Mario Garcés  Jurista y escritor

Paseo, pasillo, paseíllo

El Elche hace pasillo al campeón Atlético de Madrid.
El Elche hace pasillo al campeón Atlético de Madrid.
EFE

España es país de paseos al anochecer, de pasillos en viviendas de protección oficial y de paseíllos en arenal de toros a las cinco de la tarde. Y fue pasar la Cuaresma, la Resurrección entre cirros y cirios, y la Feria de Abril, para que todo el paisanaje nacional se sometiera al debate sobre si era pertinente o no que el Atlético de Madrid hiciera el pasillo al Real Madrid por su merecida Liga. Pegasus es una fruslería en relación con esta cuestión de Estado.

Vaya por delante, y lo siento por mis buenos amigos colchoneros, que se equivocan quienes defienden la tesis del escarnio que puede suponer ejercer de palmero ante un rival sempiterno. Lo que hay que hacer es aplaudir y, mientras te muerdes la lengua, pensar cómo vas a ganar la próxima competición para que se invierta el orden de la celebración. Y lo digo como aficionado del Athletic de Bilbao, porque no en vano esta costumbre se impuso en 1970 por primera vez, cuando mi Athletic le hizo el pasillo al Atleti como homenaje por haber ganado la Liga precisamente en dura pugna entre los dos equipos. Era entrenador del Athletic el británico Ronnie Allen y les pidió a sus jugadores que formaran para recibir con honores a su rival. Fair play.

Lo que hay que hacer es aplaudir y, mientras te muerdes la lengua, pensar cómo vas a ganar la próxima competición

Pero algo debe haber en el subconsciente de la ganadería patria cuando he escuchado en múltiples tertulias confundir "pasillo" con "paseíllo". Porque, si a la ganadería nos referimos, un paseíllo es el desfile que realizan las cuadrillas cuando inician la corrida de toros. Diestros monterados y desmonterados, banderilleros, picadores con sus monturas, monosabios, areneros y mulillas. Hasta el bueno de Rafael Alberti, el que mandaba "a paseo" en la prensa de la época, hizo el paseíllo en 1927 en la plaza de toros de Pontevedra como banderillero. Su amigo, el torero Ignacio Sánchez Mejía, le dio la oportunidad porque ya le advirtió que como poeta se moriría de hambre. Y así siguen los poetas en el país de Lorca, Machado, Cernuda y Diego.

Pero digo más, porque "hacer el paseíllo" o "dar el paseo" en los tiempos de la Guerra Civil española era un eufemismo procedente de la Ley de Fugas. Asesinos de ambos bandos buscaban en los pueblos a "los otros", denunciados muchas veces por simples venganzas personales y los conducían de "paseo" con destino a su fusilamiento en cualquier cuneta sin nombre. Indalecio Prieto en Cartas a un escultor (1961) definió estos paseos como "ejecuciones sin sumario que se prodigaron en las dos zonas de España y que nos deshonraron por igual a los españoles de uno y otro bando". Llama la atención que todavía se confundan en España los términos "pasillo" y "paseíllo". Serán cosas de las dos Españas.

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