Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'

El vino, la cerveza y el agua

Imagen de recurso de un grupo de personas en un bar.
Imagen de recurso de un grupo de personas en un bar.
COURTNEY PERRY / ZUMA PRESS / EP

Me gusta el vino. Dicho así parece la declaración de principios de un beodo lo que en mi caso dista mucho de la realidad. Lo cierto es que, por algún motivo que ignoro, mi organismo tiene una capacidad muy limitada de asimilar el alcohol lo que siempre redujo las posibilidades de socializar que ofrecen las bebidas espirituosas. Los destilados me tumban y me limito a consumir un poco de vino y cerveza "sin" que ya me gusta más que la otra.

Cuento mi experiencia personal para adentrarme sin complejos en la polémica absurda que se pretendió crear en torno a una supuesta intención del Ministerio de Sanidad de prohibir el vino y la cerveza en los menús de bares y restaurantes. Una intención, que nunca fue tal, y una supuesta rectificación que tampoco existió, pero que enseguida airearon quienes tratan de alimentar el malestar de la gente. Los que así procedieron contaron con la inestimable colaboración de la presidenta de Madrid, quien mostró en su cuenta de Twitter la foto de una copa de vino bajo el texto "un buen vino como el que los señores del Gobierno nos quieren prohibir".

Es obvio que la clave está en la cantidad de alcohol que se ingiera y el nivel de tolerancia de cada persona

La verdad es que nunca estuvo en la cabeza de nadie prohibir el vino y la cerveza en los menús. Así lo confirmó públicamente alguien, tampoco sospechoso de enredarse en el politiqueo chungo, como el presidente de los cardiólogos españoles. Julián Pérez-Villacastín, quien participó junto con un centenar de profesionales en la estrategia cardiovascular del Ministerio de Sanidad, calificó de "falsa" esta polémica asegurando que la única intención fue favorecer la dieta mediterránea y disminuir el consumo diario de bebidas alcohólicas, lo que parece bastante sensato. Es más, Pérez-Villacastín afirma que "no hay nada mejor que una copa de vino en la comida". Una sola copa de vino por comida, no dos, tres ni cuatro, esa es la recomendación específica de los cardiólogos, que no es del todo coincidente con la de la medicina general que, aun entendiendo que una dosis moderada puede ser buena para el corazón, considera que cualquier cantidad de alcohol perjudica al conjunto del organismo.

Es obvio que la clave está en la cantidad de alcohol que se ingiera y el nivel de tolerancia de cada persona que, como antes les decía, en mi caso es mínima. Como regla general, los médicos sitúan el límite de lo tolerable en las dos copas diarias en el caso de los hombres y una sola en el de las mujeres.

Ese afán de engordar la cuenta con las botellas de agua mineral ha sido ya desterrado en media Europa

En los últimos años, el sector del vino se ha esforzado en mejorar la calidad y salubridad de sus productos buscando también la excelencia en los modos de consumo. Son, en realidad, los primeros interesados en alentar una ingesta responsable que les libere de cualquier estigma sobre los perjuicios que pueda comportar para la salud. Detrás del vino hay toda una tradición milenaria y una cultura extraordinariamente sofisticada.

La de la cerveza es otra industria que en nuestro país ha experimentado avances espectaculares en el intento de diversificar y atender los gustos y demandas de un consumidor cada vez más selectivo y exigente. El éxito de los productos "cero" y "sin" le ha proporcionado a este sector un sólido soporte comercial para conjurar las contraindicaciones del consumo de alcohol.

En lo que se refiere al agua, pocas dudas caben sobre la idoneidad de su consumo y la mejor manera de promoverlo es que en la mesa haya siempre una jarra de agua del grifo a disposición de los comensales. Ese afán de engordar la cuenta con las botellas de agua mineral ha sido ya desterrado en media Europa. Disfrutemos del vino, la cerveza y también del agua, pero siempre con sentido común. 

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