Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Chanel: fortalezas y debilidades de la candidatura española para Eurovisión 2022

Chanel en uno de los ensayos de Eurovisión
Chanel en uno de los ensayos de Eurovisión
RTVE

Chanel Terrero está movilizando la ilusión de los eurofans españoles, que por primera vez en años se ven con posibilidades de destacar en su ansiado Eurovisión. La artista demuestra trabajo, talento y seguridad en el escenario. No es fácil, pues tiene que cantar a la vez que realiza una contundente coreografía. Y la suma de voz, baile y belleza entusiasma a los eurofans clásicos. Más aún si el vestuario tiene brilli-brilli. Y lo tiene.

Pero Eurovisión es un monstruo muy grande con una apoteósica audiencia que vota más allá de círculos endogámicos de opinión. El triunfo en el eurofestival suele ir unido al saber contar una historia que rompe hasta con los propios clichés del Festival. Así han logrado ganar países próximos como Portugal o Italia, con Salvador Sobral y Måneskin.

El gran fuerte de Chanel está en que lleva una propuesta de origen bien atada. El Benidorm Fest obligó a los artistas a intentar conquistar a la audiencia con una actuación cerrada, que fusionara música y espectáculo hecho para la televisión. A diferencia de otros años, que primero se elige la canción y después se van incorporando ideas (a veces sin ton y son) para llamar la atención en el escenario eurovisivo, en este 2022 a SloMo ya la conocimos así. Rotunda, carnal, rítmica y con coreografía con punto de inflexión carismático. Chanel Terrero no titubea en los ensayos en el escenario de Eurovisión. Están las ideas planteadas desde hace meses.

Aunque sí que han añadido algunos elementos para que la actuación se sienta más española a ojos europeos. Que si un traje de torero con brillos eurovisivos, que si un abanico, que si trompeticas, que si un poco más de gorgoritos vocales, que si fuegos de artificio. Elementos que gustan mucho a un tipo de fan español de Eurovisión, pero que quizá Chanel no los necesita para conquistar al público transversal que conecta con la final del Festival y no está en la procesión de los entresijos diarios.

Ahí es donde SloMo sufre un problema con la realización visual, que aún se está a tiempo de pulir (este miércoles hay otro ensayo). La realización de Eurovisión de este año no remite a Eurovisión. Es desordenada y sucia. Encima la escenografía no funciona como debería -el decorado por momentos recuerda a un concierto caro en el WiZink Center, pero no a un espectáculo televisivo- y los países han tenido que relegar los diseños pensados para las pantallas gigantes de led situadas al fondo. En su lugar, no ha quedado otra opción que conformarse con la parte fea del arco central con una estructura negra de la que cuelgan haces de luz y una cortina de leds-cegadoras que baja del techo. El equipo de Chanel equilibra el uso de estos dos elementos e intenta dar más vistosidad a su propuesta con pirotecnia. Así se proyecta más sensación de dinamismo y más color. Lo malo es que la suma de elementos estéticos añadidos no parece que se vea en pantalla al compás de la canción. Un error habitual de España en el eurofestival.

Pero, sobre todo, no ayuda nada a Chanel la oscuridad de este escenario de Eurovisión. En el Benidorm Fest brilló más SloMo por la luminosidad del set, que desengrasaba frente a otros artistas. Aquí la escenografía eurofallida ensombrece. Y si se abusa de una realización muy frenética con mucho plano general a lo loco: puede provocar que el público europeo sienta la actuación de Chanel como algo ya visto. Los impactos visuales que confunden ritmo con velocidad no dan margen a cuajar el ejercicio de seducción entre protagonistas y audiencia que promueve SloMo.  

De hecho, el efectista paso de baile en el que Chanel y sus bailarines se mueven a cámara lenta -uno de los grandes aciertos para que la actuación se quede en la memoria colectiva- queda diluido. En el Benidorm Fest destacó porque todo el plató era luz y, en ese instante, se apagó a negro. Aquí esta estampa se disuelve al no existir tal contraste entre luz y oscuridad. Y encima, en la realización del ensayo, este icónico instante se muestra a través de un traveling de cámara de izquierda a derecha que quita fuerza. El efecto se desvanece con tanto movimiento. Este paso demanda mayor protagonismo frontal, con un plano que ralentice su acción a tono con los bailarines y no vaya a otra velocidad que lo opaca.

Pero ahí está Chanel, viviendo su momento con una profesionalidad esforzada que evidencia su perfección coreográfica. No parece imponerle el Festival. Al contrario, lo disfruta. Eso es Eurovisión: disfrutar la música, la televisión y Europa. ¿Quién ganará este año? España sale con el mejor pronóstico de la última década. Aunque es una edición rara en la que aún es difícil de presagiar lo que pasará. Más emoción, pues. Lo que está claro es que en Eurovisión siempre destacarán aquellos países que sepan transmitir las cualidades que les hacen especiales y no los que se quedan en imitar aquello que se supone que triunfa. El éxito de Eurovisión es el éxito de que nadie te diga ni imponga cómo debes ser, es la capacidad de abrirte a la imaginación y celebrar lo que te hace irrepetible. 

Imagen del segundo ensayo de Chanel en 'Eurovisión'
Imagen del segundo ensayo de Chanel en 'Eurovisión'
RTVE
Mostrar comentarios

Códigos Descuento