente de este miércoles, la segunda sobre el Sáhara, se produjera gracias a que PP, Vox, ERC, PNV o EH Bildu se aliaron para forzarla, consiguiendo así sortear el rechazo de PSOE y Unidas Podemos.

En el discurso de Sánchez no hubo grandes sorpresas. El presidente se dedicó a hacer una férrea defensa de la nueva relación puesta en marcha con Marruecos -que definió como una "etapa de confianza recíproca" basada en evitar las "acciones unilaterales" con el reino alauí-, y también defendió que la "la propuesta marroquí" para instaurar una autonomía en el Sáhara -certificando por tanto la soberanía de Marruecos sobre el territorio saharahui- "es la base más seria para resolver el conflicto". "47 años deberían ser suficientes para entender que tenemos que mover nuestras posiciones" porque "el conflicto no puede seguir gestionándose como una espera indeterminada, se trata de resolverlo", sostuvo Sánchez.

El único punto en el que el presidente se mostró inflexible fue al asegurar que el estatus de Ceuta y Melilla es inamovible. "No aceptamos que se hable de ellas como ciudades ocupadas, porque son territorio español y europeo", planteó Sánchez, que sin embargo admitió que el Gobierno no criticará la actuación marroquí en el Sáhara a cambio de que el país vecino no ponga en cuestión esa soberanía española en las ciudades autónomas. "Debemos entender" que Marruecos "merece la misma consideración cuando hablamos de los asuntos que a ellos les preocupan", apuntó.

El PP afea a Sánchez que actúe sin apoyos

El presidente trató de anticiparse a las críticas de sus socios y también de la oposición asegurando que "España no se ha desentendido de la causa del pueblo saharaui", sino que únicamente está "buscando una solución viable dentro del marco de Naciones Unidas" a su contencioso con Marruecos. Pero de poco le sirvió: tanto a izquierda como a derecha, y por parte de sus socios, pero también de los partidos de la oposición, la tónica general de las respuestas fueron las críticas.

La dureza del PP a la hora de censurar la decisión de Sánchez la demuestra el hecho de que su portavoz, Cuca Gamarra, negó incluso que el presidente del Gobierno tenga la legitimidad para modificar la postura histórica de España con respecto al Sáhara. "Usted no tiene el apoyo ni el mandato para cambiar la posición de España en relación a esta cuestión", espetó Gamarra, que se preguntó en voz alta si el movimiento de Sánchez "está relacionado con el espionaje de Pegasus" y los "archivos que le fueron sustraídos de su móvil". El presidente, no obstante, fue tajante al negar cualquier relación: "A diferencia del señor Rajoy, yo no tengo ningún problema con mi móvil", afirmó.

El PP, además, cargó contra la división interna que el cambio de postura de Sánchez sobre el Sáhara ha generado en el seno del Gobierno, y recordó al presidente que no tiene el apoyo de "la mitad" del Ejecutivo en la cuestión marroquí. Y lo cierto es que esas diferencias con Unidas Podemos quedaron también patentes este miércoles, ya que el portavoz morado en el Congreso, Pablo Echenique, pidió a Sánchez que rectifique su viraje sobre el Sáhara y vuelva a reconocer el derecho de autodeterminación del Sáhara para estar "a la altura" de la izquierda. 

Los aliados parlamentarios

Esa, aseguró Echenique, sería una de las formas en las que el presidente podría demostrar "valentía" para reactivar a las bases progresistas y poder frenar así a la "reacción". La advertencia, no obstante, no gustó a Sánchez, que lanzó un dardo -con un tono sosegado, como el utilizado por Unidas Podemos- al portavoz morado y le espetó que "lo que desmoviliza a la izquierda es que nos afanemos, en alguna ocasión más de lo debido, en subrayar las diferencias y no las alianzas" en favor de las "conquistas" sociales.

Sin embargo, los reproches más duros a su izquierda le llegaron a Sánchez desde ERC y EH Bildu, que no escatimaron en críticas a lo que consideran una traición al pueblo saharaui. "Lo que significa el cambio de postura del Gobierno es que la gendarmería marroquí dé palos" a los inmigrantes que tratan de acceder a España a través de las vallas de Ceuta y Melilla "como hace la Guardia Civil", espetó el portavoz republicano Gabriel Rufián, que dejó en el diario de sesiones una acusación que resonó en las paredes del Congreso: "La geopolítica tiene razones que la decencia no entiende".

Por su parte, el diputado de EH Bildu Jon Iñarritu hizo suyos tanto los argumentos esgrimidos por ERC como las críticas del PP y aseguró que Sánchez "no puede vender al pueblo saharaui para mejorar la relación con Marruecos", una denuncia similar a la del PNV, que acusó al Gobierno de utilizar a los saharauis como "paganos y moneda de cambio". Este giro, aseguró Iñarritu, además de "ilegal desde el punto de vista internacional" no cuenta con legitimación del Congreso, amén de que la propuesta de Marruecos es "irrealizable", espetó el diputado, que señaló que "sólo cabe una salida: el derecho de autodeterminación".

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