Un AVE Madrid-Sevilla con dirección "el templo de la política para el PP"

Alberto Núñez Feijóo, entre Cuca Gamarra y Elías Bendodo. 
Eduardo Brines | EP

Eran las 12 de la mañana y la barra habilitada por el PP en el Fibes servía ya más cervezas que cafés. Cañas de Cruzcampo que recordaban que Sevilla entera tiene el encanto naturalísimo de las barrios populares. Pero todavía eran las nueve de la mañana cuando en el vagón restaurante del AVE Madrid-Sevilla alguno se pidió una copa. Para entonces ya se había convertido en una pecera donde convivían periodistas y políticos. Entre toda la popularidad, sentada en su asiento, María Jesús Montero, ministra de Hacienda. 

"Feijóo es nuestra última bala", decía un diputado. Una frase que, soltada atravesando La Mancha, convertía la escena en un wéstern donde Alberto Núñez Feijóo sería Liberty Valance. No es descartable que el gallego, en uno de sus discursos, suelte lo mismo que el personaje de James Stewart: "La educación es la base de la ley y el orden". Tampoco que pase con alguno de los compromisarios lo mismo que decían del policía de Shilbone: "Si no está borracho que venga enseguida".

El PP se desparramó a su llegada a Santa Justa en busca de taxis, que llegaron como un convoy al Palacio de Congresos. El primer saludo de Cuca Gamarra, la que será 'número dos' del PP, se lo llevó de Fátima Báñez al bajarse del coche. Lo cierto es que fue la de Báñez la enhorabuena sincera de quien no tenía muchas ganas del puesto. La riojana se enteró ayer mismo por la mañana, según el equipo de Feijóo, de que sería secretaria general. El coordinador general y encargado de armonizar las vicesecretarías, Elías Bendodo, lo habría hecho entre ayer noche y esta mañana. 

Pocos minutos después de que se anunciaran, entraron los tres en el auditorio como el general Pavía en el Congreso. Arramplando con el discurso de una Margarita Prohens, presidenta del PP balear, que no se explicaba en un primer momento el porqué de los aplausos. Corría entonces el turno de todos los presidentes regionales que no gobiernan. 

José Antonio Monago, cuyo nombre era el siguiente en la lista de Teodoro García Egea, fue el que se mostró más exultante. Tanto que se arrancó por fraguinas, un palo popular que consiste en contar anécdotas vividas a la vera de Don Manuel. Contó el presidente del PP en Extremadura, imitándolo, que una vez le pidió Fraga un albariño y que fue entonces cuando descubrió la talla del hombre. Y también contó que leía y subrayaba todos los periódicos y que recortaba sus artículos favoritos, no como Rajoy que solo leía el Marca.

Cuando Mussolini fue a la Fiat por primera vez desde su ascenso al poder, le preguntó a Agnelli que si allí eran fascistas. "Fascisti siamo tutti, eccellenza", contestó al Duce. La comparación está desprovista de veras de cualquier apego ideológico. La cosa es que en "el templo de la política para el PP" que es el Fibes, según contó Monago, todos son de Feijóo. De toda la vida.

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