Diego Carcedo  Periodista
OPINIÓN

Villarejo, el estajanovista

Villarejo declara hoy como imputado en la Audiencia Nacional
Villarejo entrando en la Audiencia Nacional
Europa Press

Todos los días nos despertamos con alguna noticia, siempre deplorable ya se sabe, sobre José Manuel Villarejo Pérez, más conocido como Villarejo, el personaje de la actualidad permanente cuyo currículo intrigante nos deja hablando solos. El inefable personaje aparece metido, cuando no comprometido, en todos los escándalos y chanchullos políticos o económicos que lamentablemente tanto proliferan en nuestra vida cotidiana.

Villarejo es, por lo que se concluye, un baúl repleto de recuerdos rayanos siempre con la delincuencia de los fondos más bajos de la vida pública, incluidas las cloacas del Estado. A primera vista su nombre despierta desprecio, odio a menudo y frecuentes chascarrillos que su trayectoria se ha ganado a pulso. Hay quien considera, entre los que le conocieron al margen de sus actividades, que es un tipo simpático.

Es posible. No le conozco y no puedo opinar de su carácter. Realmente eso me da lo mismo. Hay sin embargo algo en la acumulación de obras y milagros del tal Villarejo que algunas veces me hace pensar. Y más que pensar, formularme una pregunta: ¿Pero cuándo coño tenía este tipo tiempo para todos los berenjenales en que se implicó de ministros para abajo entre sus clientes?

Porque los días tienen veinticuatro horas, obvio es recordarlo, y a muchas personas normales no suelen resultarnos suficientes. Por eso causa sorpresa y hasta admiración, con perdón, su capacidad para trabajar, intrigar y gestionar chanchullos. Uno suma minutos a la vista de los hechos y en el cronómetro las cuentas no salen. Por eso hay un dudoso mérito que me atrevo a atribuirle: su estajanovismo digno de entrar en el libro de los récords.

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