Entrevista | Matías Prats: "El deporte me lo ha dado todo, pero el día que haya que cambiar, estaré preparado"

Matías Prats Chacón posa durante la entrevista por su libro 'El futuro que olvidaste'.
Matías Prats Chacón posa durante la entrevista por su libro 'El futuro que olvidaste'.
JORGE PARÍS
El periodista deportivo publica su primera novela

Paula Llorente, una de las tenistas más relevantes de los últimos tiempos, desaparece sin dejar rastro en una playa del litoral catalán. Rodrigo, un periodista recién divorciado y desencantado con su profesión se embarca en la investigación de esa ausencia que acabará convirtiéndose en una obsesión. Ésta es la sinopsis de El futuro que olvidaste (Harper Collins), la primera novela del periodista, editor y presentador de los Deportes del fin de semana de Telecinco Matías Prats.

¿Por qué se decidió a escribir un libro y por qué esta historia? Yo no soy tan atrevido como para que la idea hubiera brotado de mí. Fue la gente de la editorial la que me dijo "¿te atreverías a escribir una novela?". En un par de días les propuse una idea que aunaba mis dos pasiones, que son el periodismo y el deporte. Me dijeron "adelante, atrévete, que pinta bien". Y yo muy prudente, porque tengo un respeto reverencial por los escritores. Nunca me colgaré la etiqueta de escritor, soy un humilde novelista que acaba de empezar en esto. Es mi primera criatura, creo que ha quedado decente y me hace mucha ilusión.

Se suele decir que todos los periodistas llevan un escritor frustrado dentro… Depende. Yo soy periodista de radio y tele. A lo mejor los periodistas de medios escritos tienen más dentro ese sueño o esa frustración de no haber sido escritores… Depende, supongo, a mi padre no le ha pasado nunca, aunque es muy lector. Le han propuesto mil veces escribir un libro y nunca ha dado el paso y yo a la primera me lancé a la piscina. En la novela yo hablo de un periodista de periódico, de redacción. Ellos tienen la escritura más a mano y la utilizan a diario y quizá ellos sí tengan ese sueño.

¿Por qué la historia de una tenista que desaparece y un periodista investigador? Porque a mí me encanta el tenis y especialmente el tenis femenino, ya desde la época de Arantxa Sánchez Vicario, y he seguido siempre muy de cerca ese deporte, que ahora está en auge con Paula Badosa o Garbiñe Muguruza, con chicas jóvenes que vienen despuntando y apuntan alto. Así que ese tema me resultaba familiar, me gusta el tenis y sé de tenis y además quería un personaje femenino.

Y el personaje de Rodri, que es el periodista, se parece un poco a mí. Es un periodista que a lo mejor esperaba otra cosa en su carrera, que a sus casi 40 no tiene ambiciones, tiene pocos sueños, pero que el reportaje que le encargan le revitaliza y vuelve a tener pasión por el periodismo, por ejercer su oficio soñado. Así que se me ocurrió esta historia, que tiene que ver con deporte y periodismo y sin ser una novela deportiva o periodística, creo que lo he fusionado bien, que he hecho bien esa mezcla.

¿Cuánto hay de reivindicación en el libro, ya sea del deporte femenino o del periodismo? Reivindicar el deporte femenino lo intento hacer cada fin de semana en mi informativo de Telecinco, donde intento ser un altavoz del deporte femenino, porque estoy convencido de que es apasionante, más igualado que otros, con chicas de mucho nivel, muy preparadas. Por eso me parece interesante por ejemplo que se emitan partidos de la liga femenina de fútbol o baloncesto. Tenemos tantas buenas deportistas que merece la pena que las acerquemos al gran público, porque alguno no las conoce y merecen la pena por sus logros, por sus sacrificios, por los proyectos que tienen. Luego llegan los Juegos Olímpicos y todos queremos una medalla, pero durante los cuatro años que hay en medio hay que seguirlas de cerca, darles cariño y los medios tenemos esa responsabilidad.

¿Cómo se ha metido en su piel para crear a la protagonista? Me he hecho preguntas, ¿Por qué? ¿Qué le faltaba? ¿Qué le faltaba en su entorno familiar? ¿Por qué no llegó a sentirse realizada? Y ese juego de hacerte preguntas al final te lleva a una novela que habla de cosas que nos pasan a todos.

Hay muchos ejemplos en la vida real, ¿no? El libro no es una reivindicación, pero me gusta que la protagonista sea una deportista femenina. Hay que entender lo que les pasa por la cabeza. Fíjate, la número uno del tenis, Ashleigh Barty, con 26 años de repente desaparece del mapa y se retira. Otra gran tenista Azárenka, que decía que la mente no le iba, que necesitaba un cambio, un respiro. Osaka, que también ha tenido problemas de salud mental. Está a la orden del día. Hay que preocuparse por nuestras deportistas, no sólo para admirarlas cuando están en la cumbre si no también empatizar con ellas cuando pasan momentos delicados.

Es una novela que trata temas como el amor, la familia, el deseo, la salud mental… ¿escribe sobre lo que le obsesiona o le parece importante? Ten en cuenta que la Salud Mental ya ha llegado al Congreso de los Diputados y que es un problema que nos afecta afecta a mí, a tí, a mi madre, a mi abuelo, a todos. He procurado hablar sobre temas que nos interesen a todos, que nos toquen de cerca. ¿Quién no conoce a un amigo que se está divorciando, o a alguien que esté en un proceso de depresión? He hablado de descontentos en el trabajo o de deportistas de éxito que no son felices.

¿Cómo ha sido su rutina para escribir? No he tenido una rutina de escritura de ponerse todos los días a las siete de la tarde. Me ha pasado por ejemplo que las cuatro de la mañana de repente, ¡Pum! Una idea. Libreta en la mesilla y a apuntarlo. Y si estaba muy inspirado me levantaba y escribía. Empecé con mucho vigor, con mucha energía, con un verbo fácil y de repente me llegó el síndrome de la página en blanco, de no saber avanzar pese a tener la idea en la cabeza. Me tuve que tomar un descanso de un par de meses y como en la editorial no me metieron presión acabé por reencontrar la historia y recuperar las ganas de escribir. Tengo muchas más cosas que hacer, así que al final me llevó casi un año, porque no podía dedicarme de forma absoluta.

Matías Prats Luque, durante la promoción de su novela 'El futuro que olvidaste'.
Matías Prats Luque, durante la promoción de su novela 'El futuro que olvidaste'.
JORGE PARÍS

¿Ha sido terapéutico escribir esta novela? Podría decirse que ha sido terapéutico, que me he conocido más a mí mismo. Cuando he leído la novela ya publicada me he dado cuenta de que en el personaje del periodista, en Rodrigo, hay muchas cosas de mí, de mis experiencias, de mis sueños, de mis frustraciones. Ha sido terapéutico también por echar la vista atrás, que no viene mal de vez en cuando. Ver dónde estoy, cómo he llegado hasta aquí y qué quiero hacer. Ha sido un psicoanálisis hecho a mí mismo.

Una de las últimas frases de libro dice: "le quedaba por delante un futuro periodístico basado en la integridad". Sin entrar en por qué lo dice, por no hacer spoiler, ¿vale más un periodista por lo que calla que por lo que cuenta? Muchas veces un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta, sí. En ese manejo de las fuentes nos tenemos que desenvolver con soltura y con mucha responsabilidad. Hay cosas que no podemos publicar, pero que nos pueden ser útiles para abordar otras informaciones o noticias.

En el libro hay cierto desapego por algunos modos de periodismo, ¿no? Estoy un poco descontento con la profesión, con la deriva y el rumbo que está tomando el periodismo. Creo que tenemos muy buenos periodistas y empresas que apuestan fuerte por el periodismo íntegro, responsable, que verifica las noticias, pero se nos ha ido de las manos tanto clic fácil, tanta noticia, tanta actualización rápida, no da tiempo a la reflexión, al análisis, a la investigación. Ese es periodismo que me gusta, más reflexivo, más pausado, que no te lances a la piscina a publicar algo sin tenerlo contrastado. Ese desencanto se refleja en la novela.

¿Eso pasa en paralelo con la sociedad, somos de consumo rápido? Es un reflejo claro de la sociedad. El otro día hablaba con alguien de la industria de la música y me decía que ya no hacen canciones para los chavales de 16 años, que ahora hacen estribillos, porque sólo escuchan estribillos.

¿Hay una brecha generacional con eso? Nosotros hemos notado que incluso durante los partidos grandes los chavales lo ven con un móvil en la mano y si el partido es aburrido, se van. Y a las tres de la tarde cuando llegan los deportes los más jóvenes ya han visto en el móvil los goles, han escuchado las opiniones que les interesan, han visto las redes sociales… se nos está escapando el nicho de los más jóvenes. Tenemos que volcar toda muestra experiencia y reinventarnos para llegar al público joven, porque son el presente y el futuro.

¿Cómo ha elegido los nombres de sus personajes? Ninguno tiene un significado especial, ni el de Paula, que hay gente que piensa que es por Paula Badosa, pero cuando empecé a escribir el libro aún no había despuntado tanto. Fue de forma inocente, un nombre que sonaba bien. Rodrigo… ni tengo amigos casi que se llamen así. Hay algún guiño, como el apellido Maristany, porque tengo un ahijado que se llama Íñigo Maristany y aparece su nombre brevemente a modo de homenaje.

¿Cómo lleva trabajar los fines de semana? Estoy feliz, que no me cambien de ahí, por favor. He encontrado una rutina entre semana, porque a la tele voy jueves, viernes, sábado y domingo. Lunes, martes y miércoles me ha permitido escribir una novela, dar clases en la universidad, volver a la radio, que es mi pasión… ese día extra libre me da muchísima libertad y me permite descansar más. En el fin de semana vivo feliz, con el equipo que tengo y el cariño que nos da la cadena. El fin de semana es cuando más cosas pasan en el deporte. ¿Cuándo se juega la liga, el golf, el tenis? Estoy feliz.

¿Le quita vida social? Si me hubiera pasado esto hace 10 años, cuando yo salía por la noche a lo mejor habría pensado que era una faena, pero yo ya he salido lo que tenía que salir y ahora estoy a otras cosas.

De la clase en la universidad, si tuviera que elegir solo una lección que aprendieran sus alumnos, ¿cuál sería? Que se preparen. No sólo que se preparen académicamente, estudiando la carrera, que se preparen ellos mismos. Yo doy clase sobre todo para hablar en público, para comunicar, sujetar un micro o hacer una entrevista. Y siempre les digo que eso se ensaya, se entrena. Delante del espejo puedes entrenar una conexión en directo. Les invito a aprovechar Nochevieja, por ejemplo, para coger a sus familiares y hacerles preguntas.

¿Y algún consejo para los que buscan empleo? A los chavales que están en paro, que para mí es un drama, les digo que no pierdan ni un solo día sin leer, sin escuchar la radio, sin ver los informativos y sin ensayar. Todo eso es sumar, crecer, progresar. Esa es la enseñanza, que se formen, que lean a los mejores autores, que vean las tertulias, los informativos, que estén enterados. Hay algunos que sólo quieren deporte y les planteo que si les llaman del Ana Rosa para que se incorpore a hacer actualidad política, ¿estarían preparados? Tienen que estar pegados a la actualidad, es el poso que intento dejar a mis alumnos.

Y usted, ¿tenía claro que le interesaba el deporte? Siempre tuve claro que quería empezar en los deportes. ¿De qué es lo que más sé? Deportes. Pues pensé que sería más fácil empezar por ahí, porque sería más fácil narrar un partido que una sesión de control en el Congreso. Pero me he ido formando, aprendiendo, leo, escucho, sigo los informativos… así que estoy preparado para dar el salto si alguien me requiere para otros ámbitos, para ser corresponsal, reportero o para presentar un concurso. Soy muy valiente y un poco inconsciente también… tengo cualidades para rendir en otras facetas que no sea el deporte, que es un ámbito que me ha dado momentos inolvidables, ir a mundiales, copas, giros… y contar las grandes victorias de los deportistas españoles. Eso te engrandece. El deporte me lo ha dado todo, pero el día que haya que cambiar, estaré preparado.

Es nieto e hijo de periodistas, ¿va a ser padre de periodista? Esa pregunta me la han hecho mil veces… tengo 37 tacos y todavía no tengo descendencia. Me apetece tenerla pronto, ojalá tenga un hijo pronto. Pero nunca llevará la presión de ser periodista, como su padre, abuelo y bisabuelo. A mí nunca me lo dijeron. Soy un periodista vocacional, de cuna, que nunca dudó que su camino era éste. Yo quería imitar a mi padre y a mi abuelo porque los idolatraba, pero nunca cargaría con esa mochila a un futuro hijo.

¿Y ha pensado en un nombre? No sé si sería un Matías, porque somos muchos ya, somos muy pesados (risas). Habría que consultarle lo del nombre a la madre. Pero… sí, creo que me haría ilusión, como se la haría a mi padre.

El día que nació hubo una revista de la época en la que se le citaba como ‘Matías III’, ¿le gusta más que Matías Prats Jr o Matías Prats hijo? Le he dado muchas vueltas porque cuando empecé en la radio me cambié el apellido y era Matías Chacón, que es el apellido de mi madre, pero al cabo de unos meses, cuando cogí soltura dije “si me llamo Matías Prats, por qué me tengo que esconder? Si mi padre está orgulloso de mí y mi familia no se avergüenza de mis inicios”. Así que salí del armario y Matías Prats. No me incomoda Matías Prats, Jr, ni III y sobre todo no me molesta que me asocien ni me comparen con dos maestros de la comunicación como son mi abuelo y mi padre. En las comparaciones salgo perdiendo siempre, pero es un honor que me asocien a ellos.

En el libro también hay una bonita dedicatoria a las madres, un párrafo en el que las ensalza… Esto tiene un porqué, que es el aprecio, el amor y la admiración que tengo por mi madre, Maite. Una mujer que ha sufrido los arreones de la vida pero que siempre se ha levantado, que es positiva, cariñosa, que ha tirado de nosotros y ha sido muy trabajadora. A mí me ha enseñado mucho y me siento muy cercano a ella y mi primera novela tenía que tener esa dedicatoria desde el corazón.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento