Putin y su oposición: una difícil relación marcada por el veneno, los accidentes y muertes bastante sospechosas

El exagente ruso Alexander Litvinenko en noviembre de 2006, ya moribundo, en un hospital de Londres.
El exagente ruso Alexander Litvinenko en noviembre de 2006, ya moribundo, en un hospital de Londres.
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Las historias de espías en la ficción nunca fueron tan parecidas a la realidad como cuando la inteligencia o la política rusa están en medio. En un nuevo movimiento inesperado de Moscú, que parece no agotar las sorpresas en esta guerra iniciada hace ya más de un mes, el Kremlin ha empleado presuntamente estos tóxicos contra miembros del equipo negociador de Zelenski y el magnate Roman Abramovich, que ha intentado ejercer como mediador. Una maniobra que recuerda a viejas historias, y no tan viejas, sobre el negro destino de muchos rivales del presidente ruso.

Inflamación en los ojos, lagrimeo o descamaciones en la piel son algunos de los síntomas que algunos integrantes de la delegación de Kiev y el dueño del Chelsea han mostrado tras verse expuestos a sustancias venenosas, según ha adelantado The Wall Street Journal y Bellingcat. Sus vidas, afirman, no corren peligro y sus condiciones han mejorado paulatinamente. Sin embargo, no tuvieron tanta suerte otros enemigos de Putin que dieron con su cuerpo en las frías cárceles rusas o, directamente, en el cementerio.

El caso más reciente es el del opositor Alexéi Navalni, envenenado en agosto de 2020 con Novichok en su taza de té y tratado en Alemania. Ahora, cumple condena en la cárcel estafa de gran cuantía. Es solo uno más en la larga lista de opositores a Putin que han sufrido un penoso destino. Entre los más 'afortunados' se encuentra el magnate de la petrolera Yukos y uno de los grandes defensores de los derechos humanos, Mijaíl Jodorkovski, que pasó diez años en la cárcel por delitos económicos. Fue precisamente Putin quién firmó su indulto.

Apenas había comenzado el siglo, en 2003, cuando uno de los grandes opositores a Putin, Serguéi Yushenkov, fue asesinado de tres tiros por la espalda en su vivienda moscovita. El asesino dejó la pistola junto al cuerpo de la víctima.

Alexéi Navalni

Por algo se dice que la realidad supera muchas veces la ficción, típico tópico. La noticia del ingreso hospitalario de uno de los principales opositores a Vladímir Putin, Alexéi Navalni, en agosto de 2020 trajo a la mente oscuros momentos del Gobierno del presidente ruso. Cuando, poco más tarde, se supo que se encontraba en coma y que su entorno denunciaba un envenenamiento en una simple taza de té... los recuerdos se hicieron aún más cercanos, como si de una película de espías en blanco y negro se tratase, pero ya a todo color.

Su caso era tremendamente parecido al del exespía ruso Alexander Litvinenko, asesinado en 2006. Tras coger un vuelo desde la ciudad rusa de Tomsk hasta Moscú, el avión se vio obligado a realizar un ataque de emergencia a causa del estado de salud de Navalni. Tras ser ingresado de urgencia en Omsk, fue trasladado a Alemania para su tratamiento. A principios de septiembre de 2020, el Gobierno de ese país confirmó el envenenamiento con el agente nervioso Novichok, un compuesto históricamente elaborado y empleado por el Gobierno ruso y empleado en operaciones similares.

Una vez recuperado, el opositor ruso regresó a su país, donde fue detenido por las autoridades y, desde entonces, permanece encarcelado.

Litvinenko y el polonio

Uno de los casos más sonados fue sin duda el del antiguo espía ruso Alexánder Litvinenko. Tras denunciar al servicio secreto ruso como autor de una ola de atentados en 1999, huyó a Londres en busca de una seguridad que no pudo encontrar: fue asesinado con polonio, una sustancia muy radiactiva, en 2006. Las teorías sobre su muerte dan para una novela y su rostro, postrado en el hospital, es inolvidable.

Precisamente una de las denuncias de Litvinenko relacionaba al Kremlin con la muerte de la periodista Anna Politkóvskaya, azote de Putin en el conflicto checheno y que también halló la muerte en 2006, asesinada a bocajarro por varios pistoleros que la siguieron hasta su domicilio en Moscú. Antes, ya había sido arrestada y sometida a una simulación de ejecución, y también había sido envenenada, pero sobrevivió. Al final, acabó sus días en el ascensor de su apartamento.

Dos disparos paseando al perro

El cambio de bando le costó muy caro al polémico diputado ruso Vladímir Golovliov, que pasó de aliado a fuerte opositor de Putin. Paseaba su perro por un parque de Moscú en 2002 cuando dos disparos terminaron con su vida. ¿Sospechosos? Ninguno.

Natalia Estemírova pasó también a formar parte de la macabra lista en 2009, cuando esta firme defensora de los derechos humanos fue secuestrada en Grozni, capital de Chechenia. Allí había firmado y filmado varios documentales sobre los efectos de la devastación rusa sobre la pequeña república. "Extremadamente sensibles" eran los casos sobre los que trabajaba en 2009 cuando la mañana del 15 de julio fue empujada al interior de un coche, sin que sus gritos y peticiones de ayuda recibieran socorro. Unas horas más tarde, su cadáver fue encontrado en un bosque con varios disparos en cabeza y tórax.

El veneno en el pomo de la puerta

Lo sucedido a Sergei Skripal, exespía ruso, también fue de película. Acusado de doble espionaje en el turbio siglo XX y de delatar a compatriotas suyos al MI6 británico (es realidad, no ficción) fue condenado en 2004 a 13 años de cárcel por alta traición, siendo liberado seis años después en un canje de prisioneros.

Skripal quiso olvidarse de todo refugiándose en Salisbury (Inglaterra), pero alguien todavía la tenía en sus oraciones: el 4 de marzo de 2018 comió son su hija en un restaurante y después fueron a pasear a un centro comercial. En uno de sus bancos los encontró un policía, ambos inconscientes. La hipótesis del envenenamiento fue casi instantánea, tanto como el ingreso hospitalario del policía que los halló. también afectado. ¿El culpable? Una sustancia conocida como 'Novichok' con la que habían rociado el pomo de su puerta. Al menos esta vez, ambos se recuperaron.

No pudo decir lo mismo el último miembro de esta lista, Boris Nemtsov, exviceprimer ministro de la era Yeltsin, opositor abierto a Putin y asesinado por un sicario de un disparo por la espalda en 2015.

La lista continúa con nombres como Andréi Kozlov, Paul Klebnikov y más periodistas, activistas o políticos que decidieron mostrar su oposición a Vladímir Putin y pagaron su decisión con la vida, esa por la que ahora pelea Alexéi Navalni, que se ahoga por culpa de una taza de té. Antecedentes para creer tal versión, haylos.

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