José María de la Riva  Exconcejal del PSOE en Madrid
OPINIÓN

Las ciudades, "¿causantes" de la despoblación rural?

  • La política está produciendo una gran confusión con el discurso sobre el territorio.
Sierra Segura es el paraje rural imprescindible de Albacete.
Sierra Segura es el paraje rural imprescindible de Albacete.
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¿Es malo que el 53% del territorio esté en proceso de despoblación con solo el 5% de población?

Aproximadamente el 40% de la superficie del territorio español tiene poco más del 3% de la población, lo que significa que 6 de cada 10 municipios no superan los 1000 habitantes, es decir más de 4000 municipios han tenido una pérdida importante de población, que algo más de 1800 poblaciones tienen un diagnóstico de despoblación irresoluble, lo que indica que en un periodo corto de tiempo desaparecerán, pues la edad media de su población está cerca de los 60 años y la densidad no llega a los 5 habitantes por km2.

Los fenómenos demográficos como la baja natalidad, la masculinización, el progresivo envejecimiento, junto con la búsqueda de la gran ciudad para mejorar nuestra expectativa de vida, son elementos evidentes en el proceso de la despoblación.

La última reunión, en La Palma, de presidentes de la Comunidades Autónomas calificó como problema de Estado la situación de despoblación que sufren León, las dos Castillas, Aragón, Asturias, Galicia, Extremadura, La Rioja, junto con el sur de Navarra, el norte de Valencia y grandes extensiones de Andalucía.

Nadie cuestiona que es necesario preservar el conjunto de la Amazonía para proteger el planeta Tierra. ¿Por qué es un mal dato la despoblación del 53% de España? Es evidente que no son parámetros homogéneos, pero parece que se afirman cosas contradictorias, dado que el despoblamiento es una causa de la voluntad de movilidad y mejora de las condiciones de vida que las personas que a lo largo del proceso de industrialización han decidido.

Parece una evidencia aceptada por la mayor parte de los estudios de población, que a medio plazo el 75% de la población del mundo se concentrará en entornos urbanos. Esta realidad cercana empieza a generar incertidumbres en el precio de la vivienda, problemas con el transporte, dificultades energéticas, agravadas por la actual guerra de Ucrania y Rusia, que han hecho emerger el debate sobre el uso de la energía nuclear. Estamos ante el reto de nuevo modelo territorial.

¿Hacia una “nueva” repoblación?

Lo mismo que cada persona tiene un motivo sobre la despoblación, igualmente para resolverlo, todo el mundo tiene “su solución”.

Propuestas que incorporen políticas públicas, involucrando con subvenciones a la iniciativa privada, con lo que rentabilizar el territorio para recuperar población, es seguramente la más usada. El turismo de interior que evite la despoblación es otra de las propuestas comunes. Vivienda gratis para familias que se establezcan en algunos pueblos, terreno industrial gratuito para iniciativas que se fijen en determinadas poblaciones… y un largo etc.

El fenómeno de la globalización, que en sus inicios se aceptó como una gran solución, forma parte de este problema, ¿o no? La pandemia ha puesto en entredicho uno de los fenómenos económicos que parecían materializarse a medio plazo, pero hemos descubierto que la superespecialización tiene más sombras que las luces que aparecían como un gran beneficio.

Veremos si una nueva “ruleta” de la deslocalización de la producción puede recaer en territorio con poca población.

¿Hacia un nuevo modelo territorial?

Un problema que empieza a percibirse es la dificultad para gestionar grandes aglomeraciones de población, con esquemas jurídicos que han visto “rotas sus costuras”.

El territorio densamente poblado, las ciudades, han visto progresivamente, especialmente las macro ciudades, como pequeños núcleos limítrofes dependen de las decisiones de estas y ven cada vez más complejo seguir tomando decisiones con auténtica autonomía. Hay respuestas muy simples a este fenómeno: “… las ciudades un problema para la calidad de vida”, “las ciudades están llenas de parados juveniles”. La realidad es que las ciudades siguen creciendo, siguen siendo un polo de atracción y parece que las personas tenemos más expectativas de vivir mejor en las ciudades que en espacios poco poblados, a pesar del paro, de la contaminación, etc. Es un objetivo con el que tenemos que contar si realmente se busca una nueva realidad en el uso del territorio.

Es por tanto necesario empezar a pensar en nuevos modelos de gestión de las grandes aglomeraciones, que trasciendan a la actual legislación municipal.

Hay propuestas para solucionar el problema desde todos los puntos de vista. Las que plantean “recuperar” la actividad agrícola y ganadera, sin apreciar que uno de los fenómenos del desarrollo industrial, la mecanización del campo incidió, precisamente, en estas actividades reduciendo drásticamente una mano de obra que paso a engrosar las filas de los nuevos empleos, que aparecían en las ciudades como consecuencia de la concentración de las iniciativas industriales y del empleo en las mismas.

Las soluciones al proceso demográfico no es solo de los pequeños municipios poco poblados, las soluciones hay que plantearlas para el conjunto del territorio de España, y posiblemente del sur de Europa.

Cada persona encuentra un motivo, más o menos acertado, de porqué se sigue produciendo la despoblación, falta de transporte público, empezando por el desmantelamiento del ferrocarril a mediados de los años 80 del siglo XX, escasa oferta educativa, sanitaria, cultural, etc. Pero todo son justificaciones estandarizadas que en el fondo buscan responsabilidades de quién ha provocado el proceso, sin entender que los fenómenos económicos, en el modelo capitalista, buscan el beneficio más allá de razonamientos de problemas colaterales.

Seguramente hay más razones difíciles de reconocer, que tienen que ver con elementos que los jóvenes encuentran en las ciudades, donde aparecen espacios colectivos para compartir el ocio que difícilmente localizan en pequeñas poblaciones. Todo ello acompañado de un importante desempleo entre los jóvenes que prefieren el paro o subempleo en las ciudades a poder desarrollar alguna actividad en el medio rural.

El fenómeno es complejo de analizar, sobre todo cuando encontramos expresiones tan contundentes como: “si regreso al pueblo aunque tenga un empleo tan interesante como en la ciudad, es signo de que he fracasado”.

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