Qué es un ataque de bandera falsa: lo que esconden las acusaciones de uso de armas químicas entre Rusia y EE UU

Guerra en Ucrania.
Guerra en Ucrania.
EP

Las acusaciones cruzadas de ataques biológicos en gestación entre Estados Unidos y Rusia hacen pensar que una “operación de falsa bandera” está por llegar. Rusia lleva meses hablando de la presunta existencia de armas biológicas estadounidenses en suelo ucraniano.

La alerta llega después de unas polémicas declaraciones de la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, el pasado nueve de marzo, en un comunicado a través de Twitter.

"Ahora que Rusia ha hecho estas acusaciones falsas, y que China parece haber respaldado esa propaganda, todos deberíamos estar atentos a la posibilidad de que Rusia use armas químicas o biológicas en Ucrania", escribió Psaki en su cuenta oficial de Twitter. La portavoz afirmó que Moscú podría usar esas armas como parte de "una operación de bandera falsa".

¿Qué es una operación de bandera falsa?

El concepto de la operación de bandera falsa aúna el combate físico y el de la comunicación y la propaganda. La técnica consiste en establecer un relato comunicativo que habilite a acusar al enemigo de un ataque sucio que se tiene planeado lanzar para justificar acciones de guerra.

La tesis de los Estados Unidos es la siguiente: el Gobierno de Vladimir Putin, con el respaldo propagandístico de China, lleva desde el pasado diciembre acusando a Ucrania de grandes avances en su obtención de armamento nuclear y químico, debidos al apoyo de los Estados Unidos. El objetivo de estas acusaciones continuadas es que cuando el ataque tenga lugar (provocado por Rusia) el Kremlin pueda acusar al enemigo y la opinión pública compre el relato. Una vez el pueblo ruso esté convencido de que Ucrania y Estados Unidos han lanzado un ataque químico a Rusia, podrán justificar cualquier acción de guerra.

La teoría es respaldada en Washington por el Think Tank estadounidense ISW (Instituto para el Estudio de la Guerra), que lleva a cabo un análisis diario del frente en Ucrania y ha publicado un informe al respecto de la “operación de bandera falsa”.

¿Qué indicios tienen los estadounidenses?

El ISW presenta en su informe una serie de declaraciones hechas por mandatarios rusos o chinos desde el pasado 21 de diciembre en las que se acusa a Ucrania de colaborar con Estados Unidos para atacar a Rusia con armas nucleares o biológicas. Esta serie de declaraciones (algunas de las cuales se pueden leer a continuación) son, a ojos del Think Tank estadounidense, indicios de la preparación de un montaje.

La primera acusación vino de parte del ministro de defensa ruso, Sergey Shoigu, que acusó a Estados Unidos de planear un ataque químico en el Donbas. Al día siguiente, las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk acusaron a los norteamericanos de enviar toxina botulínica (un agente bioquímico no contagioso) a Mariupol y Jarkov y proporcionar el antídoto a las fuerzas ucranianas. A estas dos les siguen otras muchas, a cada cual mas grave.

El pasado 10 de febrero, de hecho, el director del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, Sergey Naryshkin lanzó una acusación idéntica a la que ha publicado la portavoz de la Casa Blanca, insinuando un ataque de bandera falsa por parte de EE UU.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, afirmó el ocho de marzo a los medios chinos que Rusia había encontrado laboratorios que Estados Unidos usa para llevar a cabo planes biomilitares en Ucrania.

Todas estas acusaciones son interpretadas en EE UU como la antesala de un ataque con bombas sucias radiológicas. Con todo, el ISW admite que “no tiene motivos para evaluar que el Kremlin tiene la intención de realizar un ataque biológico”.

“Es extremadamente improbable que Rusia use un arma biológica contagiosa debido a los riesgos inherentes para sus propias fuerzas y población. Rusia podría aprovechar para planificar una fuga causada por Rusia de un agente bioquímico no contagioso y culpar a Estados Unidos”, declara el Think Tank, aunque tampoco tienen “indicadores” de que estos preparativos se estén dando.

Cualquier información sobre un asunto como este es delicada, porque una de las potencias miente o está equivocada. Insinuar que un Estado está dispuesto a atacarse a sí mismo (con armas químicas) para luego mentir y responsabilizar al enemigo es, a todas luces, una acusación gravísima. El hecho es, sin embargo, que hay precedentes tanto en Rusia como en Estados Unidos, que ha aprovechado este tipo de táctica desde el famoso incidente con el acorazado Maine durante la guerra en Cuba en 1898.

En cuanto al Kremlin, “llevar a cabo ataques químicos ilegales contra civiles y luego culpar de esos ataques a los combatientes de la oposición se ha convertido en una parte estándar del libro de jugadas del régimen sirio respaldado por Rusia”, indica el ISW en su informe. 

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