El 'espíritu de Sevilla' invocado por el PP de Feijóo reconcilia al partido a base de canas y despide a Casado

El presidente saliente, Pablo Casado, con su mujer después de su intervención en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla (FIBES) para participar en el XX Congreso extraordinario del PP, a 1 de abril de 2022, en Sevilla, Andalucía (España). El Partido Popular encumbrará en este congreso a Alberto Núñez Feijóo como nuevo líder del Partido Popular. El congreso abrirá también una "nueva etapa" después de la profunda crisis que ha terminado con el liderazgo del hasta ahora presidente de la formación conservadora, quien tendrá un discurso de despedida en ese cónclave. Fecha: 01/04/2022 Joaquin Corchero / Europa Press 01/4/2022
Feijóo y Casado, este abrazado a su esposa, Isabel Torres Orts. 
Joaquin Corchero | EP

Esteban González Pons, el presidente del comité organizador del congreso que ya había bautizado su cometido como de "reinicio", dijo que Sevilla para el PP era una "ciudad talismán". El adjetivo se repitió una y otra voz por quienes tomaron la palabra. Y es que lo que Sevilla te da, no te lo quita nadie, cantaba Juan Peña 'El Lebrijano'. El PP sabía a lo que iba y Alberto Núñez Feijóo también. Y la primera jornada, sin discursos brillantes, donde quizás la larga y terapéutica ovación para Pablo Casado fuera lo más destacable, cumplió sus expectativas. Mostrar unidad y veteranía a los votantes que están y a los que se han ido. "Solo creo en la política madura", resumió Feijóo en su discurso.

Aquello de que Nuevas Generaciones había tomado el PP que han repetido una y otra vez los marianistas que salieron vencidos en el verano de 2018. Salen fortalecidos los de la 'generación perdida', acotados entre los 45 y 60 años. Porque el PP llegó a Sevilla para volver a coger poso, unidad, arrugar el mensaje en torno a la experiencia de gestión. José Antonio Monago, que sale de la capital andaluza como presidente del Comité de Derechos y Garantías, reinvidicó a través de diversas anécdotas vividas junto a Manuel Fraga el respeto "a los mayores" y a "las canas". En realidad, raro fue el que no recordó a Fraga.

El nombramiento del día fue el de Elías Bendodo, consejero de Presidencia y mano derecha de Juanma Moreno que se compatibilizará sus funciones con el de coordinador general. Bendodo, con alta consideración en el partido, se lo repartirán entre Sevilla y Madrid. Uno de los miembros del equipo del presidente andaluz asegura que se trata de una idea pensada desde hace tiempo. Y que, pese a su perfil gestor, "mete caña". 

Después de la noticia del malagueño, todo se volvió demasiado aburrido. "Allí en la otra columna de Hércules, en una tierra que parece una niña dormida sobre los brazos del mar que tiene por almohada la espuma de las olas. Allí os esperamos", fue el spot lírico que lanzó Juan Jesús Vivas. Quizás, lo más divertido en un par de horas.

Hasta que llegó Isabel Díaz Ayuso, a quien los militantes se le tiran como pirañas para conseguir un selfie. Volvió a sonar el People Have The Power de Patti Smith, de las mejores decisiones del COC de González Pons. Y Ayuso acabó con la modorra que se había hecho con el auditorio. Su primera frase fue algo así como que estaban solucionando una crisis que jamás debió existir. Un chute de cafeína en vena para los compromisarios, que terminaron de desvelarse.

Y empezó el turnos de presidentes, cada uno con su vídeo, con sus pequeños highlights. José María Aznar, por videoconferencia y con la voz quebradiza por su positivo en covid, se pasó el discurso emocionado, al borde del llanto cuando mentó a los compañeros asesinados por ETA. Aznar homenajeó el '90, habló de Sevilla, de Fraga, repasó en lo que creía el partido como en un concilio vaticano. Y rompió "simbólicamente" la carta de dimisión que Feijóo no ha tenido que escribir como Fraga lo hizo con él. Tuvo palabras amables para Casado, a quien agradeció su trabajo allá donde estuviera. 

Mariano Rajoy hizo de Mariano Rajoy y se lo pasó como solo Mariano Rajoy sabe, ligando chistes como Morante de la Puebla verónicas en La Maestranza. Para su paisano pidió la misma unidad que había habido con él. 

Pablo Casado, corbata azul oscuro casi negro, entraba de la mano de Alberto Núñez Feijóo al escenario en que entregar diplomáticamente los trastos con que sacrificarlo. Besos y abrazos por doquier. Y un saludo (al parecer sí se produjo) con Isabel Díaz Ayuso que la realización del PP evitó pinchar. Un vídeo de presentación de Rajoy solapó la escena y las luces se bajaron oportunamente en el auditorio, escribió el compañero Gonzalo Núñez.

Las heridas de Casado ya no supuran. El presidente saliente pasó el trago con entereza y elegancia, sin arrojar dardos, sin estridencias. Una actitud que reconocieron los presentes con una ovación de mayor intensidad de lo esperable. Salió al tercio a recogerla y se quitó la mascarilla para darle un beso a su mujer. 

Alberto Núñez Feijóo subió las escaleras "como consecuencia de 30 años de entrega profesional y de 20 de militancia política". Fue de lo primero que dijo, mucho antes de repetir que no era "ninguna incógnita", que tiene "criterio propio" y que no está por ambición personal. Pero que también acecharon las dudas generadas por las pérdidas de comodidad. "Estoy en el último cuarto de mi carrera política" y la vivirá al frente del Partido Popular. De España, como acota.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento