Miguel Ángel Aguilar  Cronista parlamentario

Preferidos y denostados

El Congreso de los Diputados, en una imagen de archivo.
El Congreso de los Diputados, en una imagen de archivo.
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En el poema Perdóname por ir así buscándote escribe Pedro Salinas a su amada: «Quiero sacar de ti tu mejor tú». A la inversa, las respuestas que ofrece el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a las cuestiones que le formulan en el Pleno del Congreso de los Diputados los miércoles en la sesión de control, reflejan una intención contraria, quieren sacar lo peor del principal partido de la oposición, lugar que ocupa ahora, por decisión de los votantes en las últimas elecciones, el Partido Popular.

Hace años, escuchaba de algunos campesinos cántabros aquello de «¿cómo andará Castilla que pide trigo?» y ahora escuchando al presidente del Gobierno doy en pensar en cómo andarán las predicciones de las encuestas para los comicios andaluces del 19 de junio y para las generales de cuando vaya usted a saber, viendo cómo se prepara una campaña a base del «y tú más», de azuzar al dóberman y de citas evangélicas que previenen sobre falsos profetas que se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces, aducidas por el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños al llegarle el turno.

La primera pregunta asignada a Cuca Gamarra, portavoz del PP en el Congreso, señalaba las incógnitas pendientes de despejar a propósito del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pero el problema distaba de estar bien planteado porque este caso, dado que hay más incógnitas que ecuaciones, es de solución imposible.

Gamarra se remontó al pecado original de la investidura necesitada de 18 abstenciones facilitadas por ERC y EH Bildu, y remató inquiriendo si las concesiones ofrecidas a los indepes son suficientes o se preparan otras adicionales. Sánchez se dolió en el castigo para concluir que ninguna diferencia se aprecia entre el Partido Popular de Casado y el que le ha sucedido, y quiso adornarse con alusiones al envío de piolines a Cataluña, en alusión a los refuerzos de Policía Nacional y Guardia Civil que fueron mandados cuando las jornadas del referéndum y las proclamaciones subsiguientes. Luego, contrapuso que la Selección Nacional de Fútbol ha jugado en Barcelona, que la independencia ha dejado de ser una prioridad y que ahora cunde la concordia frente a la discordia de la época pepera. El recurso al vocablo piolines levantó protestas en los escaños de la oposición y todos echamos de ver que le pasará factura.

Pronto vuelve la burra al trigo y tampoco se demoró Cuca Gamarra en insistir en el disparate de Pedro Sánchez al afrontar el asunto de las escuchas, preguntando qué más iba a entregar a los socios indepes. Agora lo veredes, dijo Agrajes, y el presidente, sabiendo que el reglamento le daba la superioridad de la última palabra, se explayó en referir en detalle las corrupciones de los populares, la libretita de Bárcenas, la destrucción de los ordenadores a martillazos, la policía patriótica, la condena de la Audiencia Nacional y, por ahí, adelante. Apenas una inflexión de voz le permitió pasar a la enumeración de los éxitos que el Gobierno se atribuye, pregonados desde la convicción de que en política no hay abuelas.

Las preguntas de Aitor Esteban, del Partido Nacionalista Vasco, y de Mertxe Aizpurua Arazallus, de EH Bildu, fueron de guante blanco y las respuestas, de dulce. Se sucedieron turnos del Partido Popular y de Vox que interrogaban a la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, quien resistió los embates sobre sus previsiones rebajadas de crecimiento, de inflación, de deuda, de déficit o de desempleo, sin ceder un milímetro y subiendo a la red para probar su capacidad ofensiva, que es marca de Moncloa.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, sostuvo que los contratos fijos-discontinuos distan de ser contratos temporales, pero hubo de aguantar un preámbulo acusatorio con la rotunda afirmación de que el Partido Socialista era una máquina de corrupción, momento que reveló las buenas condiciones oratorias de la popular Carmen Navarro Lacoba.

Los turnos de Vox, a cargo de Iván Espinosa de los Monteros y de Inés María Cañizares, permitieron observar una característica singular de los aplausos del grupo, cuya intensidad y duración resultan ser inversamente proporcionales a la distancia de sus diputados al escaño del líder, con atisbos de proceder como el de aquellos inasequibles al desaliento que se registraban cuando entonces.

Por su parte, la ministra de Defensa, Margarita Robles, siguió enarbolando la bandera del orgullo, dispuesta a que nadie se la arrebate, pero explicaciones por el cese de la exdirectora del CNI, Paz Esteban, ninguna. Vale. 

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