Alertan del aumento del consumo de tabaco entre las adolescentes: "Empecé para sentirme mayor, pero no lo puedo dejar por la ansiedad"

Fumar, fumadora, smoke, tabaco, fumando
Una chica, fumando un cigarrillo
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Fumar, fumadora, smoke, tabaco, fumando

Carlota y Lara tienen 15 años. Paula y Clara, 17. Las cuatro salen hoy al recreo liándose cigarrillos. Saben que el humo que aspiran les "destroza" los pulmones. Del tabaco todavía les gusta menos cómo huele o las manchas que deja en sus dientes. Sin embargo, no sienten la urgencia de dejarlo. Admiten que están enganchadas y que en algún momento lo intentarán dejar, pero ninguna puede ahora prescindir de la nicotina. O bien porque llega "el verano y las fiestas" o bien porque sienten que fumar es su refugio de la ansiedad y los problemas familiares.

Coincidiendo con el Día Mundial Sin Tabaco, el Grupo Español de Cáncer de Pulmón alertó esta semana de que en España se duplica el porcentaje de fumadores entre los 14 y los 18 años: salta del 18,4% al 43,7%. Además, este grupo de expertos advirtió de un mayor consumo entre las chicas que está feminizando los cánceres de pulmón. "En el último año empezaron a fumar 95.100 chicas, un dato muy superior al de ellos, que fueron 74.500". 

A las doce del mediodía, por la puerta del Instituto San Isidro de Madrid salen decenas de estudiantes de secundaria a la calle. En el recreo, la fría estadística cobra forma física. Mientras los chicos van masticando bocatas, las que salen chupando papel de liar tabaco son todas chicas.

Sentada en un bordillo y mientras lía un pitillo con destreza, Clara, de 17 años, explica que probó el tabaco por primera vez con 15 años con una amiga que se lo quitó a su madre. "En el momento no me dijo nada su sabor, pasé un tiempo sin fumar, pero después me agobié con cosas mías y ya fumo todo el tiempo", dice.

"Tengo problemas familiares y el tabaco me calma, me ayuda con la ansiedad"

A Carlota, 15 años, sí le gustó el sabor del primer cigarrillo que probó con 13 años. "Pero es que era de menta", cuenta al tiempo que reconoce que lo probó porque le convertía una chica "mayor y más guay". Lara, de 15 años también, sale del instituto junto con un amigo y una amiga. Camina con un pitillo liado que justo se iba a encender. La primera vez que fumó tenía 13. "Entramos varias amigas a un 'chino', lo compramos y, como el alcohol, pues era por probarlo, por saber qué era". Sus amigos interceden y explican que creen que Lara empezó a fumar "por presión social y por experimentar". Ella reconoce que lo que empezó como un juego ahora le tiene enganchada. "Puedo estar máximo dos días sin fumar, pero me pongo de mala hostia, todo el mundo me cae mal y dejo hasta de comer".

Bartomeu Massuti, oncólogo del Grupo de Expertos de Cáncer de Pulmón, matiza que el enganche al tabaco "es una adicción y no un vicio". Massuti considera, además, que hay que comprender que "los dos años pandémicos han tenido un grave impacto en esta población joven que necesita autonomía y socializarse, pero ha afrontado serias restricciones que explicarían su ansiedad y una crisis de autoconfianza que puede favorecer las adicciones, entre ellas al tabaco".

Sentada en el bordillo, Clara dice que fuma todos los días porque le "relaja". Como a Paula, también de 17 años, que desde hace dos meses lía y fuma media docena de cigarrillo diarios. Lara y Carlota, pese a ser más jóvenes, admiten fumar más, hasta una docena de pitillos diariamente.

El consumo aumenta si salen de fiesta o los días de instituto. Ninguna de estas cuatro adolescentes tiene problemas para conseguir una sustancia cuya venta está prohibida a los menores de 18 años. Saben de sobra en qué estancos y en que bares no les van a pedir enseñar el carné de identidad. Pero, sobre el precio, reconocen que no es barato (en torno a 5 euros el paquete). Les cuesta costear su adicción. Lo hacen con la paga semanal familiar "o tirando de los ahorros". Si no les llega, algo habitual, compartirán gastos entre las amigas fumadoras.

"Sí tengo pensado dejarlo, pero dentro de un año. Porque encima ahora llega el verano y toda la gente con la que me junto fuma, y en invierno casi no salgo y me veo con más posibilidades"

Las cuatro saben de sobra que el tabaco es perjudicial para la salud, pero no tienen mucha conciencia de que afectará a su salud. Saben que "destroza" los pulmones y sienten que empeora su piel y les afea el esmalte dental. Pero no perciben riesgo vital. 

"Cuando sea más mayor lo dejaré", dice Lara. "Después del verano", afirma Paula. "Sí tengo pensado dejarlo, pero dentro de un año. Porque encima ahora llega el verano y toda la gente con la que me junto fuma, y en invierno casi no salgo y me veo con más posibilidades", revela Carlota.

Clara sabe que fumar mata, pero dice que a su edad ni ella ni ninguna de sus amigos percibe el peligro de sufrir un cáncer: "Estaría bien dejar de fumar, pero no es algo que crea que necesito hacer. Obviamente sé que el tabaco es malo para la salud, pero no veo riesgos ahora". Lara también querría no estar tan enganchada, pero no piensa ni siquiera en cuándo podrá dejarlo. Solo sabe que ahora no: "Tengo problemas familiares y ansiedad y el tabaco me calma, me ayuda con la ansiedad".

El doctor Massuti dice que "efectivamente hay un problema con las campañas antitabaco para este segmento de edad, que coincide con el inicio de consumo de tabaco". En su opinión, "este grupo no percibe el riesgo inmediato y lo ve como una cosa muy lejana".  Además, asegura que las puras campañas de prohibición tienen muy poco impacto en ellos. "Yo creo que habría que invertir en campañas de sensibilización educativa, porque en ellos y ellas la prohibición puede tener un efecto contraproducente". Ahí coinciden con él las adolescentes del San Isidro.

"El efecto de encarecer el tabaco para el grupo de edad joven es inmediato"

Los adolescentes se inician en el tabaco con cigarrillos que se venden liados, lo que ellos llaman "industriales", pero enseguida se cambian al tabaco de liar porque es más "económico" y "entretenido". 

Ni Lara, ni Paula, ni Clara ni Carlota creen que prohibirles fumar frenaría  el inicio del consumo. "Algo prohibido es más tentador. Si te dicen que no lo hagas quieres hacerlo", resume Lara.

Desde el grupo de expertos en cáncer de pulmón lo que proponen es una aproximación "cruda o economicista" para frenar nuevas adicciones al tabaco: subir el precio. "Está demostrado es que un aumento del 4% del precio, reduce un 10% el consumo. Esta población tiene menos recursos. No debe ser la única medida, hay que dar peso a las campañas de tipo educativo y sensibilización, pero el efecto de encarecer el tabaco para el grupo de edad joven es inmediato".

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