El biógrafo de Putin revela que el presidente ruso está cada vez más solo

El presidente ruso, Vladimir Putin, en 2014 momentos antes de ofrecer unas declaraciones asegurando que "Crimea siempre ha sido y seguirá siendo" parte de Rusia.
El presidente ruso, Vladimir Putin.
Sergei Ilnitsky / EFE / Archivo

Mark Galeotti es profesor honorario en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este en la University College de Londres. Autor de varios libros sobre Rusia y una biografía de Vladimir Putin, este experto ha escrito un artículo en el Daily Mail donde revela que el mandatario ruso está cada vez más solo, cuando se cumplen dos meses de la invasión de Ucrania.

"Pocos en el círculo íntimo del Kremlin tienen una audiencia cara a cara con el presidente Vladimir Putin en estos días", dice el eslavista. "El dictador ruso está paranoico por contraer la Covid y realiza la mayoría de las reuniones a través de vídeo. Eso tiene la ventaja añadida de que es más fácil terminar las conversaciones que le desagradan", explica.

"El mes pasado, la gobernadora del banco central del país, Elvira Nabiullina, intentó renunciar por Zoom en protesta por la invasión de Ucrania. No se anduvo con rodeos. La desastrosa invasión militar estaba 'tirando la economía por la alcantarilla', le dijo. Putin se negó a aceptar su renuncia. La necesitaban para estabilizar los mercados, dijo. Luego cortó la llamada", revela Galeotti.

Putin no tolerará la disidencia ni ninguna opinión que contradiga la suya

Según el experto, "Putin no tolerará la disidencia ni ninguna opinión que contradiga la suya. Pero a su alrededor en los pasillos del poder de Moscú, hay una inquietud cada vez mayor".

"Se ha informado que altos funcionarios del Kremlin temen que la invasión de Ucrania por parte de Putin haya sido un error catastrófico que podría condenar a Rusia a años de aislamiento", prosigue.

La amenaza nuclear

Según el autor, estos funcionarios "advierten que (Putin) bien podría recurrir al uso de armas nucleares tácticas. Tales críticas provienen de ambos flancos, de los nacionalistas y de los tecnócratas socialmente más liberales: de los halcones y las palomas, los uniformes y los trajes", dice.

"Los nacionalistas respaldan la creencia de Putin de que se debe obligar a Ucrania a regresar a la esfera de influencia de Rusia, separándola de Occidente. Pero están horrorizados por lo mal que ha ido la guerra", añade Galeotti.

"Los liberales siempre se mostraron escépticos sobre el derrocamiento de un gobierno extranjero y están desesperados por el daño que se le está haciendo a Rusia, tanto a su economía como a su posición internacional", agrega el autor.

Patrushev, más radical que Putin

"Putin ha tapado sus oídos a casi todos ellos. Una de las pocas personas a las que todavía escucha es al secretario del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushev. Patrushev, exjefe del FSB o policía secreta, viste traje en estos días, pero su alma, si es que tiene una, usa uniforme. Hace que Putin parezca un pacifista", dice Galeotti.

"La mayoría de los otros asesores y ministros del presidente no son putinistas. De hecho, no existe tal cosa: para todos ellos, su primera prioridad es su propia piel. Y si suficientes de ellos se alienan y asustan tanto que estén preparados para montar un motín, un golpe en el Kremlin ya no es impensable. Pero se necesitaría una alianza de figuras de alto rango en el ejército, el gobierno y los servicios de seguridad", reflexiona el eslavista.

La experiencia con Kruschev en los 60

"Eso es lo que sucedió hace 60 años cuando el primer ministro Nikita Kruschev fue derrocado tras la crisis de los misiles en Cuba. Sabiendo que no podrían ganar una guerra nuclear contra los EE UU, los ministros y generales se unieron para deponer a su líder", recuerda Galeotti.

"Según la constitución rusa, si un presidente no puede continuar en el cargo, el primer ministro encabezaría un gobierno interino. El primer ministro ruso, Mikhail Mishustin, es un moderado conocido por oponerse a la guerra, sin decirlo nunca directamente. Serían un par de manos seguras", dice el experto.

Putin no puede permitirse el lujo de esperar años para la victoria en Ucrania

"Si Putin recurre a ataques nucleares tácticos en Ucrania, eso bien podría ser el catalizador de un golpe. Hablar de 'armas nucleares tácticas' es un eufemismo. La devastación sería el equivalente a Hiroshima o Nagasaki. Pero eso no parece importarle a Putin, de quien se rumorea que tiene tanto la enfermedad de Parkinson como el cáncer. No puede permitirse el lujo de esperar años para la victoria en Ucrania", dice el autor.

"Está desesperado por algún tipo de triunfo y podría decidir jugarlo todo en una tirada de dados nucleares. Pero no puede simplemente presionar un botón rojo. Las armas se han dado de baja parcialmente y tendrían que retirarse del almacenamiento, transportarse a los lanzadores y activarse. Se requerirían pruebas y controles, y sus funcionarios, junto con la inteligencia occidental, lo sabrían. Los pragmáticos del Kremlin saben que un ataque nuclear táctico sería una catástrofe aún mayor que la invasión inicial", sostiene Galeotti.

"La OTAN se vería obligada a responder, al igual que China, para acabar con el régimen de Putin, cueste lo que cueste. Ese creciente grupo de disidentes en Moscú bien podría estar preparado para actuar primero contra su líder, tanto por su propia supervivencia como quizás por la supervivencia de la propia Rusia", concluye el autor.

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