Vera Gurevich, la maestra de Putin que moldeó su carácter cuando era un niño

Putin abraza a Vera Gurevich, su vieja maestra, en una captura de un vídeo grabado en 2019.
Putin abraza a Vera Gurevich, su vieja maestra, en una captura de un vídeo grabado en 2019.
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Desde que hace casi tres meses Vladimir Putin invadiera Ucrania, son muchas las teorías que se han escrito acerca de los motivos que han llevado al presidente ruso a tomar tan catastrófica decisión.

La mente de Putin es un enigma, pero si alguien lo conoce bien es una anciana de 88 años llamada Vera Gurevich, una mujer clave en la vida del presidente de Rusia y que según algunos, podría ser la única persona que lo podría convencer para desistir de sus delirios bélicos.

Vera Dmitriyevna Gurevich es una profesora jubilada que tuvo una intensa relación con el presidente ruso durante sus años en la escuela. La mujer fue una figura materna para Putin durante su transitar por diversos traumas psicológicos y alejó a la joven alumno de la pobreza y la delincuencia, encaminándolo hacia la educación y el éxito.

Tal y como recoge el Mirror, los dos hermanos mayores de Putin murieron durante la infancia mientras su ciudad natal, Leningrado (hoy San Petersburgo), era devastada por la guerra. Y durante el bloqueo de San Petersburgo, la madre de Putin, Mariya Ivanovna, casi muere de hambre.

Putin vivía en condiciones de pobreza extrema y rodeado de otros menores que hicieron que el ahora presidente coqueteara con la delincuencia en la URSS de la posguerra.

En septiembre de 1964, Gurevich visitó el pobre edificio donde vivía Putin para hablar con el niño, que entonces tenía 11 años. Pronto descubrió que él era un niño abandonado a su suerte durante todo el día y sin supervisión de los padres hasta las 5 de la tarde.

La maestra se enfrentó al chico y le dijo: "Basta de holgazanear, ponte a la estudiar". Entre ella y Anatoliy Rakhlin, el entrenador de judo de Putin, lograron enderezar la vida del que llegaría a ser jefe de la KGB y posteriormente, hombre más poderoso de Rusia.

A cambio, Putin mostró su gratitud cuidando ocasionalmente a las hijas pequeñas de Gurevich. Él iba a su casa cuando ella tenía que dar clases por las tarde y su esposo estaba fuera por negocios; a veces, Putin incluso se quedaba a pasar la noche.

Gracias al asesoramiento de Gurevich, el futuro presidente comenzó a obtener buenas notas y acabó cursando estudios de Derecho. Desde entonces, Putin ha mantenido una relación muy estrecha con su maestra, y hace años admitió que todavía la llama con frecuencia. 

En el año 2019, ambos coincidieron en un acto público y, alejándose de su tradicional y gélida frialdad, Putin, con una enorme sonrisa en la boca, no dudó en abrazar y besar a la que fue su maestra y la que, según algunos analistas, podría ser la única en reconducir su espiral destructiva.

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