¿Cuánto nos queda por vivir en esta pandemia? "Lo de los dos-tres años es un mito, el coronavirus no es estacional"

Gente pasea por la calle con mascarillas en Madrid.
Gente pasea por la calle con mascarillas en Madrid.
Jorge París

¿Se nos caducarán los test de antígenos? ¿Se nos quedarán las mascarillas olvidadas en un cajón? Tras dos años de pandemia de covid -declarada por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020-, la comunidad científica encara un tercer año con optimismo pero cautela, y exigiendo un refuerzo en la vigilancia epidemiológica y en la regulación de la calidad del aire que respiramos en espacios interiores.

Todo ello encaminado a los dos próximos pasos que la ciudadanía espera: el levantamiento de la obligación de llevar mascarillas en espacios interiores y de aislarse en casa cuando uno se contagia de covid, como Reino Unido anunció a finales de febrero. La 'nueva normalidad' post pandemia incluye también el debate de gripalizar la covid y se ha olvidado ya de las cuarentenas por contacto estrecho con un positivo en covid, independientemente de su estado vacunal. 

La inmunóloga del CSIC Matilde Cañelles se reconoce "optimista" porque no estamos como a principios de 2020, pero al mismo tiempo recuerda que la pandemia aún no se puede dar por superada. "Estamos en un momento completamente distinto", ómicron ha supuesto un "cambio de etapa" porque "estamos aumentando la inmunidad colectiva entre infecciones y terceras dosis".

Pero frena los cohetes. En su opinión, "queda más de un año porque este virus no es una gripe, aunque va a ser completamente distinto". Advierte de que, al igual que en pandemias anteriores, el virus "desapareció dos o tres años y luego volvió a aparecer, se piensa que se camufló en animales. Me da miedo que haya una vuelta, por eso es importante que los niños se vacunen por si hubiera un nuevo resurgir del virus".

En la misma línea se pronuncia el doctor en Medicina de la Fundación de Investigación Sanitaria Biomédica (Fisabio) de la Comunidad Valenciana Salvador Peiró: "Lo de los dos-tres años es un mito, la [pandemia de] gripe de 1918 siguió dando un exceso mortalidad durante muchos años, aunque no tan altos. El coronavirus no tiene comportamientos estacionales, las olas no son invernales sino derivadas de nuestros comportamientos y las medidas que ponemos o quitamos, o del agotamiento de personas susceptibles de contagiarse".

El especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública cree que "el escenario más probable" es que los próximos cinco-seis meses sean tranquilos y después cabe esperar que vuelvan a aumentar los contagios, pero que estos no se traduzcan en un aumento de la gravedad gracias a la inmunidad adquirida por las vacunas y las infecciones y gracias también a la inmunidad celular, que con ómicron ha aguantado "incluso con dos dosis".

Dosis de refuerzo

Sobre la posibilidad de necesitar futuras dosis de refuerzo, Cañelles señala que dependerá "de cuánto descienda con el tiempo la inmunidad", lo cual sigue siendo la gran incógnita. Por su parte, Peiró apunta que lo determinará si surgen o no nuevas variantes con escape vacunal. Algo que ninguno de los dos descartan y que, de hecho, la inmunóloga cree que "seguro que vendrá y que ya está creciendo en algún sitio". 

Peiró subraya la importancia de adaptar las vacunas y desarrollar nuevas fórmulas 'pancoronavirus', que servirían para cualquier variante e incluso otros coronavirus. "Necesitaríamos dosis de refuerzo diferentes, adaptadas, pero en algunos grupos concretos vulnerables sí se podría necesitar una cuarta dosis, no como refuerzo sino como forma de completar la vacunación en personas a quienes les cuesta mucho desarrollar una respuesta inmunitaria fuerte", agrega.

Por su parte, Cañelles expone que "una opción podría ser que la vacuna sea una vacuna de tres dosis si la inmunidad perdura en el tiempo tras la tercera dosis. Ahora se está viendo que el efecto de la tercera dosis es muy importante". En este sentido, un reciente estudio ha encontrado que tres dosis de la vacuna de Moderna ofrece una alta protección frente hospitalización por las variantes delta y ómicron, por lo que creen los expertos que los vacunados con tres dosis podrían no necesitar un nuevo refuerzo en un largo periodo de tiempo.

"No hay evidencia ni de que el virus vaya a deja de mutar ni de que cada variante vaya a ser más leve que la anterior", abunda Cañelles. Cabe recordar, por ejemplo, que la variante delta fue más letal que las anteriores. "Lo que sí puede pasar es que el nivel de inmunidad alcanzado con esta ola de ómicron ya sea suficiente como para que el nivel de hospitalizaciones y muertes se acerque a los de una gripe. En el momento en el que [el número de hospitalizaciones y muertes] se acerque a los que causa la gripe, entonces ya tendríamos la enfermedad controlada", considera.

Cuarentenas de positivos

Respecto al levantamiento total de las cuarentenas en las personas que den positivo en covid, como ya ha hecho Reino Unido, los dos especialistas coinciden en su respuesta: este paso podrá darse cuando se reduzca la transmisión y la gravedad de los casos. Los dos hacen referencia a la gripe, enfermedad que no es de aislamiento obligatorio, si bien muchas veces sí fuerza al paciente a quedarse en casa. "En la gripe no lo hacemos, pero sí se recomienda", recuerda Peiró.

"Cuando el nivel de hospitalizaciones y muertes sea como la gripe se podrá tratar como la gripe: se realizará seguimiento de los casos sobre todo al principio para generar la vacuna de cada temporada y se realizará mayor seguimiento e instará a la vacunación a los más vulnerables", añade Cañelles. 

La semana pasada, la Comisión de Salud Pública aprobó el fin de los aislamientos para las personas no vacunadas que hubieran estado en contacto estrecho con un positivo en covid-19.

Este debate hila directamente con el de la 'gripalización' de la covid que está preparando el Ministerio de Sanidad, que en un pequeño paso más hacia ese cambio en la estrategia de vigilancia de la covid anunció también la semana pasada que los datos de contagios pasarán de publicarse a diario de lunes a viernes a hacerlo dos veces por semana.

Sistema centinela

Peiró asegura que "un sistema muestral bien hecho recoge información más exacta que intentar contar mal a todos los casos", por lo que afirma que un sistema centinela para vigilar la covid desde el principio habría resultado en datos más precisos. Este sistema, no obstante, tiene que encajar con el resto de medidas europeas e "implica tener sistema que combine los datos de los sistemas informáticos de los médicos centinela con los de los laboratorios de microbiología". 

"Un sistema muestral bien hecho recoge información más exacta que intentar contar mal a todos los casos"

Mientras se trabaja en ello, el investigador de Fisabio incide en que para 'gripalizar' el manejo de la covid hay que llegar a los datos que deja la gripe en un año normal, cuando causa entre cuatro y cinco mil muertes "de personas que en general hubieran fallecido en los siguientes meses, es decir, no son muertes tan inesperadas".

"Con ómicron, gestionar las bajas y el rastreo nos daba más trabajo que la propia enfermedad. El Ministerio confunde cuando habla de esto. 'Gripalizar' la vigilancia epidemiológica es una cosa, y cuando antes lo hagamos mejor; y 'gripalizar' el abordaje de la covid, como 'gripalizar' o 'covidizar' la gripe, dependerá del número de casos y la gravedad de estos", explica Peiró.

Mascarillas y ventilación de interiores

Respecto a la retirada de las mascarillas en interiores, una medida que Francia aplicará desde el 14 de marzo y que ya está sobre la mesa del Consejo Interterritorial en España, y que los pediatras proponen empezar a aplicar en las aulas con los grupos de menor edad y, por tanto, menor riesgo basal por covid, la investigadora del CSIC Matilde Cañelles cree que, igual que se observa ya por la calle, cuando mucha gente continúa llevándola en congregaciones de gente, en interiores la población se guiará "más por el sentido común que por lo que digan las autoridades".

Así, explica que no es lo mismo una oficina en la que trabajan cuatro personas que una gran sede o planta empresarial, donde "en épocas de alta incidencia la gente se las pondrá", augura. En cualquier caso, cree que la barrera cultural a ponerse una mascarilla cuando tengamos síntomas de enfermedad respiratoria ya "la hemos derribado". 

Peiró comparte que hay que retirarlas de los espacios interiores con "prudencia y sentido común porque la covid se ceba con algunos grupos de población y no tenemos por qué quitarles la protección al mismo ritmo a todos". Igual que su colega, opina que llevar una mascarilla con síntomas respiratorios "debería mantenerse toda la vida", pues reduciría mucho la diseminación de la gripe, el virus sincitial o los betacoronavirus.

El médico menciona asimismo que esta pandemia ha evidenciado la necesidad de mejorar la regulación de la calidad del aire que compartimos con otras personas en espacios interiores. "Cuando hemos visto las mediciones de CO2 en las aulas, la pregunta no es el coronavirus sino cómo no están todos los niños dormidos", dice, al tiempo propone por ejemplo crear subvenciones para la renovación del aire.

Por otra parte, los test de antígenos que en muchas casas han sobrado tras la ola ómicron cree Cañelles que habrá que "tenerlos a mano un año más" por si dentro de unos meses vuelven a subir los casos.

Mientras tanto, ambos especialistas se muestran tranquilos en su convivencia con el SARS-CoV-2 y disfrutando con sentido común de este 'respiro' que está dando la transmisión y que espera que dura al menos cinco o seis meses, si bien dependerá de lo que dura la inmunidad, que sigue siendo una incógnita que precisa tiempo para resolverse. Ambos subrayan que no hay que relajarse en la vigilancia y secuenciación. "Decir que la epidemia ha pasado no es correcto pero mientras estemos bien, vivamos con normalidad, vigilemos y estemos siempre dispuestos a dar marcha atrás si llega a hacer falta", concluye Peiró.

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