Helena Resano  Periodista

Ay Eurovisión

La cantante Chanel durante el concierto gratuito LOS40 Classic.
La cantante Chanel durante el concierto gratuito LOS40 Classic.
EFE

Eurovisión nunca fue solo música. El certamen se ha usado desde siempre como escaparate para las reivindicaciones de colectivos, organizaciones o países. Las letras, las canciones, las puestas en escena de esas canciones siempre llevan un mensaje sutil, subliminal o abiertamente explícito. Este año, a nadie se le escapaba que la guerra de Ucrania iba a subirse también al escenario, no solo con el grupo que lo iba a representar, sino con cómo reaccionarían el resto de países y cantantes.

El festival terminó hace ya unos cuantos días y aquí estamos, hablando todavía de cómo se votó, cómo fue, quién ganó realmente y cómo se lo tomó Putin, si a risa o con una tila. Las denuncias de que las votaciones no fueron del todo claras, que hay países que fueron vetados porque estaban haciendo trampas y que los votos que querían dar a un país fueron finalmente para otro son música para los oídos de Putin. Es la mejor excusa para decirle a los suyos "¿Veis? Ahí lo tenéis: en Europa hay una conspiración contra nosotros".

Las canciones pasaban sin pena ni gloria por el festival y solo aspiraban ya a ser un éxito de las listas de verano patrias

Eurovisión es el típico festival que ha pasado por todas las fases: recuerdo de pequeña juntarnos las amigas para verlo en casa. Y estar luego semanas y semanas poniendo la cinta de vídeo en la que habíamos grabado el festival, una y otra vez en el reproductor. Nos acabábamos aprendiendo todas las canciones, las coreografías y jugábamos a repetir las votaciones. Conforme España fue sumando fracasos y últimos puestos en el certamen, el interés del público por Eurovisión fue decreciendo: y mira que todos los años repetíamos aquello de que partíamos como favoritos, pero ni por esas. Las canciones pasaban sin pena ni gloria por el festival y solo aspiraban ya a ser un éxito de las listas de verano patrias. Hasta el sábado pasado. Chanel logró recobrar esas noches de amigos frente al televisor emocionándose cada vez que alguien decía aquello de los "¡¡¡¡¡12 puntos!!!!". Levantándose del sofá. Aplaudiendo. Y mira que a mí me gustaba más la fórmula de antes, cuando cada país recitaba toda la lista de votos, desde el 1 hasta el último, los 12 puntos. Pero bueno, la emoción estuvo ahí y las ganas de nuevo de que pasasen cosas bonitas con este festival volvieron.

Ella lo bordó: cantó, bailó, defendió su estilo y su música sobre el escenario

Y eso que habíamos llegado este año con la polémica ya servida de casa, que si la canción no era la favorita, que si elegimos o se eligió a la peor opción. El comentarista de la RAI acabó de rematar toda la polémica comparando a Chanel con una Jennifer López de segunda, de supermercado. Ella lo bordó: cantó, bailó, defendió su estilo y su música sobre el escenario. Y logró lo que tanto llevábamos esperando durante este tiempo: volver a ilusionarnos con este festival, aunque tenga sus imperfecciones y sus rotos. Pero ahí estamos: pensando ya en la edición del año que viene y soñando con poder ser los anfitriones. 

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